LV Super Bowl

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

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El dictamen Brady y su legado en la Historia

La incidencia de los árbitros en un par de jugadas clave y la superioridad de los Buccaneers sobre los Chiefs de Patrick Mahomes desnivelaron una descafeinada Super Bowl que erigió a los altares de la NFL a un imperioso Tom Brady.

Iba a ser una de las mejores Super Bowls de los últimos años. Se antojaba algo complicada porque el nivel y la calidad de esta cita de las finales lleva ofreciendo espectáculo y emoción durante las últimas ediciones llevados hasta el extremo. Se había producido el duelo de los duelos. Una pugna memorable de los Quarterbacks del momento. El choque generacional de los dos mejores en esta posición del pasado y del presente de la NFL se había vendido como el gran y mayor atractivo de esta cita con uno de los eventos más globales que existen en el mundo del deporte. La leyenda de 43 años Tom Brady, con su nuevo equipo, los Tampa Bay Buccaneers, tras 20 años de carrera y 6 Super Bowls con New England Patriots. Y, por la otra parte, el heredero, Patrick Mahomes, de 25 años y consolidado como el mejor QB de la liga tras proclamarse campeón del último trofeo Vince Lomabardi y el MVP de la anterior edición de la Super Bowl.

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En marzo de 2020, Brady se iba de su equipo de toda la vida, los New England Patriots para cambiar de rumbo en su carrera. Muchos dudaban de la decisión. Los 42 años del jugador no hacían prever esta décima participación en este partido final de la liga. Robert Kraft, propietario de los Pats, no pudo hacer nada porque siguiera vinculado a su equipo de toda la vida y se retirase como uno de los one club man de Estados Unidos. Se dice que Bill Belichick fue el artífice de su espantada, ya que no hizo nada por retenerle. Un golpe sobredimensionado por la llegada del ex jugador también del equipo de Boston Rob Gronkowski. El equipo dirigido por Bruce Arians llegaba tras dejar en la cuneta a los Green Bay Packers y ocho victorias consecutivas. No eran el equipo sorpresa, pero no partían como favoritos. Salvo por una cuestión evidente de lesiones en los Chiefs para revalidar su título de campeón.

La franquicia liderada por Mahomes llegaba al encuentro más importante del año hilvanado a base de variaciones en su estructura de inicio de temporada. Se había quedado sin línea de ataque con la pérdida de Kelechi Osemele, Mitchell Schwartz y la reciente lesión de gravedad de su tackle izquierdo, Eric Fisher, que se rompió el tendón de Aquiles. Tuvo que ser sustituido por Mike Remmers, variando la forma de juego ofensiva de los Chiefs. No fue la única conmutación provocada por este concatenamiento de desdichas, ya que Andrew Wylie pasó a jugar de tackle derecho, variando su posición de su juego toda la temporada. Tanto es así, que sólo Austin Reiter ha sido el único integrante de la línea que ha sobrevivido a la temporada regular. Esta línea ofensiva improvisada salía a jugar la Super Bowl con el 90% de sus unidades jugando en posiciones distintas.

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Antes de disputarse la cita deportiva más importante en Estados Unidos y sobredimensionada internacionalmente por el paulatino interés que ha despertado el fútbol americano en el resto del mundo, el espectáculo y los homenajes suelen anticipar el show sobre el césped. Este año, el Raymond James Stadium de Tampa Bay albergó a un tercio de su aforo debido a la crisis actual de COVID-19 que asola el mundo. Fueron apenas 22.000 espectadores, de los cuales más de ellos eran 7.000 sanitarios vacunados como privilegiados espectadores que vieron desde las gradas el partido. A ellos fue ofrendada la poesía de Amanda Gorman Chorus of the Captains, la primera vez que este tipo de recital se da en este espectro deportivo tan descomunal.

