Algo que no queríamos los habituales seguidores del podcast Mínimo de Veterano ha terminado por suceder, pero no por la vía que podríamos haber esperado. Ha sido por otra bien diferente. Un tuit, corto y directo. Sin preámbulos, sin drama innecesario, con la precisión de quien sabe exactamente lo que está haciendo. Como conocemos a sus protagonistas de sobra, Pepe Rodríguez, ha soltado un pequeño detonante de pocos caracteres para liquidar cinco años de fidelidad ciega en un programa único sobre NBA.
He decidido dejar el As.
No hace falta que especuleis con el mótivo, ya os lo digo yo: la pasta. Me ofrecieron un dinero para continuar, pedí otra cantidad, me hicieron una contraoferta no satisfactoria y hasta aquí.
Mil gracias a jefes y compañeros por cinco años inolvidables
— Pepe Rodríguez (@PepeBrasin) 19 de junio de 2026
Y aquí se acabó. Con transparencia, con la honestidad que caracteriza a este fenómeno de la comunicación dentro de negocio en estas actitudes se practican poco y se agradecen mucho. Le ofrecieron una cifra. Pidió otra. La contraoferta no satisfizo. Punto final. Sin misterio, traición ni dramas guionizados para tirar de audiencia. La aritmética de lo que vale tu trabajo para quien te paga, y la decisión de no seguir cuando esto te ofende. Todos deberíamos seguir su ejemplo, aunque es lógico que casi todos no podamos.
Pepe es ajeno a la épica barata ni comunicados corporativos redactados por un departamento de prensa para salvar la cara. La parte negativa para el resto de la audiencia es que ese lógico tira y afloja de despachos termina por dinamitar el que probablemente haya sido uno de los oasis más reconocibles del periodismo de baloncesto NBA en España en los últimos años. Un programa que nació con la etiqueta de podcast baloncestístico y que, rápidamente, se convirtió en una sitcom sobre la vida, el paso del tiempo y la hermosa intrascendencia de ese balón naranja botando sobre el parqué y todo el trasfondo del negocio americano diseccionado con una precisión y un bagaje estadístico y de conocimiento como pocas veces habíamos escuchado en este país tendente (ahora más que nunca) a la mediocridad aplaudida. La premisa era tan sugestiva como aparentemente sencilla: tres personas que saben de baloncesto hablando de baloncesto.
La comunión entre Juanma Rubio, Toni Vidal y Pepe Rodrígurez (Pepe Brasín, según quién escriba) no se decretó en una reunión editorial. Fue ganándonos por las escuchas de un programa diferente y especial. Un espacio donde la NBA no se abordaba como espectáculo de masas sino como objeto de análisis y también, cuando el momento lo pedía, casi siempre en los portentosos inicios, como detonador de reflexión sobre asuntos que el baloncesto toca de refilón, pero aborda: la fugacidad de las cosas y del tiempo, las rutinas del día a día, el olor a canela de unas velas, la gratitud del fracaso emocional que te endurece, la melancolía de un teletexto que ya no volverá o lo que significa invertir tiempo afectivo en algo que no te devuelve nada tangible. Un podcast que sabía cuándo dejar de hablar de la vida y cuándo volver al pick and roll con la misma naturalidad.
El éxito del formato radicó en su falta de pretensiones. Los mejores instantes que hemos podido disfrutar los seguidores de Mínimo de Veterano no ocurrían cuando desmenuzaban los pormenores de la liga, la analítica del universo del basket, sino cuando se detenían a reflexionar sobre todo eso. Esa capacidad para identificarse con el espectador, para tratar la NBA como un pretexto y no como una religión, instaló al programa en una categoría distinta. El oyente no acudía a informarse; acudía a pasar la tarde con tres colegas que sabían de baloncesto mucho más que tú y que el resto de la gente.
Juanma Rubio, a la postre configurado como una pieza monumental dentro del tridente, aportaba el armazón analítico, el detalle de archivo y la perspectiva histórica. Rubio es autoridad ganada texto a texto, temporada a temporada, que no necesita demostrarse en cada intervención porque se nota en la forma en que construye un argumento. Es, posiblemente, el mejor articulista de baloncesto (y fuera de él) que hayamos podido leer, en la cadencia con que llega a la conclusión y en una retórica sólo al alcance de uno pocos privilegiados. Toni Vidal, ponía la textura, el rigor táctico del que absorbe todos los partidos con la visión inagotable de un enfermo de la NBA, vigilando la liga desde la atalaya de Planeta NBA. Y Pepe, el hilo conductor, el tótem que añadía algo más difícil de catalogar: la inteligencia conversacional, saber cuándo ceder el espacio y cuándo ocuparlo, cuándo el silencio era más productivo que la réplica, cuándo una pregunta valía más que una tesis. La grandeza de Pepe es su personalidad como comunicador director, con colmillo visceral, capaz de transmitir la digresión de barra de bar y la ausencia total de pose con una cognición inalcanzable.
La suma no era simplemente tres expertos discutiendo. Mínimo de veterano ha sido una voz colectiva que se fue asentando con la paciencia y confianza que sólo confieren los años y las horas de escucha. Al fondo de la escena Javier Machicado —cómo olvidar al hombre que hacía esto posible—, primero en la sombra de los controles y la producción (primero) y después asomando la cabeza a la luz del micrófono (después y para siempre), redondeaba una química que no se puede comprar con ningún presupuesto.
