Los Angeles Rams se proclamaron campeones de la NFL por segunda vez en la historia al derrotar por 23-20 a los Cincinnati Bengals.
Nada más empezar el último cuarto del partido, cuando faltaban en el luminoso aún 11:38 minutos para la finalización de la Superbowl, un pañuelo amarillo sobre el campo determinaba una falta sobre Joe Burrow, que se dolía ostentosamente de la rodilla derecha después de que Von Miller le hiciera falta y varios jugadores cayeran encima de él. No es que el Quarterback de los Bengals estuviera cuajando una noche sobresaliente, pero lo suficiente para ampararse en su definición para ir sacando adelante esta final por todo lo alto.
Nunca sabremos qué hubiese sido de la franquicia de Ohio si hubiera terminado esta Super Bowl en unas condiciones físicas óptimas. Su retirada fue momentánea, pero la dureza del impacto condicionó el juego de esta joven estrella que, ya en 2020, se rompió los ligamentos de la rodilla en el décimo partido de su temporada de novato.
No fue el único condicionante del evento deportivo más multitudinario del mundo; la actuación arbitral también dejó cierto grado de protagonismo. No obstante, la derivación de los errores en los dictámenes se dio para ambos flancos del enfrentamiento, bien sea con ese facemask o agarrón del casco de Ramsey por parte de Higgins que originó el segundo touchdown de los Bengals, como ese holding defensivo que reinició el down para Los Angeles cuando el pase había sido incompleto.
Por no hablar de la desidia arbitral a la hora de sacar los pañuelos amarillos, que volaron tan sólo en el último cuarto por jugadas menos punibles que muchas anteriores. No obstante, el resultado final no indica una incidencia trascendente en el marcador, ya que el recuento indicó sólo dos castigos para pérdidas de 10 yardas por parte de los Rams y cuatro para pérdidas de 31 en los Bengals.
Más allá de eso, la LVI Super Bowl, celebrada en el SoFi Stadium de Los Angeles, fue un choque claramente defensivo. Hendrickson, Vonn Bell, Hubbard y DJ Readerpor parte de los Bengals frente a Donald, Ramsey, Von Miller y Floyd en los Rams suponían una esperada confrontación de alto impacto que, en ambos equipos, han brillado a lo largo de la temporada con la solidez de las líneas de protección de estos finalistas. Los sistemas defensivos fueron la clave de una noche de NFL que, a diferencia de las cuatro últimas ediciones, en las que las diferencias en el marcador fueron considerables, se mantuvo igualado hasta el final.
No fue la noche destinada a encumbrar a los quarterbacks, sino de los responsables de delimitar sus ataques. En especial, en ese veterano armatoste a modo de muro que fue Aaron Donald, al que los Rams le deben gran parte del mérito de la conquista del partido. A lo largo de su periplo, este partido del tackle de los Rams, ha sido, posiblemente, una de sus mejores actuaciones defensivas de la temporada y de su carrera.
Los Rams arrancaron mejor la gran final del fútbol americano estadounidense y fueron los primeros en llegar a la end zone con un ‘touchdown’ de Odell Beckahm Jr. Los Bengals empezaron sufriendo, pero aplacando a Cooper Kupp, la figura estrategia del equipo de Sean McVay. Por su parte, la defensa angelina salió con una clara directiva: la de incomodar a Burrow e impedir que conectara en el campo con Jamarr Chase. Pese a que dejó una de las jugadas más espectaculares la velada, en una de las pocas veces que se zafó del férreo marcaje de Jalen Ramsey, los Bengals no pudieron franquear el territorio del rival nada más que un field goal en el primer cuarto.
Aunque las cosas se pusieron de cara para los Rams, con el segundo touchdown de la Super Bowl y un 13-3 en el marcador, el equipo de Zac Taylor fue haciéndose grande en defensa y Burrow, con más protagonismo, logró diseñar un buen drive que terminó en un sorpresivo ‘touchdown’ en una jugada de engaño donde el ovoide llegó a las manos de Joe Mixon con un pase de 6 yardas a Tee Higgins para colocar un emocionante 13-10. Por si fuera poco, Stafford sufrió su primera intercepción y los Bengals no lo aprovecharon. Máxime, cuando Odell Beckam tuvo que abandonar el rectángulo de juego por una lesión que le dejó fuera de la Super Bowl. Un infausto lance que mermó de forma radical la ofensiva de su equipo.