Sus versos dedicados a recordar a estos héroes de una pandemia emocionaron a todo el planeta y, de repente, la poetisa era número de ventas con sus libros de poemas en Amazon. El efecto mainstream de este partido es descomunal. Cierto es que sus palabras lo valieron. Fue el preámbulo que reivindicaba también y de forma invisible el movimiento afroamericano con la actuación de H.E.R. que tocó con su guitarra America the Beautiful para dar paso a la interpretación del Star-Spangled Banner, el himno estadounidense con las voces de la estrella del country Eric Church y la cantante de soul Jazmine Sullivan.

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La historia del partido es mínima. Casi imperceptible en detalles más allá de las pocas concesiones que ofrecieron unos Buccaneers, cuya apabullante victoria hizo esfumar cualquier atisbo de reacción por parte de los Chiefs. Éstos se vieron superados por los de Brady desde los primeros compases del partido y dejaron ver que iba a ser un encuentro fraguado en la solidez defensiva de ambas escuadras. Por si fuera poco, Mahomes no se encontraba cómodo y le estaba llegando una feroz presión de la defensa de los Bucs, lanzando el balón de manera forzada y recibiendo diversos blitz por parte de Todd Bowles.

Y apareció la polémica en el Ray Jay. Emilio León, de Fox Sports, conjeturó sobre las posibles ayudas arbitrales a los Buccanners debido a que Carl Cheffers, uno de los referees, era uno de los designados para pitar la Super Bowl. Las presunciones vienen dadas porque con este árbitro, Brady tiene una desproporcionada ventaja de 14-5 en victorias sobre derrotas que devienen en faltas y castigos marcados hacia el contrario cuando juega el número 12. Cheffers no defraudó. Una jugada controvertida fue cuando Tom Brady se la pasó en profundidad a Mike Evans con 24 segundos para el final de la mitad y el cornerback de los Chiefs, Bashaud Breeland, fue marcado por interferencia de pase. Aunque Breeland claramente hizo contacto, es difícil justificar que sea suficiente para verificar como una penalización de 34 yardas.

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La controversia de decisiones arbitrales determinantes.

Esta negligencia puso a los Bucs directamente en la end zone. Sin embargo, la jugada que pudo cambiar el rumbo de esta Super Bowl fue el instante en el que el Quarterback de los Bucs lanzó un pase, Leonard Fournette desvió el ovoide y apareció Mathieu para quedarse con el balón. Era la esperada reacción de los Chiefs. La jugada clave para meterse en el partido: “¡Intercepción, intercepción!” se oía en todas las retransmisiones televisivas, al mismo tiempo en que volaba el pañuelo amarillo. El equipo arbitral consideró que la jugada debía sancionarse con un holding sobre Mike Evans. Visto mil y una vez no deja de ser vergonzoso.

Suscribieron esta tendencia de parcialidad bastante descarada cuando, a falta de 13 segundos, en la yarda 9 de Kansas City, de nuevo Mathieu en el ojo del huracán, fue amonestado por interferir en una recepción de Antonio Brown en lo que era claramente un pase imposible de atrapar. Estas decisiones dieron a los Bucs una jugada de primera y gol en la yarda 1 que convirtieron en un touchdown una jugada más tarde. Gran parte de la culpa de ese 21-6 en el descanso sobre los Chiefs se produce por estos decretos que tuvieron como consecuencia que los Kansas City Chiefs tuvieran 90 yardas de penalización sólo en el segundo cuarto ¿Fue suficiente para desequilibrar la Super Bowl de tal manera de depreciar esta final? Nunca lo sabremos. Pero lo cierto es que con un arbitraje lógico, posiblemente (sólo posiblemente) el encuentro hubiera sido distinto.

