Review ‘Jim y Andy (Jim & Andy: The Great Beyond)’, de Chris Smith

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

Jim y Andy - cartel

Descenso a una enloquecida posesión interpretativa

Jim y Andy narra la intrahistoria que se produjo durante el rodaje de Man on the Moon, de Milos Forman, en la que Jim Carrey diluyó su identidad real para dejarse absorber por el espíritu del cómico Andy Kaufman en una visión aterradora de hasta qué punto un actor puede llegar en la mimetización interpretativa.

El trabajo de Chris Smith Jim y Andy no es un documental entre bastidores cualquiera. Recurre y nace directamente de y por el material making-of footage que se filmó durante el rodaje de Man on the Moon, de Milos Forman, en 1999. En ese metraje podemos ver a Jim Carrey fagocitado por el espíritu del personaje al que daba vida en la película, Andy Kaufman, dejando que la personalidad del cómico de culto absorbiera su vida plenamente dentro y fuera del plató.

Como si de una posesión de energía emocional se tratara, el documental explora la inmersión de Carrey en Kaufman en los pormenores entre las pausas del rodaje de la cinta, analizando la locura que supuso para escarbar en los motivos de aquel propósito especial de aquélla encarnación en pantalla por parte de una superestrella de Hollywood como lo era por entonces el actor carandiense.

Jim y Andy - fotograma

Man on the Moon suponía un acercamiento, más o menos ejerciendo los parámetros del biopic al uso, a la vida y obra del comediante Andy Kaufman, figura controvertida y revolucionaria del humor estadounidense de mediados de los 70. Un nombre necesario para comprender la evolución del humor hasta llegar al actual. Fue el impulsor de una serie de transformaciones del humor cuando la época beat cambió el sentido de la cultura popular con un estilo desafiante y contracorriente en todas sus facetas artísticas. Kaufman fue un genio, un experimentador ambulante que llegó hasta extremos nunca vistos en su énfasis por sorprender al público con un estilo adelantado a su época. Su heterodoxia humorística, su patológico juego de roles y su esencia radical le hicieron un mito histórico, no siempre entendido, pero sí reconocido.

Célebre por su personaje Latka Gravas en la mítica sitcom Taxi y por memorables apariciones en el show de David Letterman, así como su indispensable aportación en el Saturday Night Live, Kaufman siempre guardaba un as bajo la manga. Un inesperado giro de tuerca que dejaba boquiabierto al público. Como con su malvado doble, el viejo cantante de salón Tony Clifton, un tosco y vulgar personaje que vestía camisas de chorreras y trajes color pastel capaz de desquiciar una sala con su displicencia arrogante y chusca. O aquel show denominado Intergender World Wrestling Champion, que desafiaba a ganar a cualquier mujer en un ring de lucha libre por un premio de mil dólares, como un desafío machista lleno de inteligencia. Tendente al boicoteo y a la provocación, cada actuación de Kaufman suponía un reto para el espectador, como la lectura de El Gran Gatsby hasta que todo el público se iba de la sala. Vivía de una original tentativa cuyo propósito era indignar, incomodar y llegar a una extraña comunión de humor y contrariedad llevados al extremo.

Jim y Andy - fotograma

Por su parte, Jim Carrey reventó los cánones de la comedia en los 90, con esa faceta contorsionista y gesticuladora, insolente y radical con la que llegó a ser uno de los actores mejores pagados de la historia y un tótem del cine de género. Su meteórica carrera se fundamentó con su intervención en una comedia de éxito televisivo como In Living Color o papeles secundarios en películas comerciales. De ahí pasó a protagonizar tres títulos multimillonarios como Ace Ventura, un detective diferente, La Máscara y Dos tontos muy tontos.

Tras encasillarse en comedias cuyo único reclamo era su expresivo rostro (Batman Forever, El chico del cable, Mentiroso compulsivo…), su trascendencia interpretativa iba dar un vuelco con El Show de Truman, de Peter Weir. A partir de ese momento, se granjeó un nombre como un gran actor más allá de las muecas y los gags. De ahí, que su elección en Man on the Moon viniera condicionada por el dramatismo y equilibrio que mostró dando vida a Truman Burbank. Milos Forman apostó por él. Sin saber el infierno que iba a vivir a lo largo de la filmación. Y el que es la intrahistoria que se refleja en este documental tan especial como insólito.

Jim y Andy - fotograma

La estructura de Jim y Andy alterna una entrevista actual a Carrey, que aparece como un viejo ermitaño de larga barba y discurso templado y el material que fue filmado a lo largo de los cuatro meses de rodaje en complot del propio Carrey con la novia real del difunto Kaufman, Lynn Margulies y a su compañero fatigas, Bob Zmuda.