En la segunda parte, el guión, trazado hacia el lado de los favoritos de la noche, los Rams, varió con estas circunstancias hacia el bando de los Bengals que, tan sólo unos segundos de comenzar el encuentro, se encontraban con otro touchdown por parte de Higgins, con esa mencionada polémica de un más que posible agarrón del casco de Ramsey. Seguidamente, otra intercepción en contra de los Rams ponía el escenario de cara a los de Cincinnati. Y es entonces cuando Donald entró en escena, como un elefante en una cacharrería, minimizando errores y estableciendo una dureza en las filas defensivas de los Rams, siendo el detonante en la pizarra de su escuadra. Los Rams no sólo consiguieron reducir el posterior ataque a un solo fied goal, sino que lograron que el marcador del oponente no se moviera en lo que iba a restar de partido (13-20).
La Super Bowl se torció para los Bengals en el instante en que Burrow salió del campo perjudicado por una lesión que levantó las alarmas de toda la NFL. En cualquier caso, la tensión y rivalidad se equilibraron debido a la poca efectividad ofensiva de los Rams, que se apoyó como única vía de salvamento en sus jugadas defensivas. Sin Beckham y sin poder conectar con Kupp y con Stafford, tocado físicamente, los Bengals no supieron aprovechar todos esos contratiempos para sentenciar el partido. Y llegó el momento de Stafford y de Kupp, que agenciaron para su franquicia un drive que llevó a su equipo a la end zone. En un vibrante embate, con varios intentos frustrados otra vez por los Bengals, no pudo evitar el segundo touchdown (23-20) por parte de Kupp como receptor abierto. Sería el marcador final. Sin embargo, restaba 1:25 para obrar el milagro. Tiempo suficiente para alcanzar la gloria.
Todo dependía de Burrow, renqueante, y de una posibilidad de field goal que llevara la noche a una prórroga esperada por muchos aficionados. Pero no era la noche del joven quarterback, que no pudo evitar el acoso definitivo de Donald en un tackle que cerró el partido definitivamente. El Vince Lombardi se quedó de esta manera en el SoFi Stadium. Y elevó a los altares a Aaron Donald, pieza fundamental en el logro del trofeo, un hombre de futuro incierto que había avanzado que este podría su último partido como profesional. No fue el único que sobresalió en la brillantez defensiva del flamante ganador de la Super Bowl, ya que Ernest Jones, A’Shawn Robinson y Leonard Floyd, contribuyeron a que así fuera. El MVP de esta vibrante final recayó en la figura del hombre que lo desestabilizó todo: Cooper Kupp.
Cerraba así una temporada de ensueño. Considerado el mejor receptor de la 21-22, se despidió de la final con una memorable actuación con 8 recepciones, 99 yardas y 2 anotaciones desde la línea de golpeo. Su touchdown en las postrimerías del partido fue la guinda a un final de temporada en la que había establecido el récord de recepciones registradas en una sola postemporada (con un total de 32, y superando las 31 de Travis Kelce, de los Chiefs, en 2020) y, con sus 92 yardas acumuladas por la vía aérea, Kupp llegó a las 486 totales en este final de año. Por su parte, Sean McVay, con 36 años recién cumplidos, se convirtió en el entrenador más joven en ganar una Super Bowl.
Ahora sólo falta preguntarse si Los Angeles Rams, que partían como favoritos, podrán seguir esta estela triunfal en la siguiente pugna por ser el equipo más grande de la NFL. Mucho se duda, porque este equipo había jugado todas sus cartas a una sola temporada. Su cambio de elecciones de draft por jugadores de garantías en arriesgadas operaciones hacían ver que ese All In suponía una puesta a corto plazo. A partir de mañana, la prolongación de contratos de algunos de estos pilares que han logrado el campeonato tendrá complicada su continuidad en la franquicia de Stan Kroenke.