Lo que han construido en este lustro tiene un nombre. Y es algo muy jodido de conseguir: la comunión con el oyente. Que es distinto a la audiencia, porque la audiencia escucha. El oyente tiene una relación de correspondencia; espera, anticipa, pausa otros planes, dedica tiempo activo. El podcast de nicho inteligente no compite por números brutos. Lo hace por esa franja de personas que no tienen dónde ir si no es aquí. Y Mínimo de Veterano encontró a ese oyente específico dentro de un sector del aficionado español al baloncesto americano que ya ha visto demasiados partidos como para conformarse con el resultado o la visión efímera del highlight en las redes sociales. Los que llevamos el tiempo suficiente con esta adicción en el cuerpo, hemos desarrollado un criterio propio para buscar y encontrar interlocutores que lo pongan a prueba, no que lo ratifiquen. Un oyente que ha cultivado una relación con el baloncesto NBA o parecida a la que se tiene con la literatura de un autor que admiras, como es el caso de Juanam, no de consumo sino de diálogo.
A ese oyente, a mí, a miles de personas que estábamos al tanto del programa dos veces por semana, Mínimo de Veterano le habló durante cinco años. Y respondimos quedándonos, siendo fieles a la liturgia.
Sin embargo, el año fue raro antes de que llegara el día de hoy.
Desde mediados de marzo algo cambió en el programa. Hubo un choque dialéctico entre Rubio y Vidal, aparentemente inocente en superficie. Una fricción que dejó un rastro de extrañeza, y que a los seguidores más fieles les ha servido para especular con todo tipo de hipótesis que, a buen seguro, nada tienen que ver con la realidad. Supuestamente por motivos laborales y de volumen de trabajo, desde aquel, además de la ausencia de Rubio, algo en la cadencia mostraba un desgaste invisible pero real que se colaba entre los análisis antes, durante y después de los playoffs. No ha habido fricción de los egos, ni enfados o enemistades, sino por la fría realidad de un balance financiero. La contraoferta a Pepe no llegó y el hilo se rompió. Sorpresa. Puede que lo primero acelerara alguna decisión interna en la redacción. Puede que no. Eso no lo sabe nadie fuera de las paredes de la Calle Valentín Beato 44.
Lo preocupante es un tema de fondo que no deberíamos pasar por alto. Algo grave que el periodismo lleva décadas sin resolver y que este caso ejemplifica con una claridad incómoda: la incapacidad estructural de los medios para poner en valor el rendimiento de sus propios productos. Mínimo de Veterano no era un experimento. Era un activo consolidado, con audiencia fiel, comunidad devota, todo con un céfiro de identidad reconocible, con cinco años de capital acumulado. Eso en la actualidad no tiene precio. Que una redacción no encuentre la forma de pagar a uno de sus mejores hombres no es una anomalía puntual —es el síntoma de un sector que lleva demasiado tiempo asumiendo que el talento comunicativo viene solo, se queda gratis y, si se va, se repone—. Como si fuera tan fácil y cíclico. Juanma Rubio y Javier Machicado siguen en AS. Dos piezas intactas, y eso es algo. A Pepe le seguiremos viendo en su podcast Pepe Diario y de suponer que en las retransmisiones de DAZN en NFL y NBA (aunque ir a saber). Toni Vidal sigue su camino con Planeta Basket. Pero reconstruir una dinámica con el peso de lo que fue encima se antoja difícil, y que algo similar emerja desde cero en el corto plazo, más todavía. Lo que tarda años en fraguarse no se sustituye con una convocatoria.
¿Nos hemos quedado huérfanos? No. Hay más espacios con criterio, programas que seguir. El año ya venía castigado desde su inicio. Si la temporada arrancó con la carencia existencial que supuso la desarticulación del equipo histórico de Movistar+ —con Antoni Daimiel y Guille Giménez a la cabeza de una era extinguida y memorable—, este cierre de persiana nos despoja de un eje semanal que nos quedaba para procesar la liga sin solemnidades. Mínimo de veterano se acabó. No habrá redistribución. El podcast podría adoptar otra forma. Pero la intención es que se quede como lo que fue, un pequeño milagro que se quedó sin que nadie se creyera del todo que lo fue.
Ha sido un lustro formidable. Cinco años que vuelven a demostrar lo poco que dura lo bueno cuando el negocio impone sus reglas. Queda el vacío de la rutina rota, el silencio de los lunes y los jueves, y la certeza de que las mejores cosas de la vida siempre tienen un final demasiado abrupto. Hay una generación de aficionados a la NBA en España que creció con una forma específica de consumir este deporte. Con análisis. Con contexto histórico. Esa generación está quedándose sin sus referencias de una manera que preocupa, porque esas referencias no se reponen fácilmente.
«Finis coronat opus»
(Frase popular)
No es el apocalipsis, claro está. La NBA sigue siendo un deporte apasionante cuya cobertura en castellano no ha desaparecido. Y mantiene calidad periodística, que es lo bueno. Pero los ecosistemas son eso: ecosistemas. Cuando extraes una especie, el equilibrio se modifica, aunque el bosque siga en pie. Y en este 2026 se han producido demasiadas extracciones en un espacio que ya era escaso en la excelencia. Lo bueno dura poco. No como advertencia, sino como constatación de algo que llevamos toda la vida aprendiendo y que nunca terminamos de aprender del todo. Nos hemos quedado sin otro juguete. Hemos dicho adiós a Mínimo de veterano. Un eje semanal con el que disfrutábamos y aprendíamos. Y hasta el día de hoy no habíamos necesitado saber que lo era. Suerte a todos en vuestros proyectos. Os vamos a echar de menos, banda de sabios.





