(1958-2020)
El fallecimiento por culpa del maldito cáncer nos ha dejado sin uno de los tipos más queridos y cercanos que ha dado el mundo audiovisual en muchísimo tiempo. El exfutbolista reconvertido en presentador, analista, productor y experto televisivo Michael Robinson se ha ido para siempre a los 61 años, dejando una impronta en el medio, valedor de un don innato para la comunicación del que multitud de reconocidos profesionales carecen. El deporte pierde un emblema de la profesionalidad y el talento. De un magnetismo imperecedero que rompió todos los cánones establecidos. Robinson era diferente, dotado de una frescura para la innovación, empatía con la audiencia y una capacidad analítica muy reconfortarle. Hoy es un día muy triste.
Contaba Robinson que su pasión por el fútbol llegó siendo muy pequeño, junto a su padre, al que acompañó a ver al Liverpool en Anfield Road. Aquella epifanía le llevó a soñar con un futuro futbolístico defendiendo al que, desde ese día, sería el equipo de su corazón. Su tenacidad y entusiasmo por el balón le llevó a progresar en una carrera que le llevaría desde el Preston North End, a ser fichado por el Manchester City con un contrato estratosférico (750.000 libras en 1979 era mucho dinero) y destacar poco después como goleador en el Brighton, con el que jugó en Wembley en la final de la FA Cup de 1983. No consiguieron el título, pero Robinson se había ganado un lugar de privilegio y el cariño del aficionado del fútbol inglés. Y el destino quiso que vistiera la camiseta de los reds, llevándole a otra final mucho más importante.
La de la Copa de Europa en 1984 frente a la Roma. Esta vez sí, se proclamó campeón con el equipo de su vida al ganar por 4-2 en la tanda de penaltis. Y aunque su aportación al club no fue en lo sucesivo relevante, siendo traspasado, al Queens Park Rangers, había logrado su gesta personal más deseada. Jugó con la selección de Irlanda, patria materna, para acabar firmando un contrato con el Osasuna en un momento muy delicado de la temporada en enero de 1987. Pronto se ganó el afecto de la afición, de la ciudad, de sus contrincantes y después de un país entero que se conmocionó con su grave lesión de rodilla arrastrada de su exitosa etapa británica. El diagnóstico de cuatro ligamentos destrozados le obligó a dejar el fútbol para siempre. Tenía sólo 30 años. Rescindió su contrato y rehusó a cobrar su ficha si no jugaba.
Pero otra vez, el destino le tenía una sorpresa vital al jovial exjugador. Su desparpajo y elocuencia, su química con la cámara y su sentido del humor fueron los condimentos para hacerse un huevo en el mundo televisivo. Primero, como comentarista en TVE, en el espacio Estadio 2, luego en Sky Sports, hasta recalar en la recién fundada cadena privada Canal + de la mano de Alfredo Relaño, sustituyendo a Jorge Valdano, que optó por iniciar su carrera como entrenador. Michael Robinson, junto a Carlos Martínez, pasó a ser el rostro del fútbol en la cadena. Tanto con las retransmisiones del partido más importante de la semana como por su paso por el innovador magazine deportivo El día después. Todo un hito histórico dentro del género.
En 2005, Cuatro emitiría en abierto el programa. Pero fue sustituido por un show chabacano en búsqueda de otro tipo de audiencia llamado Maracana 5.0. Robinson duraría en él tan sólo dos semanas, entrando en una época personal que derivó hacia el regreso a Canal +, donde desarrolló un proyecto ambicioso en forma de serie documental titulado Informe Robinson. Bajo su sello, sus documentales abarcaron y diseccionaron el lado más humano y heterodoxo del deporte, convirtiéndose muy pronto en un producto de calidad, prestigio y perfectamente cuidado y editado en cuyos objetivos prevalecía lo emocional por encima de lo deportivo. Estrenado el 30 de octubre de 2007 en Canal + ha pasado a ser considerado un referente en el mundo del reporterismo deportivo.
Robinson deja un legado de periodismo excelente, de larga distancia, con un trabajo a sus espaldas que le elevan a esa cercanía con el público que hizo de él el icono tan querido tanto con los compañeros del medio como por la audiencia. Muy querido en Cádiz, que le nombró Hijo Adoptivo de la ciudad y donde ejerció de consejero y reconocido hincha de “la banda”, como se conoce al mítico club de fútbol del Cádiz, así como de rey mago en una cabalgata de Reyes, el inglés siempre ha confesado cómo España le cambió la vida.
Los recuerdos de una generación empiezan en los primeros partidos del plus o como representativa imagen de uno de los juegos que marcó nuestras vidas como fue el PC Fútbol. Una tarde de diciembre de 2018, en una entrevista en el programa La Ventana de la Cadena SER le contó a su amigo Carles Francino de primera mano que padecía un melanoma con metástasis avanzada sin cura posible. El destino, de nuevo, hizo que su último partido retransmitido para Canal + fuera en Anfiled el pasado 11 de marzo, en el choque de Champions League que enfrentó al Liverpool y al Atlético de Madrid antes de que el COVID-19 detuviera el mundo. En él escuchó el célebre himno You’ll never walk alone, especialmente dirigido a él.
Robinson nos deja con la imagen siempre positiva de una eterna sonrisa, de su actitud enérgica, de ese acento inglés del que se decía, a modo de divertida leyenda urbana, era una pose con sello personal ocultando así la perfección de su acento castellano. De cualquier modo, su humor y su vitalidad han trascendido a su propia figura. Michael Robinson será recordado con un cariño inmenso. Y cuando esa sensación de simpatía y devoción se convierte en algo colectivo, por algo será.
Una mentalidad brillante, un tipo elegante, trabajador incansable en un medio que hizo suyo con un anecdotario y una actitud siempre envidiable. El único locutor que supo decir el nombre del equipo de Bilbao al que tanto apego tenía de forma impecable: “Athletic Club”. No le concedieron la Excelentísima Orden del Imperio Británico. Sin embargo, para todos nosotros siempre será Sir Michael Robinson. Con todo el merecimiento.
Se te echará mucho de menos. Descansa en paz.





