Review ‘El señor de la guerra (Lord of war)’, de Andrew Niccol

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

El señor de la guerra - cartel

El negocio perfecto

La frase con la que se abre Lord of War es significativa: “Hay 550 millones de armas de fuego en circulación. Eso significa que hay un arma de fuego por cada 12 personas. La pregunta es… ¿Cómo armamos a las otras 11”. Es la apertura de un filme arriesgado e inteligente sobre el tráfico de armas, que se adentra en las procelosas aguas de aquellos conflictos bélicos que se trazan siguiendo intereses económicos de poderosos lobbies, los mismos que manejan el mundo bajo la sombra. Los créditos, incluidos en un prodigioso plano secuencia utilizado como set-piece de inicio, proponen un divertido y acusador juego de lo que será el tono ideológico de la película de Andrew Niccol; la vida de una bala desde que se fabrica hasta que termina en el cráneo de un infeliz combatiente en cualquier guerra de algún país desconocido y subdesarrollado. Es el resultado de las fluctuaciones en el mercado de las armas, donde la delectación económica no repara en daños colaterales y la peligrosa mercancía que respalda el bienestar de los poderosos es la que causa víctimas inocentes.

Lord or War se centra, a medio camino entre el drama político (con ciertas dosis de documental) y la comedia negra, en la historia de un personaje ambiguo, Yuri Orlov (implacable Nicholas Cage), hijos de inmigrantes que ve en el tráfico de armas el modo más rápido y eficaz de empezar a conseguir dinero y poder a través de la historia bélica de Estados Unidos, pasando por la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra fría, hasta llegar a los tiempos actuales, donde el negocio armamentístico se nutre de desconocidas guerras perdidas en el Tercer Mundo. Niccol compone así una lúcida metáfora sobre la contemporaneidad, una abrasiva sátira que demuestra su poderío narrativo sin caer en efectismos gratuitos, renunciando al tono discursivo para dejar que el ritmo de su acertado montaje y la contundencia de su puesta en escena sean las que aporten ese subtexto involuntariamente sensacionalista que hace que el filme se transforme en un vademécum profundamente antibélico e irónico, sin declinar el divertimento identificativo que surge de la empatía del espectador con el traficante de armas. Lord of War afronta el tráfico de armamento como recurso para afrontar una nueva perspectiva de la familia disfuncional, en la que el vacío vital y el falso espíritu redentor son componentes necesarios para entender esta incendiaria película.

El señor de la guerra - fotograma

Tal vez, como se ha escrito en alguna crítica Lord of War, no sea más que la intención de Niccol por “convertir un dato informativo o una estadística aparentemente fría, en una brillante réplica cargada de procacidad”, pero lo cierto es que este magnífico enfoque (con sus necesarios y legítimos maniqueísmos) sobre uno de los problemas más candentes de nuestro mundo subraya la realidad de nuestros días, en el que existe el tráfico de armas generado desde el mismo entorno de aquellos que dirigen los destinos del mundo y abogan por la paz. Por supuesto, el negocio es la prioridad, ya no sólo del tráfico de armas sino que se extiende a otros planteamientos comerciales y globalizadores que matan más lentamente que las armas automáticas.

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