Review ‘El poder del perro (The power of the dog)’, de Jane Campion

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

Western atípico sobre el amor, la sexualidad reprimida y la venganza

Jane Campion regresa con El poder del perro, una adaptación de un libro de Thomas Savage, que desmonta los estereotipos del western reinventando el género con siniestra ambigüedad.

Un género como el western, territorio sujeto a una visión masculina, en El poder del perro invierte sus códigos con una revisión fílmica por parte de una audaz y sorprendente Jane Campion. Su mirada, su modus operandi a la hora de abordar la ambigüedad y el virtuosismo de la adaptación de Thomas Savage publicada en 1967, nos traslada a 1925, al corazón de las montañas de Montana, cerca de las Montañas Rocosas.

Una América forjada en polvo y sangre, donde dos hermanos de naturaleza opuesta regentan un rancho, concebido como una mansión gótica situada en medio de la nada. Uno, Phil (Cumberbatch), es un tipo rudo y astuto, de mirada gélida y desagradable en el trato, que oculta varios secretos sobre su personalidad. El otro, George (Plemmons), es un hombre bondadoso y sencillo, que palía su soledad contrayendo matrimonio con Rose (Dunst), una viuda doliente que vive con Peter (Smit-McPhee), un hijo de carácter sensible y especial.

El poder del perro

La historia se desarrolla al pie de unas colinas, muy presentes a lo largo de la película, que metaforizan las personalidades y destino de ambos hermanos. Los aires de superioridad de Phil, dominador, un vaquero a la vieja usanza, sobre el carácter amable de George, que ha sucumbido a la modernidad. Mientras uno reivindica su condición seminal de cowboy terrateniente, el otro se ha comprado un comprado un coche, lleva abrigos de lana fina y le gusta tomar baños de sales. Sin embargo, Phil alude a la figura de Bronco Henry, un legendario vaquero que fue su mentor y que cuando miraba aquella colina veía un perro ladrando.

Mediante un tono pausado, hipnótico, El poder del perro prescinde de espectaculares escenas crepusculares, sin duelos, creando un universo visual y emocional propio, donde los paisajes y los objetos tienen tanto peso como los personajes. Y los silencios y las miradas se superponen a la importancia de los diálogos. Campion se inspira en el western clásico, pero lo subvierte y lo reinventa, bajo un manto de psicología y drama más allá de lo épico y prescindiendo de la vena aventurera.

El poder del perro

En ese contexto donde la majestuosidad y belleza del árido Oeste, en continúo contraste con la fealdad y la miseria de los seres humanos que lo componen, Campion va tensando poco a poco los hilos narrativos con los que Phil, detestable y heroico al mismo tiempo, humilla a Peter, un chaval sensible con el que empieza una extraña relación paternofilial. Se enfoca así el antagonismo de una relación que no se limita a una siempre cuestión dominación y admiración. Mientras que, el personaje de George se va diluyendo en la trama por sus continuos viajes y negocios, Rose, se transforma en involuntario vértice de una pugna silenciosa, casi primaria, donde los instintos y filias se mueven en terrenos tan ambiguos como movedizos. Phil no soporta la idea de ese nuevo matrimonio y menos de que un enclenque chaval afeminado pulule por su rancho.

En esa meditabunda progresión hacia el odio, la violencia late en todo momento, ofreciendo una reflexión singular pero potente sobre la masculinidad y la herencia. La debilidad es algo que el latifundista desprecia, pero a su vez, con un oscuro secreto que le hace congeniar con este callado chaval. Este líder carismático para sus prosélitos, que le respetan y admiran, es un intransigente que no tolera la diferencia de Peter. La sensibilidad y los modales afeminados de este último despiertan el sarcasmo de Phil que, en medio de la película, se compromete a «hacer un hombre». Algo muy de machotes trasnochados. Un terreno que acentúa el yugo de un machismo que oprime tanto a los que lo ejercen con soberbia (y culpa oculta) como a los que lo padecen.

El poder del perro

El poder del perro supone un fascinante estudio de la masculinidad y el tormento interno en un universo que siempre está cambiando de tono y cuyo giro interno se va fraguando de un modo invisible, pero a la vista del espectador. Su narrativa, fragmentada en capítulos como inestables estaciones, van dando la pauta de la evolución del entorno, del nacimiento de la naturaleza, su mutación y su crepúsculo, al compás de las relaciones humanas. Este hálito literario acompaña con cierta aridez emocional el desarrollo de una trama en la que la cineasta neozelandesa no excluye el lirismo, y que, lejos de mantener al espectador en la distancia, lo involucra en la sutil espiral de maquiavélica y venenoso mecanismo interno. Una cinta impregnada de sombras y matices, donde la fragilidad anida en un mundo oscuro y fascinante, lleno de secretos profundos y perturbadores.