Del mismo modo en que fundamentó Collapse con Michael Ruppert (un ex policía reconvertido en reportero que avanzó la crisis financiera mundial), las preguntas directas a Carrey van haciendo avanzar la confabulación, apoyándose en las imágenes del rodaje, que supone todo el andamiaje narrativo sobre el que se fundamenta el documental.

Jim y Andy - fotograma

Es decir, cómo Carrey se dejó llevar por una extrema interpretación del Método, involucrándose en el personaje como, probablemente, nadie había hecho hasta entonces. Su identidad real se diluyó y el fantasma y carácter de Andy Kaufman le llevaron a un arrobamiento extremo, dando una visión aterradora de hasta qué punto un actor puede llegar en la mimetización interpretativa. En cierto modo, esta curiosa pieza audiovisual simboliza una genialidad, más o menos abigarrada, de cómo un actor en plena cresta de la ola, se ve afectado hasta el extremo por la que puede que sea la mejor interpretación de su filmografía.

Es innegable que existe un sedimento alegórico de toda esa impregnación potencialmente enajenante de Carrey por convertirse en Kaufman, poseído por la persona/personaje y aseverando que todo el proceso estaba fuera de su control durante el rodaje. En su cuerpo vivía el cómico de culto. Eso era un hecho irrefutable para Carrey. Tanto es así, que cuando interpretaba a Tony Clifton, acudía al estudio de filmación con una bolsa de papel en la cabeza, como hacía el propio Kaufman cuando no llevaba la prótesis.

Jim y Andy - fotograma

La ficción, la locura, los límites y el ¿montaje?

Es divertido y a la vez espeluznante comprobar las reacciones de Milos Forman ante la actitud desquiciante de Carrey, lamentando su decisión de contratar a una gran estrella para el papel principal. Uno de los productores y actores secundarios como Danny De Vito aparece en varias ocasiones flipando con todo, cuestionándose hasta qué punto será beneficioso esa metamorfosis y locura. O cómo Judd Hirsch o Paul Giamatti tienen que aguantar la excentricidad dentro de los cánones de profesionalidad que se le exige. La única que disfruta con toda la locura parece ser Courtney Love, desenvuelta y siguiendo el juego en todo momento la extravagancia mental del cómico. A lo largo de ese estudio en primera persona por parte de Carrey, se salpica el metraje con diversos instantes en los que acaba con los nervios de varios de los integrantes del equipo de filmación, se reencuentra con familiares y amigos de Kaufman, actuando como si de él se tratara, interactuando con una realidad de un modo que, a veces, da hasta miedo.

Del mismo modo, asistimos a su faceta como Tony Clifton, llegando borracho al plató y estrellando el cochecito de producción contra el set, insultando a la gente. También cómo entra en Amblin gritando en busca de Steven Spielberg para debatir sobre la veracidad de Tiburón. Incluso, sin abandonar este rol, presentándose en la Mansión Playboy para compartir un whisky con Hugh Hefner y sus conejitas. El magnate del erotismo le sigue el juego creyendo que se trata de Carrey. Tras un par de horas de charla… Jim Carrey aparece como si nada y Clifton es expulsado del recinto. Luego descubriremos que Zmuda y Andy Kaufman daban vida a Clifton alternativamente en el pasado.

Jim y Andy - fotograma

Uno de los aspectos que dan espectacularidad al tránsito actoral de Carrey como Kaufman son sus desencuentros con el luchador profesional Jerry “The King” Lawler, que ya había tenido sus más y sus menos con el cómico fallecido y aceptó reinterpretar sus trifulcas en el film de Forman. Lo que no esperaba era que Carrey se tomaría aquellas barahúndas como algo que remedar de forma análoga a la realidad acontecida en el pasado. En 1982, Kaufman irrumpió en un combate de la World Wrestling Federation para incitar a Lawler, el cual le golpeó de cabeza contra el suelo del ring de lucha libre, enviándole al Hospital.

En Jim y Andy se ve cómo Carrey rehusó a utilizar un doble de acción para conseguir el mismo resultado. Mediante una serie de provocaciones, Lawler acabó tan harto de la actitud de Carrey que estuvo a punto de romperle el cuello lanzándole fuera del cuadrilátero ¿Imprudencia emocional? ¿Locura? ¿Extremismo en la utilización de su técnica interpretativa? En su posterior reencuentro en el late night de Letterman, Lawler le dio un guantazo a Kaufman y lo tiró al suelo. Por supuesto, en el metraje de los entresijos, Carrey no escatima en poner el rostro para que suceda lo mismo y llegar a una recreación muy equivalente. La gran diferencia es que en el documental, el ex luchador profesional asegura que su relación con Kaufman fuera del plató era cordial debido a la dulzura amable de éste. Por el contrario, con Carrey era algo inverso, pues le resultó una persona deleznable