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Otro de los errores que cometió Mathieu fue encararse con Brady. El 12 de los Bucs ha vivido tanto en la NFL que no iba a salirse de su papel. Y la pugna se equilibró hacia el lado Brady, que supo sacar de quicio al 32 de Chiefs. Eso originó una desigual colisión a favor de los de Arians. La gota que colmó el vaso para lo que iba a venir a continuación. Tras las mencionadas jugadas controvertidas que podrían haber igualado el choque, la Super Bowl giró radicalmente hacia el lado de los locales, que aprovecharon las malas decisiones en el último drive de Bucs, pidiendo tiempos muertos y concediendo yardas al rival antes del descanso. Con la reanudación del partido, la arrolladora presencia de Fournette y el primer sack por parte de Barret se sumaron a la intercepción de Windfield a un pase de Mahomes.

Se había escrito el final, el ganador de esta LV edición. Lavonte David redujo a Kelce haciéndole desaparecer. El partido acabó con el segundo sack de Barret y Mahomes frustrado por el partido colectivo y la imagen que dieron unos Chiefs muy por debajo de lo esperado. La segunda parte fue un paseo que dio al traste con las expectativas de exaltación de este tipo de finales. Y la Super Bowl pasó a ser un desfile, un partido desangelado, falto de interés y muy descafeinado que se rompió demasiado pronto hacia la parte de los bucaneros. Con los Chiefs bajando los brazos, Tampa Bay se erigían como los nuevos campeones de la NFL por segunda vez en la historia de la franquicia tras derrotar a los Kansas City Chiefs, 31-9 en la LV Super Bowl.

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La triste noticia fue el destino fatal de unos Chiefs configurados como los grandes favoritos que acabaron el partido habiendo anotado sólo 9 puntos y ningún touchdown, sin llegar en ningún instante a la end zone. Si hay un aspecto que solidificó la gran victoria de los Buccanners fue la presión sobre Mahomes, que merece un análisis aparte. Nunca un QB fue defendido con tanta intensidad, haciendo que el jugador franquicia de los Chiefs recorriera casi 500 yardas sólo sorteando a los rivales, que apenas le dejaron tiempo para lanzar el balón.

El dato: A Brady, los defensores de Kansas salieron a presionarle 3 veces por las 29 veces a Mahomes, un elevado número que supone el récord en una Super Bowl. Se ha leído que la superestrella mejor pagada de la liga no estuvo a su máximo nivel. Falso. El 15 jugó como mejor sabe y lo hizo con la misma brillantez que le ha llevado a ser el jugador más estratosférico de la NFL. Nadie esperaba que en este partido fuese sometido a una asfixiante presión como la que llevaron a cabo los rivales.

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Por si fuera poco, todos los balones que puso en manos de sus compañeros, muchas de ellas en circunstancias inverosímiles, no tuvieran recompensa en forma de puntos en el marcador. Como ese en el que ya derribado por William Gholston, a punto de caer al suelo, soltó el balón y lo puso a modo de shortstop de beisbol que, de forma incomprensible, se le escapó de las manos a Darrel Williams en otro touchdown desaprovechado. Algo que pareció ser una insólita tónica repetida en las resbaladizas manos de titanes de la recepción como Tyreek Hill o Travis Kelce.

No fue la noche de los pupilos de un Andy Reid que, horas antes, había recibido la dramática noticia del grave accidente de su hijo al volante de un coche a causa del alcohol. Mahomes nunca se encogió. Apareció cuando tenía que aparecer y jugó una gran Super Bowl. La lástima fue ese insospechado encontronazo contra la estrategia defensiva de los Buccaneers. Acabo sin dar un solo touchdown y viendo cómo los Buccaneers acabaron arrollando a su equipo. Todo ello no resta méritos de los de la bahía, que supieron contener con mayor talento y desbordar a la defensa de los Chiefs.

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Brady su propia leyenda como G.O.A.T.