Los Rams no han tenido una selección de primera ronda desde que seleccionaron a Jared Goff como el No. 1 en 2016 y no tendrán otra hasta 2024. Que les quiten lo bailado, deben pensar en Los Angeles. Los Rams suceden, además, en el longevo palmarés de la NFL a los Tampa Bay Buccaneers de Tom Brady, con quienes forman un exclusivo club de franquicias que han levantado el título de Super Bowl en su propio estadio después de que el año pasado el jugador más relevante de las últimas décadas lo hiciera. El año que viene, más.
La otra Super Bowl
La Super Bowl es el evento deportivo por excelencia en los EE. UU. y la culminación de toda la temporada. El amor y la pasión por este deporte está arraigada en la cultura estadounidense en su esencia. La evolución en las últimas tres décadas no ha ido encontrando un punto álgido que, contra todo pronóstico, ha ido perdiendo dinamismo y espectacularidad en las últimas ediciones. El año pasado, con The Weeknd acumuló algunas de las peores críticas en un espectáculo bochornoso que, por si fuera poco, fue costeado por el mismo artista.
Algo que pone en entredicho la capacidad de atención de espectadores y espónsores, así como de la propia NFL. Los últimos años han incentivado este mencionado declive artistas que, sin objeción a sus estilos musicales y alcance mediático, no han alcanzado el interés televisivo que antaño marcaron los grandes nombres del panorama musical. Así, gente como Maroon 5, Coldplay, Travis Scott o Bruno Mars contribuyeron a que esta actuación musical trascendental dejara signos de agotamiento que sólo pudieron ensalzar, tampoco sin mucho alarde, Jennifer Lopez, Shakira y Bad Bunny hace un par de años.
Este pequeño aparatado, tan importante en el legado identitario del show bussiness deportivo de alto rango, que se sobredimensionó en 1993, cuando la NFL le pidió a Michael Jackson que encabezara la actuación musical. Un año antes, en pleno apogeo del hip hop, la FOX aprovechó el descanso de la Super Bowl retransmitiendo un anunciado especial del mítico In Living Color robándole a la final deportiva millones de miradas. La tradición y la deuda histórica con este género se saldó en la madrugada de ayer. Para que el hip hop mantenga su alcance no hacen falta luces, ni glamour, ni pirotecnia. De ahí que el electrizante espectáculo se redujera a homenajear a través de coches lowrider y camiones a modo de casas ciudad anfitriona de Inglewood y la esencia de Avalon Blvd. en Compton, California, donde emergió un club nocturno llamado Eve After Dark, inaugurado en 1979 y que atrajo a grandes nombres como Ice Cube, Eazy-E y Dr. Dre, precisamente el gran protagonista de la velada.
Su legado como pionero del rap de la Costa Oeste, cuya enorme influencia en el género ayudó a moldear las carreras de sus coprotagonistas, especialmente su protegido, Eminem, y sus compañeros héroes locales, Snoop Dogg y Kendrick Lamar se unieron a Mary J. Blige en una actuación muy por encima de lo esperado. Snoop Dogg gritó: “Costa Oeste, haz algo de ruido” y se unió a Dr. Dre para una interpretación de The Next Episode y California Love que satisfizo las exigencias del público presente.
50 Cent hizo su entrada dado la vuelta, colgado del techo como un murciélago, en un guiño al video musical de su sencillo de 2003 In da Club. Mary J. Blige, la reina del hip-hop soul también puso su granito de arena con Family Affair y No More Pain. Dos décadas después de que teloneara en este mismo espacio musical y deportivo a Aerosmith, Kendrick Lamar entonó el mAAd City y Alright para dar paso a otro de los platos fuertes y más esperados como el rapero de Detroit Eminen. Junto a su mentor cantó a dos voces Forgot About Dre antes de lanzarse a una feroz versión de Lose Yourself con Anderson Paak en la batería.