Jim y Andy - fotograma

Llegados a este punto, es extraño percibir cómo se entremezclan la realidad y la ficción, retroalimentando dos vidas enfermamente entrelazadas que se diluyen en un concepto abstracto. Incluso hoy en día, en la narración en primera persona a través de la entrevista de Smith a Carrey, se percibe una inquietante humanización del actor cuando escarba en episodios de su pasado real, en la frustración de su padre, en los sueños comunes o en su infancia mucho más que cuando se dedica a recordar el periplo profesional a las órdenes de Forman. Con ello, no deja de alimentar el fantasma de Kaufman cuando se refiere a todo el proceso. Como bien es sabido, Carrey tiene un perfil psicológico depresivo que le llevó a reconocer un trastorno bipolar cuando finalizó su relación con la ex modelo de Playboy y actriz Jenny McCarthy. También fue muy controvertida la declaración de amor que profesó vía Internet a la joven Emma Stone. O el destrozo emocional que provocó el suicido de su novia, Cathriona White, y que la familia de la joven haya acusado al actor como el impulsor de la muerte.

Más allá de ese un oxímoron de la personalidad llamado “el payaso triste”, lo cierto es que Carrey da la sensación de estar abatido y cansado en las palabras que recuerdan todo aquel episodio de Man on the Moon. Todo suena con gravedad, en un discurso Zen, a lo New Age. Destaca en sus respuestas una anécdota de su reunión con Michel Gondry para protagonizar otro de sus mejores trabajos interpretativos: Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind), en la que narra cómo el cineasta francés, conociendo el dolor interior y el bajón moral del cómico, le suplicó que no se recuperara antes del rodaje, un año más tarde, para exponer toda la tristeza en la película. “Así es este jodido negocio”, reflexiona Carrey.

Jim y Andy - fotograma

Jim y Andy supone un contraste dicotómico que abre la posibilidad a dos variables; la de un actor llevando al extremo de tintes psicóticos una interpretación y mimetización o, por otra parte, una farsa que sugiere una terrible broma sin gracia con el objetivo de conseguir lo que nadie había obtenido hasta ese momento. Lo más interesante de todo es que, en el fondo, el acto en sí, recoge el verdadero espíritu del humor de Kaufman. Es decir, reformular la sátira de las comedias de situación trasladándola a la rutina real. Carrey buscó en todo momento la provocación, un golpe de estado contra lo convencional, en oposición a una estructura tradicional de la filmación de una película. Para ambos, la risa es algo secundario. Importa la reacción del público, devenida de sensaciones como la confusión, el escepticismo y la credulidad en un cóctel de absurdo sinsentido, pero a su vez lleno de verdad.

Carrey y Kaufman, Kaufman y Carrey son individuos prodigiosamente talentosos, pero en gran medida incomprendidos. Y ahí se abre la incógnita de la magia de este documental. El hecho de que Spike Jonze esté detrás de todo el tinglado como productor, utilizando el material grabado que Universal Pictures quiso destruir por evitar dañar la imagen de la película y del propio Carrey, abre una clara diatriba sobre si estamos asistiendo a un juego, a un montaje subrepticio lleno de imposturas o no. Tal vez el mundo del espectáculo que devora al mundo real no fue más que una broma que se les fue de las manos. Sin embargo, Carrey recuerda esta locura con una conmovedora amalgama de vergüenza y orgullo.

“El truco está en la audiencia”.
(Andy Kaufman).

Jim y Andy - fotograma

Puede que ahí esté la clave del trabajo de Smith. El actor de La máscara reflexiona de modo existencialista sobre el alcance de su propia carrera como comediante y se cuestiona a sí mismo si todo el esfuerzo que ha hecho ha sido en vano. Por encima de ese lema de “si deseas algo y luchas por ello con todas tus fuerzas, lo vas a conseguir” Jim y Andy ahonda en preguntas sobre la identidad que va más allá de los fundamentos que propone el propio documental, como una gran ilusión constituida alrededor de un espectáculo de stand up, fusionando sentimentalismo y burla.

Recientemente en una de las pocas apariciones públicas de Carrey en una alfombra roja, interpelaba acerca del significado de la vida, refiriéndose a la inutilidad como seres humanos de no tener el control sobre nosotros mismos. Al final del documental traza un planteamiento sobre ese doble aspecto en el que volver a ser otra persona, refiriéndose a su mimetismo como Kaufman para darle la vuelta a la tortilla. Niega tal proeza, aunque termina diciendo: “Me pregunto qué pasaría si decidiera ser Jesucristo”. Mira a cámara y sonríe con sorna mientras bebe de una taza. Cuánta amabilidad.

Miguel Á. Refoyo “Refo” © 2017

También te puede gustar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Un Mundo desde el Abismo
Secciones

© 2004-2026 Miguel Á. Refoyo "REFO"  |  REFOyo.com  |  UN MUNDO DESDE EL ABISMOTodos los derechos reservados

Volver arriba