Juan Tamariz, el mejor mago del mundo

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

Juan Tamariz asoma entre las cortinas rojas de terciopelo de un escenario, con sombrero oscuro y gafas, sonriendo mientras muestra la jota de diamantes.

(1942–2026)

El violín invisible que dejó de tocar

El cartomago que ganó el mundo en París en 1973 y enseñó a España a reírse con la magia. Se va Juan Tamariz uno de los últimos genios y más entrañables del ilusionismo mundial.

Para muchas generaciones, antes de entender un solo truco, ya habían reído con él: el pelo alborotado, la chistera torcida, ese violín que no existía y que sonaba igual de real que cualquier otro, pero con magia. Debutó ante las cámaras en 1961, con apenas dieciocho años, y se hizo célebre por partida doble: como Don Estrecho, uno de los Tacañones del Un, dos, tres… responda otra vez. Cuando dejó el concurso en 1977, volvió con El Recreo, un espacio infantil donde dejaba a los más pequeños de la casa con la boca abierta cada tarde. Luego sus propios programas, Por arte de magia, Magia Potagia junto a Pepe Carroll, o Chanta tachán con Alaska, títulos que él mismo convirtió en su firma y en el grito de guerra que todos imitábamos en el patio del colegio. Volvió a la casa de Chicho Ibáñez Serrador en varias ocasiones, lo que convidó a gente de todas las edades a seguir disfrutando de su arte y carisma.

Tamariz nunca hizo magia para impresionar. Hacía magia para reírse con el público, nunca de él. El feedback era impecable. La risa estaba asegurada. Ese era el truco de verdad, el que nadie le pudo copiar: convertir el asombro en carcajada sin que dejara de ser asombro. Su desprejuicio, esa manera de mezclar la técnica más rigurosa con el clown, el físico de formación con el titiritero de vocación marcó a toda una generación de magos que aprendió con él que el humor también era arte e ilusionismo.

Juan Tamariz, con chistera morada y chaleco negro con una flor roja, levanta los brazos entre risas sobre un escenario, junto a una mesa cubierta con un mantel de rayas de colores.

Ganó el Primer Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia de París, en 1973, con un número que mezclaba naipes, monedas, tocando una armónica delante de los mejores magos del planeta. Dai Vernon, uno de los más prestigiosos magos de la Historia. Un tipo que había visto de todo en su vida dijo que en más de ochenta años de vida mágica nadie lo había engañado como él. David Blaine lo llamó, sin matices, el mago de cartas más grande e influyente vivo sobre la tierra. Tamariz, humilde y ajeno a los grandes focos, escribió libros que hoy se estudian en escuelas de magia de medio mundo: La Vía Mágica, Sonata, Mnemónica… En 2011 el Gobierno le dio la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes; en 2019, el Ayuntamiento de Madrid le entregó la suya. Fundó, con su hija Ana, la escuela que lleva su apellido y que sigue formando magos en Madrid. Ha sido ella quien ha transmitido, mediante un estado de Instagram, la triste noticia que ha afectado a todos los que disfrutamos de su hechizo, como mago y como persona.

Pero lo que se queda no son los premios. Es el tipo que llevaba una baraja a menos de un metro de distancia toda la vida, que se declaraba andaluz nacido en Madrid y noctámbulo por herencia familiar, que hacía trucos de sobremesa a cualquiera que se sentara cerca. El abuelo entrañable, el tío encantador que todos hubiéramos querido tener cerca, el amigo con el que reír… capaz de hacerte sentir elegido con un simple juego de manos.

Primer plano de Juan Tamariz con un as de diamantes apoyado sobre las gafas y un abanico de cartas en la mano, sobre fondo verde azulado.

Se va un genio que llevó setenta años demostrando que la ilusión y la magia, bien hechas, no engañan. Son tan sugestivas como necesarias. Un mundo sin gente como Tamariz, que sabía reírse de sí mismo mientras te robaba el asombro, es un mundo con menos sitio para respirar. Se hace más estrecho, más serio, más incómodo de habitar.

Que la última carta que hayas sacado del mazo, querido Tamariz, haya sido la que siempre buscaste. Chan, tatacháaaan…

D.E.P.

También te puede gustar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Un Mundo desde el Abismo
Secciones

© 2004-2026 Miguel Á. Refoyo "REFO"  |  REFOyo.com  |  UN MUNDO DESDE EL ABISMOTodos los derechos reservados

Volver arriba