Pese a que se le había advertido sobre actitudes o reivindicaciones sociales y raciales, cuando Dre se sentó frente a un piano para tocaba I Ain’t Mad at Cha, de 2Pac, Eminem acabó su oscarizada canción, hincando la rodilla en el suelo, tal y como hizo Colin Kaepernick, quarterback de los 49ers cuya misma acción durante el himno de Estados Unidos en un partido de 2016 en protesta contra la brutalidad policial y apoyando el Black Lives Matter le costó su carrera deportiva. Con ese polémico e inconfundible gesto Eminem recordó el gesto anti racista y su solidaridad. Desde la teta de Janet Jackson junto a Justin Timberlake, nadie se había salido del guión en una postura tan contestataria.
Mientras, LeBron James (con un peluco valorado en más de 6,5 millones de dólares) bailaba al ritmo durante un espectáculo de medio tiempo con las leyendas del hip-hop, Kareem Abdul-Jabbar, Magic Johnson y Clayton Kershaw disfrutaban del show marcadamente afroamericano. Los seis artistas se unieron para la versión final de Still Dre. Con ello, el halftime show recobró su mejor esplendor, marcando una de sus mejores representaciones dentro de la historia de esta tradición musical. El peso de la cultura hip-hop sobre el escenario de la Super Bowl, asumió la presión de los escépticos y ofreció un sólido espectáculo para demostrar que el rap vanguardista puede funcionar en los eventos deportivos más grandes del mundo. En 2017, Jay-Z se negó a participar en la Super Bowl por la prohibición por parte de la NFL de cualquier mención al Black Lives Matter. Fue criticado por ello, pero viendo lo que pasó con Kaepernick y la controversia que levantó por entonces las protestas contra el racismo, fue una decisión audaz. Anoche se saldó la deuda y la comunidad negra por fin se vio representada en el mayor espectáculo deportivo a nivel global.
Otro de los intra-shows dentro del colosal tinglado es, como puede ser de otra manera, los anuncios publicitarios que desfilan por la pantalla durante las pausas de juego y antes y después de la actuación musical. Otro clásico cuya transformación ha llegado desde los propios anunciantes. De los más de 70 anuncios vendidos, más de 30 fueron a marcas que presentaban por primera vez sus spots en la Super Bowl. Anuncios publicitarios, a veces divertidos y a veces extraños, de todo tipo de productos, desde cerveza hasta coches y webs de viajes y lo típico que se da en auténticas superproducciones audiovisuales.
Los sectores con mayor crecimiento en este año publicitario en comparación con el año pasado han sido los de automoción y tecnología, a la que se ha unido esa inversión en boga que son las empresas de criptomonedas como Crypto.com y FTX. Sólo medio minuto para mostrarse al mundo durante la Super Bowl pueden llegar a costar hasta 7 millones de dólares. El coste medio es de 6,5 millones de dólares, por encima de los 5,6 millones de media de 2019 y 2020, según apuntaba la NBC.
Los índices de audiencia de la Super Bowl repuntaron desde el mínimo del año pasado. Eso sí, sin llegar a un récord mediático. El evento atrajo un promedio de 112,3 millones de espectadores totales, lo que supone un aumento de 15,9 millones con respecto a la pésima audiencia alcanzada el año pasado en el partido que enfrentó a Tampa Bay Buccaneers y Kansas City Chiefs atrajo una media de 96,4 millones de espectadores, que fue el peor resultado desde 2007. Esta edición algunos de los anuncios más sobresalientes llegaron, como viene siendo habitual, con mucho sentido del humor, espectacularidad y efectos especiales o ingenio publicista que suponen otro reclamo con millones de espectadores al igual que el propio encuentro deportivo.