Pero para cualquier aficionado a la NFL, la lectura del partido se cimenta en la línea defensiva de los Bucanners, estelar con Lavonte David y Devin White irreductibles. También en la estrategia de contención formulada por Bruce Arians y Todd Bowles fue ejecutada de una forma magistral. En el reverso de la moneda, los de Kansas City estuvieron irreconocibles, sin ofrecer nada de lo trabajado en toda la temporada. La línea ofensiva con Hill y Kelce desaparecidos y una defensa que fue de más a menos, incapaces de frenar a los Bucs y sin encontrar a Andy Reed que, para colmo de males, cometió un error con ese último drive en el segundo cuarto.

Tampoco Spagnuolo supo liderar la defensa ni logró detener a un Brady que hizo lo que quiso. Pero si hubo un factor diferencial fue la presencia del eterno 12, consagrado después de esta Super Bowl como la mayor leyenda de la NFL en toda su historia. No tan sólo por este partido, en el que, tal vez, el MVP fuera excesivo dentro del cómputo de un solo encuentro. 47 pases de touchdown en 19 partidos fueron fundamentales para que el equipo llegara a esta contienda. Los tres touchdowns completaron 21 de 29 pases para 201 yardas y un índice de pasador de 125,9. Brady esta vez no fue el factor determinante. En los Buccanners, los cuatro touchdowns llegaron de parte de Fournette, Antonio Brown y Gronkowski (con dos). Cuando empezó la temporada ninguno estaba en las filas de Tampa Bay. Y sin Brady no lo hubieran estado.

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Fue como asistir a una reunión de viejos rockeros regresaran de nuevo a la acción haciendo lo que mejor saben: ganar. Esta cita con la divinidad supuso para Brady el séptimo campeonato de la Super Bowl, ampliando su propio récord de la liga de todos los tiempos. Brady tiene ahora más victorias en finales como jugador que cualquier franquicia de la NFL en toda su historia. El ex jugador de la NBA Robert Horry le dio la bienvenida al Club de los 7, por equivalencia en logros de títulos en una liga profesional americana. Se une así a Peyton Manning como los únicos dos quarterbacks con este título en dos franquicias diferentes. También es el único en ganar una Super Bowl en tres décadas diferentes.

Esta LV Edición se cristalizó como su quinto MVP en la cita más importante de la temporada de la NFL. Por otra, parte Bruce Arians consigue de esta forma su tercera Super Bowl, después de ganar dos anteriormente con los Pittsburgh Steelers en el partido histórico en el que los Buccaneers escribieron su nombre en los fastos de la competición por dos logros difíciles de superar; primero, ha sido el primer equipo en jugar una Super Bowl en su estadio. Y segundo, obviamente, en ganarla. Los Bucs no ganaban desde 2002, cuando derrotaron a los Oakland Raiders por 48-21 en la XXXVII Super Bowl. El 2-0 de finales jugadas y ganadas le iguala con Baltimore Ravens como segundo equipo que obtiene el pleno.

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The Weeknd decepciona en la otra cara de la Super Bowl.

En tiempos de COVID-19 el espectáculo multitudinario era un espacio que se iba a reducir a una discreción acorde con los tiempos que corren. Por eso, el ‘halftime show’ de Abel Makkonen Tesfaye, más conocido por su nombre artístico The Weeknd, pareció no estar a la altura. Y eso que el artista pagó de su bolsillo la friolera de 7 millones de euros. El año pasado, Jennifer Lopez y Shakira tampoco cobraron un solo dólar por el despliegue musical. El escaparate de audiencias millonarias más visto del mundo se ha puesto muy caro. Se había hablado de que la artista de moda española en el ámbito internacional, Rosalía, iba a acompañar en el último tramo de la actuación del artista canadiense. No fue así. Se trató de un rumor infundado, dado que la cantante ni siquiera estaba viendo el mediático encuentro deportivo.

