Desde hace una semana, Salamanca vive sus particulares Ferias y Fiestas 2008.
En esta ocasión, como viene siendo habitual, la atracción más llamativa y con más éxito no son los conciertos (de los que han destacado el de Muchachito Bombo Infierno, Gwendal y ayer Los Ilegales junto a los míticos Siniestro Total), ni la feria de noche, ni el paupérrimo catálogo de actividades diarias, ni siquiera por las deplorables corridas de toros que aglutinan a lo más granado de la prole salmantina con puro y peineta, la cremè de la cremè, en definitiva, la representación del «ascopénico» espectáculo local.
El protagonismo de las Fiestas se lo lleva la llamada Feria de Día, las casetas, esas pequeñas sucursales de grasa y alcohol que suministran la gran pasión de cualquier celebración que se precie. Las Casetas que han ido evolucionando en su acomodo en zonas determinadas, donde abundan comensales y bebedores, curiosos ocasionales o aficionados diarios a este solaz entretenimiento que, pese a su fondo de intereses e hipocresía, dan vida y color a las Ferias.
La idea es la de un botellón colectivo, fraccionado en pequeños espacios que, en espíritu, esencia e imagen, representa esa actividad tan perseguida durante el año en esta ciudad universitaria; la de un grupo inmenso de gente reunida para beber, comer y más beber en plena calle, con la exención absoluta de normas o decoro.
Es cierto que desde la última vez que este hecho fue comentado aquí, la cosa ha ido mejorando y hasta un servidor disfruta de la rapiña y el abuso por parte de la Asociación de Hosteleros Salamantinos, que ya han copado todos los palos de la baraja, haciendo usufructo de la tradición universitaria festiva y de la propia ciudadanía, pero también lo es aquel último párrafo de la reflexión sobre este fenómeno desde este blog; la hipocresía que se establece cuando la falsedad se alía con los intereses económicos, cuando los patronos del poder giran la cabeza ante las injusticias siempre y cuando les beneficien.
Eso sí, siguen las Ferias y Fiestas de Salamanca. Así que habrá que poner buena cara y disfrutar del cotarro.