De entre todos, los placajes Jerod Mayo en las salsas Hellmans y su “Make taste no waste” como lema. Shedeur Sanders, hijo de Deion Sanders y quarterback en Jackson State, protagonizó junto a su padre una pugna para ver quién se hace más fuerte comiendo yogur griego Oikos. The little legends, con muchos jugadores clásicos y mitos de la NFL digitalizados como personajes de videojuego que salen de la televisión y provocan un caos en un domicilio familar también suscitó algunos de los comentarios más entusiastas de la noche. Seth Rogen y Paul Rudd poniendo rostro a las Lays Classics por los géneros cinematográficos, el de Soda Flavours o el de Nissan Thrill Driver, con conocidas estrellas como Brie Larson, Eugene Levy, Chatherine O’Hara y DRax, apostaron por la presencia del cine de Hollywood.
Uno de los más divertidos y nostálgicos llegaba de la mano de Mike Myers y un pequeño remake de Austin Powers con el Dr. Maligno, Austin Powers o Fray Kaput en un spot de General Motors. La actriz de moda, Zendaya, puso su belleza para Square o Steve Buscemi aludió a su personaje de El Gran Lebowski en el anuncio para Michelob ULTRA ‘Welcome to Superior Bowl’, en el que aparecían Peyton Manning, Jimmy Butler, Alex Morgan, Serena Williams y Nneka Ogwumike. Actores y actrices famosos son unos de los señuelos más solicitados para esta propaganda millonaria; Ibris Elda con Booking.com, Arnold Schwarzenegger dando vida a Zeus junto a Salma Hayek en el de BMW, Jim Carrey para Verizon, el hilarante spot de pesca con Zac Efron promocionando AT&AT, Mat Damon en el más clásico del Museo virtual de Crypto.com y Mind Reader, protagonizado por el matrimonio en la vida real formado por Scarlett Johansson y Colin Jost para Amazon Alexa. Hubo muchísimo, como cada año, para hacer una lista con los mejores; a ICE T no se le caen los anillos para reírse de sí mismo con Honey Cheerios, el de Planters cacauhuetes consiguió reunir al reparto de la icónica serie de culto The Community, Larry David gruñendo en el de FTX: Don’t Miss Out, el guiño memorístico a través de Los Soprano del coche eléctrico Silverado Chevrolet. Los de snacks, como Doja Cat x Taco Bell o Cheetos y Doritos Flamin Hot y las cervezas Busch Beer y el de Budweiser campestre del perro y el caballo unidos por un vínculo animal, son algunos de los que nunca faltan a esta cita.
Por supuesto, el espacio publicitario dentro del acontecimiento también incluye otro aliciente en esta noche tan especial. Se trata de la lista de tráilers, teasers y avances cinematográficos con el cine más esperado de lo que resta de año. La adaptación de la saga de Tolkien por parte de Amazon Prime, El señor de los anillos: Los anillos de poder, despertó la curiosidad mundial sobre este mastodonte millonario tan sólo dos décadas después de que Peter Jackson alcanzara su cenit con una visión del imaginario literario prácticamente insuperable. El mundo del cómic se ha apoderado de las salas. Ello lo constata la retahíla de anticipos visuales tanto del Universo DC; Black Adam, con Dwayne Johnson, la oscura revisión de The Batman, The Flash y Aquaman and The Lost Kingdom como de Marvel Studios con Doctor Strange en el multiverso de la locura, con el regreso de Benedict Cumberbatch y la serie para Disney + protagonizada por Oscar Isaac Caballero Luna.
Otros adelantos fueron los de ‘Nope’ Jordan Peele, ‘La ciudad perdida’, con Sandra Bullock, Channing Tatum, Daniel Radcliffe y Brad Pitt. Antiguo asiduo de esta noche, bien por sus grandes superproducciones o por sus costosos spots publicitarios, otro de los que no faltó fue Michael Bay, que estrenará Ambulance, una ruidosa superproducción de atracos protagonizada Jake Gyllenhaal, Yahya Abdul-Mateen II y Eiza González. Jurassic World: Dominion, La ciudad perdida, Sonic 2 o The Adam Project, cinta de Shawn Levy para Netflix también tuvieron su espacio en una de las noches más multitudinarias en cuanto al aspecto catódico de todo el año.



