The Weeknd hizo lo que pudo. Subió a un escenario de espejos con recreación de película de terror a medio camino entre el homenaje a Jordan Peele y el más involuntario a Polanski. Las redes sociales volcaron toda su bilis cínica sobre el artista, que hizo un repaso por los temas más representativos de su carrera; Starboy. The Hills, Can’t Feel My Face, I Feel It Coming, Save Your Tears, Earned It, House Of Balloons y su tema más conocido Blinding Lights, que cerró el show. Otra decepción más la propuesta por The Weeknd. De hecho, Miley Cyrus necesitó mucho menos para brillar en el pre-partido. Su actuación fue enérgica y desprejuiciada y, por si fuera poco, contó la participación de dos mitos del rock como Billy Idol y Joan Jett. Sin quererlo y sin tanta promoción, la hija de Billy Ray Cyrus fue mucho más interesante y transcendente y de lo poco destacable de lo que sucedió en el interior del Raymond James Stadium.

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Tampoco vimos el momento en el que Yuri Andrade irrumpió en el campo al final del último cuarto medio en pelotas con un minúsculo bañador femenino de color rosa. El streaker lucía la frase “Vitaly Uncensored” como slogan de una web de contenidos para adultos propiedad de Vitaly Zdorovetskiy, que pudo haber pagado hasta 375.000 dólares a este trabajador de la empresa por esta hazaña de riesgo.

No es la primera vez que Zdorovetskiy utiliza a un espontáneo para dar a conocer su negocio de cine X, ya que durante la final de UEFA Champions League de 2019 disputada entre Liverpool y Tottenham, la exuberante modelo rusa Kinsey Wolanski, también salió ataviada al terreno de juego del Wanda Metropolinato con un minúsculo bañador luciendo la misma frase que Andrade. Por supuesto, la televisión americana está preparada para omitir este tipo de invasiones, pero en Internet, dado el poco interés que suscitaba el partido, fue la divertida comidilla de esta Super Bowl. El invasor ya ha dicho que con lo que gane se comprará una jirafa. El propietario de la web se dedicó a insultar a la TMZ, cadena que a su vez atacó duramente al empresario. Todo muy surreal.

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En cuanto a la promoción televisiva, otro de los alicientes de este macro evento deportivo, las estratosféricas sumas de dinero que se invierten por las grandes compañías para emitir sus anuncios publicitarios no han visto mermadas sus exigencias. Nada menos que 5 millones de dólares (4,1 millones de euros) por cada medio minuto de emisión durante las pausas publicitarias de la Super Bowl. Los tiempos muertos y las pausas se convierten en otro show. No faltaron los clásicos de snacks como Cheetos con Mila Kunis Ashton Kutcher, Doritos 3D con un divertido Matthew McConaughey muy planchado, Pringles y la parodia espacial Flavor Packing Space Return o el de Frito-Lays Twas the Night Before Super Bow, un superhomenaje al fútbol americano al reunir a Marshawn Lynch narrando un cuento en el que aparecen grandes leyendas de la NFL como Peyton Manning, Eli Manning, Joe Montana Jerry Rice, Troy Aikman, Terry Bradshaw, Jerome Bettis o Deion Sanders.

Los de spots de cerveza suelen ser otros de los que no fallan en esta noche. Por supuesto, de nuevo fue Budweisser la que dejó los más destacados, como Last year’s lemons, línea de cerveza con limón de la marca con un enloquecido comercial con una lluvia de limones bastante abrupta y descacharrante, un humorístico homenaje al superheroísmo con el de Bud Light Legends y el Let’s grab a beer como frase global de conciliación y camaradería en toda la gama de la marca. Joe Montana fue el elegido para protagonizar GOAT para Guinness. Los nostálgicos disfrutaron con el de Uber Eats, en esa recreación del sótano de Wayne’s World, trayendo de vuelta a Mike Myers y Dana Carvey dando vida a sus iconográficos personajes. Scotts Miracle-Gro unió a viejas glorias como Martha Stewart o Carl Weathers e hizo bailar a John Travolta y su hija Ella.

