Review ‘Poquita Fe’, de Pepón Montero y Juan Maidagán

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

Anatomía de la mediocridad

Pepón Montero y Juan Maidagán se consagran con una obra de riesgo en una sitcom con formato de falso documental de corta duración, reivindicando el fracaso cotidiano para hacer comedia del costumbrismo del desastre con tradición de sainete.

La mediocridad no es la derrota; en el cine español es, poco menos, que un subgénero. Un ecosistema de supervivencia donde la comedia se desdibuja en un oscuro intersticio de nuestra raigambre cultural, en la que la carcajada no es más que una promesa de evasión y el sainete social se transforma, de un modo natural, en miseria colectiva. De Arniches a Mihura, de Berlanga a los Ozores en su mejor impulso. Todos entendieron antes que nadie que la tragedia doméstica y el humor de trazo grueso son más sinónimos de lo que aparentan, cómplices naturales de la propia vida.

Movistar Plus+ sigue arriesgando en su empeño de escapar al ecosistema algorítmico contemporáneo. Poquitª Fe, la serie creada por Pepón Montero y Juan Maidagán (creadores de Camera Café o Justo antes de Cristo), articulan un formato contracorriente para la era del prestigio estandarizado: una serie de doce episodios que no llega a quince minutos, uno por cada mes del año. Con estructura de mockumentary y personajes que asumen el fracaso y no se saben protagonistas de nada, esta limitación cronométrica impuesta desde el guion fulmina toda dispersión rítmica y obliga a un montaje sincopado y de constantes rupturas con la cuarta pared. Con ello, se confirmó de forma implacable, que la tragedia de una vida anodina sólo resulta cómicamente soportable si transcurre a una velocidad de vértigo, con la dosis de cinismo adecuada. Y vaya si lo logran.

Poquitª Fe

El punto de partida es de una austeridad narrativa clásica; una familia de perdedores estoicos que sobrevive a su propia existencia en un Madrid despojado de encanto, el de Isabel Díaz-Ayuso y su podredumbre intelectual y social. Poquitª Fe se embarca en la vida de Berta (Esperanza Pedreño) y José Ramón (Raúl Cimas), una pareja inmersa en una cotidianidad de mala suerte, aburrimiento y costumbrismo, desde la apatía y la sensación de que poco pueden cambiar su día a día. Un guion deslumbrante, trufado de gags tangibles que extirpan cualquier romanticismo sobre el dolor emocional, hacen que la serie avance con humor negro como eje. La tristeza aquí no se llora, especula desde la incomodidad física de no ser feliz.

Sin embargo, el espectador no puede evitar descojonarse. Y la grandeza de esta obra de cámara, es que la complicidad empática del formato no es condescendiente, sino que retrocede a la mala hostia fundacional de los mejores artefactos del género, como si fuera una proyección del mejor Woody Allen en Toma el dinero y corre o Maridos y mujeres, películas en las que las entrevistas directas a cámara funcionaban mediante testimonios que jamás buscan justificar la acción de los personajes, sino humillarlos de forma retrospectiva. El choque entre lo que cuentan Berta y José Ramón a cámara y la patética realidad del montaje genera una onda expansiva de cinismo que dinamita cualquier atisbo de dignidad.

Poquitª Fe

Herederos de la tragedia grotesca

Lo irónico, y el punto de partida de cualquier golpe de humor, es que a este matrimonio mal avenido (y que, sin embargo, se quieren), nada les sale bien. No de forma catastrófica, que eso sería casi reconfortante. Todo se desarrolla con esa languidez de las cosas que se tuercen sin estridencia, con la resignación de normalizar el desastre. Y ahí, en ese espacio entre la queja y la rendición, Montero y Maidagán construyen un territorio cómico que pertenece a una tradición más precisa que el vodevil o la comedia de situación al uso: algo reconocible, castizo, la tradición tan nacional de la tragedia grotesca, aquélla que Azcona y Berlanga destriparon con bisturí y sin anestesia.