El poder del perro

Homosexualidad, soledad y venganza

George, con lágrimas en los ojos, le confiesa a Rose lo que siente y lo reconfortante que es no estar solo. Phil, por su parte, bajo su seca actitud, busca el placer en la caricia del cuero y en pieles de animales como sustitutos de la del fallecido «Bronco» Henry. Puesto que, en el fondo, también es la tragedia de un hombre consumido por la intolerancia y obsesionado por la necesidad, constantemente contradicha por sus acciones, de integrarse en la sociedad. Esa pasión singular e inefable devora a un hombre que, sin quererlo, encuentra la comprensión en Peter, un chico superdotado que quiere ser cirujano. Y actúa como tal, diseccionando los animales para conocer y describir qué se esconde bajo su piel.

Esa masculinidad tóxica y homosexualidad reprimida es, al mismo tiempo, una poderosa historia sobre la soledad. Aquí, todos los personajes se encuentran solos, enfrentándose a sus demonios y defectos, sumidos en sus propios recuerdos: la de un esposo, la de un padre, la de un amante quizás. En esa descomposición existencial radica el tono macabro de la película, donde todo parece corromperse, al igual que esas reses infectadas con ántrax. Lo que Peter descubre para llevar a cabo una de las venganzas más siniestras que se recuerden en los últimos años cinematográficos.

El poder del perro

Cuando Phil quema las rosas que ha confeccionado el chico, el asombroso cara a cara donde el cowboy humilla con un banjo a Rose, sentada al piano, en un duelo musical o el alcoholismo que le provoca el constante escarnio. Eventos que representan parte de ese laberinto de temores, orgullos o heridas que contrasta el diferente equilibrio de poder (y deseo) que aísla a cada uno de los personajes en sus errores y secretos. En este relato, trufada de secuencias prodigiosas, cruentas y sensuales, Campion cuenta con dos aliados muy destacados; un inspirado Jonny Greenwood, con su disonante y armoniosa partitura (que recuerda a algunos de los últimos trabajos para Paul Thomas Anderson) inquietante y envolvente. Y el trabajo lumínico de Ari Wegner, que capta la belleza salvaje y desolada de las montañas de Montana, con sus cielos abiertos y sus paisajes áridos.

Campion siempre se ha destacado por esa delineación metódica de una planificación que sugieren la distancia o la intimidad entre los personajes, o que revelan detalles significativos de su personalidad o su entorno. Y aquí, ese apogeo creativo se revela como uno de sus mejores trabajos como cineasta. Benedict Cumberbatch acapara gran parte del filme con su innegable magnetismo y una voz imponente. Kirsten Dunst, conmovedora como una viuda indecisa y deprimida, que ahoga su dolor en alcohol se sostiene en la delicadeza de Jesse Plemons. Sin embargo, la creciente importancia de Kodi Smit-McPhee se va apoderando de cada instante, con una transformación desde el mutismo hasta la revelación de su trascendente importancia en la historia.

El poder del perro

El poder del perro reflexiona sobre cómo el pasado influye en el presente, cómo las heridas no cicatrizan y el amor puede terminar por convertirse en odio. Más allá del deseo y los límites de la obsesión humana, en esta incierta búsqueda de la identidad, aflora un subtexto cargado de sexualidad y lobreguez donde los demonios internos y los conflictos familiares se entrelazan, dejando al espectador con una sensación de desasosiego.

«Cuando murió mi padre, yo solo quería que mi madre fuera feliz ¿Qué tipo de hombre iba a ser si no ayudaba a mi madre? ¿Si no la salvaba?», dice la voz en off de Peter. Es a través de esa máxima, de esa atmósfera inquietante, donde la víctima se erige en verdugo, donde la capacidad compartida de ver lo que otros no pueden, crean un monstruo protegido por unos guantes que sostienen el arma homicida de piel envenenada. Y sabemos que no ha sido la primera vez. Ahora, Rose florece para poder ser feliz al lado de George y de su protector vástago.


FICHA: Estados Unidos / Nueva Zelanda / Australia. 2021. Color. Duración: 126 minutos. Formato: 2.39:1. Cámaras: ARRI Alexa LF. Lentes Panavision Ultra Vista (Anamórficas). Director: Jane Campion. Guion: Jane Campion (basada en la novela de Thomas Savage). Productores: Jane Campion, Tanya Seghatchian, Roger Frappier, Iain Canning y Emile Sherman. Productoras: BBC Film; Max Films; BRON Studios; See-Saw Films; Big Shell Films. Distribuidora: Netflix. Fotografía: Ari Wegner. Montaje: Peter Sciberras. Música: Jonny Greenwood. Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Plemons, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie y Frances Conroy.

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