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Espectaculares los de Rocket Mortgage con Tracy Morgan con Dave Bautista y Joey Bosa, respectivamente en un alarde de efectos especiales. Los más divertidos, los de mayonesa Hellmann’s con Amy Schumer, Klarna con Maya Rudolph multiplicada por cuatro, el de General Motors No Way Norway con Will Ferrell, Tony Romo y su mujer con las zapatillas Skechers Max y el mítico Jason Alexander como rostro de una sudadera para el detergente Tide. Posiblemente, el anuncio de la noche fuera Alexa’s Body con Michael B Jordan como deseo corpóreo de una ama de casa promocionando el sistema de inteligencia artificial de Amazon. Hilarante. Como guiño cinematográfico, Timothée Chalamet se metió en la piel del hijo de Eduardo Manostijeras junto a Winona Ryder, dando vida al personaje original, en el anuncio de la gama de coches eléctricos de Cadillac.

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Bruce Springsteen, que nunca había aparecido en un anuncio, lo hizo después de que la marca de coches Jeep hubiera estado haciéndole ofertas durante la última década. A sus 71 años debuta en una promoción con un lujoso anuncio que vale la pena. T-Mobile dio voz a estrellas de la música como Adam Levine, Gwen Stefani y Blake Shelton y otro con los dos grandes protagonistas de la noche, Tom Drady y Rob Gronkowski. De los más emcionantes, el de la cadena especializada en pesca Bass Pro Shops, la web de búsqueda laboral The Rising de Indeed y su mensaje de la importancia de un trabajo (sobre todo en Estados Unidos) y, muy destacado el de Toyota dedicado a recorrer la vida a través del agua de Jessica Long, trece veces medalla de oro en los Juegos Paralímpicos.

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Bajo la incertidumbre de la pandemia y sus consecuencias sobre las salas de cine y sus consecuencias comerciales, esta LV nos ha dejado cierta sequía en esta parte de los anuncios conformada por los tráilers que avanzan lo más comercial de la industria cinematográfica. El año pasado, con la imprevisibilidad que iba a suponer el impacto del COVID-19 sobre el planeta, en la Super Bowl destacaron los avances de superproducciones de la magnitud de Top Gun: Maverick, la nueva película del Agente 007 Sin tiempo para morir, el regreso del MCU con la película individual protagonizada por Scarlett Johansson con Viuda Negra y otras esperadas secuelas como Minions: El origen de Gru y Un lugar tranquilo 2. Pues bien, hasta el día de hoy ninguna de ellas ha sido estrenada ni en una sala de cine ni en plataformas de streaming. De la anterior cita que vieron sus anuncios en la pantalla de la Super Bowl, sólo Bob Esponja: Un héroe al rescate, el controvertido estreno en Disney + de Mulan y la divergente suerte en taquilla de Wonder Woman 1984 y Tenet han podido verse en los cines del mundo.

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Ya el año pasado dejó ver un anticipo Fast and Furious 9, con los habituales Vin Diesel, Michelle Rodriguez y Jordana Brewster, y se suben al coche John Cena y Charlize Theron. Este año volvieron a estar presentes con otro tráiler. A ver si esta vez es la definitiva. El año pasado Netflix y HBO se habían negado a pagar las ingentes cantidades de dinero por anuncio en esta cita ineludible dentro del ocio global. Este año se han sumado Sony Pictures y Paramount Pictures, dado que sus grandes producciones no tienen fechas de estreno. Por eso, el catálogo de imágenes de adelantos fílmicos se ciñó a la serie de Marvel y Disney + Falcon y el Soldado de invierno y la fábula épica de animación Raya y el último dragón.

La inquietante nueva propuesta de M. Knight Shyamalan Old y ‘Nadie’, película de acción con Bob Odenkirk también sirvieron de aperitivo. Y El Rey de Zamunda, de nuevo con Eddie Murphy y Arsenio Hall que se estrena directamente en Amazon Prime. No corren buenos tiempos para el cine. Aunque esta situación desangelada pareció confabularse con lo desventurado de una Super Bowl para olvidar. Para todos menos para Tom Brady.

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