Poquitª Fe encuentra en su casting un prodigio mecánico del humor, de naturalidad que hace que la serie alcance cotas de maestría. Los personajes que desfilan no actúan como perdedores: «son» perdedores, con esa distinción que señala la diferencia entre la interpretación diseñada y la que emerge de una comprensión del registro y su situación. Pedreño y Cimas elevan el tedio a un estrato de comedia donde los intersticios del silencio conyugal, esa supuesta apatía que no ha sido más que una luminosa promesa de humor costumbrista, se transmuta en un gélido letargo gestual que termina erigiéndose en silencios de una rendición frente al fracaso. Sin embargo, el peso cómico, recae sobre los secundarios; Chani Martín, Julia de Castro, María Jesús Hoyos, Pilar Gómez, Enrique Martínez y la gran Marta Fernández Muro construyen su propio universo con la eficacia de una ilustración de Mingote: lo justo para reconocer la silueta, lo suficiente para que duela y te rías de esa derrota que termina generando empatía absoluta.

Poquitª Fe

Lejos de compadecerse de sus criaturas o de buscarles una salida redentora, Poquitª Fe celebra la futilidad del esfuerzo. En una sociedad obsesionada con el éxito, la autoayuda corporativa y la tiranía moderna que exige la consecución de los sueños, la serie deja a un lado el mandato de la excelencia para reivindicar el conformismo como una trinchera existencial plenamente válida. Montero y Maidagán se escudan en la catástrofe doméstica, el silencio y la hostilidad de lo rutinario para revelar una verdad profundamente subversiva: la de reírse del infortunio y de lo profundamente incómodo que resulta no ser feliz. Elemento narrativo que encierra una incómoda forma de felicidad. Ser un perdedor jamás fue reconfortante y divertido.

El gag en que el personaje de Cimas se obsesiona con una mancha de humedad en la pared de la terraza de su madre, abrazado a la marihuana, descubriendo pareidolias absurdas que fagocitan la atención familiar —o esa herencia envenenada de un cuadro del dictador Francisco Franco que nadie quiere destruir pero que acaba condicionando la decoración— hace que el absurdo colonice la realidad de los infelices. Las situaciones escalan hacia el delirio material que no acumula chistes o referencias, sino que el malentendido despliega que su fauna no está completamente equivocada y que nadie tenga razón, para que la catástrofe eclosione en un espacio intermedio y en el día a día.

Poquitª Fe

Poquitª Fe no resuelve el problema de la sitcom española, que lleva décadas sin saber si quiere reírse con los personajes o de ellos, porque Montero y Maidagán esquivan cualquier duda creativa para abrazar la libertad de un lenguaje cómico y conocimiento de lo que somos en este país, con esa elegancia de los objetos inevitablemente correctos.

No se hacen preguntas, ni les importa, porque han encontrado algo más escurridizo que la respuesta: han descubierto que, si la felicidad y la tristeza son distintas denominaciones de lo mismo, visto desde ángulos opuestos, la serie no tiene por qué contestar absolutamente nada. Y de ahí, que estemos ante una de las mejores comedias de situación de los últimos años.


FICHA: España. 2023-2025. Color. Duración: 12 episodios de unos 15 minutos aprox. Formato: 16:9 HD. Cámaras: Arri Alexa Mini LF. Objetivos: Zeiss Super Speed. Dirección: Pepón Montero. Guion: Pepón Montero y Juan Maidagán. Productores: Domingo Corral, Fran Araújo, Ignacio Corrales y Arturo Díaz. Productoras: Movistar Plus+ en colaboración con Buendía Estudios. Distribuidora: Movistar Plus+. Fotografía: Carles Gusi. Montaje: Guillermo de la Cal. Música: Alberto Ruiz Valera. Intérpretes: Raúl Cimas, Esperanza Pedreño, Chani Martín, Julia de Castro, María Jesús Hoyos, Juan Lombardero, Marta Fernández Muro, Pilar Gómez, Enrique Martínez, Blas Ortiz y Eduardo Antuña.

También te puede gustar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Un Mundo desde el Abismo
Secciones

© 2004-2026 Miguel Á. Refoyo "REFO"  |  REFOyo.com  |  UN MUNDO DESDE EL ABISMOTodos los derechos reservados

Volver arriba