Pioneros de la falsa libertad y la codicia
Jacques Audiard se acerca a una suerte de western crepuscular para contar una historia de violentos buscadores de oro camuflada en un elucidario sobre el capitalismo despiadado.
Echando un vistazo a su filmografía, Jacques Audiard es sin duda uno de los grandes referentes del cine contemporáneo francés. Su contundencia audiovisual, su transparencia virulenta y un poso de autenticidad en el dramatismo que impregna una obra enaltecida por una visión que recuerda a los grandes maestros del cine francés. ‘Los hermanos Sisters’ supone su salto al cine norteamericano, pero no al espectro comercial, sino a una esperada vuelta de tuerca al ‘underground’ de Hollywood. Sin concesiones al alarde efectista que muchos autores europeos desarrollan cuando dan el paso de rodar en Estados Unidos. Audiard lo hace con un western arriesgado y pequeño, que proviene como adaptación de la novela homónima de Patrick deWitt sobre los mitos fundacionales e historias de hombres del Salvaje Oeste. Lo efectúa, eso sí, rodeado por un cuarteto interpretativo de auténtico lujo compuesto por Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal y Riz Ahmed.
‘Los hermanos Sisters’ propone una historia de violencia latente que va fraguándose en un contexto territorial, como si de una maldición se tratara, en el trayecto de un par de asesinos encargados por un Comodoro para rastrear a un químico que ha descubierto una fórmula milagrosa para averiguar dónde está el oro en los ríos. Ubicada a principios de 1850, la usura de esos hombres en busca de la rápida riqueza hizo de la violencia su oficio y transformaron América en un país de buscavidas con un sueño tan difícil como imposible. Audiard aprovecha para reflexionar sobre los cimientos del ‘western’, el desencanto de ese Oeste moderno como final del género. La acción, como es habitual, queda fuera de cámara y los trazos de ese entorno bucólico se detiene en la camaradería, en la hermandad como una frustrada esperanza de un futuro que nunca se materializará. Los sueños de ambos se derrumban cuando aquello que buscan bajo tierra sale a la superficie y hace que la ambición corrompa a cuantos lo rodean.
No es una reformulación del género, ni una revisión del género. La cinta es una elegía de la decadencia de una época cuya modernidad atropella a la anacronía sentimental de estos bandidos. Valores masculinizados como la hermandad, la virilidad van de la mano con la violencia y el alcohol absorbidos por un nuevo mundo en el que cepillarse los dientes o tirar de la cadena del wáter son símbolos de anhelo de una nueva vida que afronta nuevos cambios y pisotea la realidad de estos dos hermanos. Algo que evoca de forma radical a la perspectiva crepuscular de clásicos como ‘El hombre que mató a Liberty Balance’, de John Ford o, más especialmente, ‘Cable Hogue’ de Sam Pekinpah. El viaje hacia su trágico final anunciado se determina en los límites de las preguntas existenciales que van marcando el devenir de la historia. Son hombres ya no saben vivir en comunidad sin luchar por el beneficio propio, cuyas heridas ya no cicatrizarán nunca, tanto en lo físico como introspectivamente. La decepción y frustración estructuran la espiral de brusquedad que no tiene más destino que el de la muerte. El odio va pudriendo a unos personajes que van infantilizando su actitud con el devenir de los acontecimientos, convirtiéndolos en niños perdidos y sin amparo.
Audiard vuelve a recurrir a una vena bucólica, soterrando cada paso en la narración con un radicalismo cada vez más profundo. Su obra siempre oscila entre momentos honestos y profundamente contemplativos y un humor cálido que no sortea la dimensión política con ese proyecto de falansterio, la representación de la mujer a través del fetichismo concedido a una estola o el momento de ternura con una prostituta y otro con un caballo. Sin embargo, en ‘Los hermanos Sisters’, con su tempo denso y lleno de recovecos, resplandece al auspicio de la magnífica banda sonora de Alexandre Desplat, un relato sobre la codicia y la devastación progresiva del medio ambiente por parte del ser humano, así como un dardo cínico y crítico sobre Estados Unidos, un país forjado desde su génesis en el derramamiento de sangre y violencia primitiva. Una nación autocomplaciente con su grandeza pero que ha terminado asfixiada con sus propias ideas de libertad y codicia. La idea de un capitalismo despiadado, envuelto en el cuento de hadas de los harapientos a los ricos, centralizan el elucidario de esta estupenda demostración de saber hacer por parte de Audiard y su inseparable co-guionista Thomas Bidegain.
Miguel Á. Refoyo «Refo» © 2019
FICHA. Francia/Estados Unidos/España/Rumanía, 2019. Color. Duración: 122 minutos. Formato: 2.39 : 1. Director: Jacques Audiard. Guion: Jacques Audiard, Thomas Bidegain (Adpatción de la novela de Patrick Dewitt). Productores: Pascal Caucheteux, Michael De Luca, Alison Dickey, Michel Merkt. Productoras: Why Not Productions, Michael De Luca Productions, Page 114, Mobra Films Productions, KNM, Top Drawer Entertainment, France 2 Cinema, France 3 Cinéma, UGC Images, Apache Films, Les Films Du Fleuve. Distribuidora: Avalon Films. Fotografía: Benoît Debie. Montaje: Juliette Welfling. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed, Allison Tolman, Rebecca Root, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Ian Reddington, Philip Rosch, Rutger Hauer, Carol Kane.