Dentro de un nivel de moderado y absurdo optimismo, el cortometraje que tenemos pensado realizar en 35 mm., en la esencia del Séptimo Arte, en definitiva, celuloide, empieza a dar sus primeros signos de vida. Ya inmerso en el background y en la memoria del proyecto para que cuando empiecen las reuniones acerca del proyecto con mis productores sean traslúcidas y abiertas. Ayer me pasó Chema Guevara los bocetos de los planos que abren el corto y no pude por más que sentir con toda la fuerza del mundo la sensación de que esto se va a hacer, que va a convertirse en una realidad. Sé que suena absurdo, pero después de haber sacado El límite, todo es posible. Me he levantado esta mañana pronto con las estruendosas notas de System of a Down de fondo y la energía parece que corroe mi esencia. Una extraña fuerza empieza a apoderarse de mí. Algo que hacia tiempo que no me pasaba. Tengo este trabajo montado y planificado en mi cabeza. Si conseguimos sacarlo adelante nada podrá salir mal esta vez.
The Encounter (El reencuentro) nace como respuesta a la incapacidad del cortometraje actual por ofrecer algo nuevo y arriesgado. Su intención es traspasar la línea fronteriza que separa los designios genéricos basados en la innovación de la redundancia temática y su forma de emplear el miedo y la angustia en el cine. Este guión marca su origen en una tierra de nadie en la cual se forja su fascinante y turbulento encanto. El propósito es recuperar el malogrado endurecimiento sensitivo apoyándose en las formas visuales y sonoras que provienen de la maldad, la tensión y la inquietud, sin perder de vista que lo sobrenatural es sólo la excusa para hablar de un drama, en este caso romántico, del realismo explícito en el fondo humano y emocional que todos reconocemos, con el que podemos llegar a identificarnos. Es la historia corta que siempre he querido contar en imágenes, la más personal, la que tengo y debo hacer.

