El clásico ‘Blade Runner’, 25 años después

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

El clásico 'Blade Runner', 25 años después - foto

No sé por qué me salvó la vida. Quizá en esos últimos momentos el amó la vida con más intensidad que nunca, no sólo su vida, la de cualquiera, mi vida. Y lo único que quería eran las mismas respuestas que el resto de nosotros: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda? Todo lo que podía hacer era quedarme allí y verlo morir.

Hoy se cumplen 25 años, nada menos, del estreno en cines de Blade Runner, una de las obras maestras de la Ciencia Ficción y de la Historia del Cine. Un cuarto de siglo de una pieza de culto, culmen del cyberpunk en su perfecta adaptación de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.

La película de Ridley Scott (que también celebra el mismo aniversario sin hacer una película a la altura de aquélla), desplegó una coherencia irreprochable y una profusión de excelentes simbolismos impregnados en una atmósfera de sucia acuosidad, de sombríos tonos endurecidos por el fondo lúgubre de una existencia pesimista, empobrecida en una sociedad asolada por el kippel dickiano que representan los desperdicios metafóricos que va dejando el hombre a través de su viciada evolución (o involución, según se estudie).

El clásico 'Blade Runner', 25 años después - foto

Blade Runner ha pasado a la memoria colectiva como una película irrepetible, construida sobre las bases del género policiaco, el clasicismo reinventado y el cine futurista anticipatorio y apocalíptico, a medio camino entre el realismo y las representaciones del Metal Hurlant francés. Scott dejaría para la posteridad una lección de sobriedad y excelencia en la particular historia escrita por Hampton Fancher y David Webb Peoples que indaga de forma contundente en la diatriba entre lo humano y lo místico, para jugar con el espíritu emético de la ambigüedad de ambos conceptos.

Deckard (Harrison Ford) ha pasado a ser el símbolo del escepticismo nacido del alma de ese Philip Marlowe de Raymond Chandler, romántico y existencial, que sigue siendo un emblema del detective sumido en la amargura del conflicto interno que contrapone la impía ley que cumple y su ética condicionada por una aparente condición humana donde la realidad cotidiana es aborrecida sin atisbos de cambio. Tan sólo un resquicio de esperanza que reposa en el amor imposible con uno de sus objetivos a liquidar. Blade Runner sigue ofreciendo en cada revisión ese imposible sentido lírico de la tragedia, cuestionando la evolución moral de una piedad aniquilada ante la naturaleza resignada de los Nexus-6, mucho más preocupados y temerosos por su longevidad, en buscar cuestiones afines a una condición humana más deshumanizada que nunca.

El clásico 'Blade Runner', 25 años después - foto

A modo personal, 25 años después, sigo teniendo una deuda pendiente; la de escribir un amplio dossier sobre este filme de trascendental influencia y entidad que marcó la vida de muchos cinéfilos que crecieron recordando con nostalgia toda la fuerza visual de aquélla inmortal historia de amor bajo las melancólicas notas de Vangelis.

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