(1929-2020)
El gran Lennie Niehaus fue uno de los grandes saxofonistas del jazz, un compositor de partituras excepcional y una figura musical imprescindibles. Uno de los grandes. Su gran influencia fue Charlie Parker, al que conoció en la casa de Billy Berg en 1945 y se prendó del talento superlativo del legendario ‘Yardbird’. Aunque Lee Konitz también supuso un referente cardinal en su obra.
Cuando a Niehaus le preguntaban sobre inspiraciones y autores predilectos solía mencionar a Cannonball Adderley, Phil Woods, Joe Maini, Sonny Criss y Benny Carter. Muchas son las correlaciones, pero lo que es indudable es que el músico tenía un sello propio caracterizado por la complejidad de la escritura sonora en unas partituras llenas de requiebros de gran interés armónico y contrapuntístico. Su vitalidad y sutileza sonaban entre la frescura y la provocación. Dentro del jazz ha sido una figura incomparable. Su carrera como compositor de Hollywood deslumbradora.
De familia melómana en lo personal y en lo profesional; su padre, inmigrante ruso, era violinista y tocaba en una orquesta de acompañamiento en películas mudas y su hermana se dedicó profesionalmente a tocar el piano. A mediados de los años 30, después de que el cine sonoro se instituyera para siempre, los Niehaus se mudaron a Los Ángeles. El pequeño Lennie tocaba el violín, el oboe y el fagot antes de especializarse de lleno en el saxofón alto. Compró su primer saxofón porque era más barato que el tenor que quería.
Tocó en la banda de Phil Carreon y se graduó en el City College de Los Ángeles, donde compartió clases con Jack Sheldon y Jack Montrose. Ávido de aprendizaje también estudió tres años en la Escuela de Música de Cal State, donde se graduó Cum Laude en composición. Su carrera comenzó a principios de los 50, cuando Dick Meldonian le recomendó al mítico Stan Kenton. Sustituyó a Art Pepper tocando en el Blue Note de Chicago o el Rustic Cabin de Nueva Jersey. Y Kenton le contrató. Desde entonces, se convirtió en una contribución importante en la boyante escena de jazz de la Costa Oeste ejerciendo como arreglista y compositor para pequeños y grandes grupos del momento.
La épica cuenta que Niehaus fue reclutado en el ejército, donde sirvió dos años en Fort Ord (Monterey). Allí conoció a Clint Eastwood, con el compartiría instrucción. También se cuenta que tocaba con un cuarteto en un club de suboficiales donde el futuro protagonista de ‘Harry, el sucio’ ejercía como barman. Fue el inicio de una gran amistad que tendría sus frutos con una de las carreras más admirables en la composición de partituras cinematográficas. Se reincorporó a la banda de Kenton para firmar con Les Koenig, de Contemporary Records, curtiéndose como compositor y grabando álbumes junto a Bob Gordon, Jack Montrose, Monty Budwig y Shelly Manne. Su prodigiosa técnica le encumbró como uno de los grandes nombres del alto, considerado por la revista Downbeat como uno de los destacados junto a Bill Perkins del jazz en 1955. Los quintetos, sextetos y octetos eran conocidos por el cosmos musical estadounidense al servicio de nombres como Pepper Adams, Stu Williamson, Frank Rosolino o Jimmy Giuffre.
Después de trabajar en el mundo televisivo componiendo para grandes estrellas de la talla de Mel Tormé, Dean Martin, Carol Burnett o las King Sisters llegó su momento en Hollywood. También publicó ‘Jazz Conception For Saxophone’, que hoy en día continúa siendo una Biblia para aprendices y profesionales del jazz y de los músicos en general. Cuando Fielding muere, su carrera se orienta casi de forma exclusiva en el cine. Eastwood consigue que Richard Tagle le llame para que componga la banda sonora de ‘En la cuerda floja’. En el film, Niehaus consigue grabar ocho melodías diferentes en diversos diferentes estilos tocados por varios músicos para desvanecer las pistas en estudio en las escenas en las que Wes Block, el personaje de Eastwood deambulaba por la calle Bourbon.
Desde entonces, los vínculos de amistad se profesionalizan y su idilio musical se prolonga hasta la muerte de Niehaus. En el camino, musicalizó casi todos los films de Eastwood; desde ‘El jinete pálido’ hasta ‘Deuda de sangre’, pero siempre apegado al cineasta como consultor musical. En medio, ‘El sargento de hierro’, ‘Cazador blanco, corazón negro’, ‘El principiante’, ‘Sin perdón’, ‘Un mundo perfecto’, ‘Los puentes de Madison’, ‘Poder absoluto’, ‘Medianoche en el jardín del Bien y del Mal’, ‘Ejecución inminente’, ‘Space Cowboys’ y ‘Deuda de sangre’ son su legado junto al mito de Malpaso. Obviamente, en esta lista falta ‘Bird’, ‘score’ que Niehaus consideró siempre su gran obra fílmica al tratarse del ‘biopic’ de su admirado Charlie Parker. Niehaus no sólo compuso y supervisó la música, sino que también aleccionó al actor Forest Whitaker a mimetizarse con el legendario saxofonista.
Ganó un Emmy por la película ‘Locos por el jazz’ en 1993. Fue el año en que regresó a actuar. Lanzó ‘Seems Like Old Time’, con un reencuentro con Bill Perkins y Jack Nimitz en homenaje a sus giras junto a Stan Kenton durante los años 50. En estos últimos años se han publicado varios discos que recogen lo mejor de una obra inmensa. Niehaus ha fallecido en la casa de su hija en Redlands, en el sur de California. Tenía 90 años. Al conocer la noticia de su muerte, Eastwood ha descrito a Niehaus como “uno de los mejores músicos de la historia, pero sobre todo… uno de los mejores amigos que he tenido nunca”.
Descansa en paz, maestro.