Hoy es el día. Dentro de la Trilogía de Regreso al Futuro hoy día 21 de octubre, Marty McFly viajaba al futuro desde 1985 hasta esta fecha. Aquel tiempo mostrado por Robert Zemeckis y Bob Gale recogió el afán especulativo de muchos escritores y fabuladores sobre un futuro alucinante plagado de inferencias apócrifas en las que la ciencia-ficción, sirviendo como punto de partida para soñar nos trajo la enésima narración extraordinarias concebida por los grandes soñadores avanzados a su tiempo, pero que ha quedado en una falsa promesa convertida desde mañana mismo en pasado.
El futuro representado en el filme, a pesar de su convencida ilusión, está más cerca del aquel 1985 cruel y siniestro provocado por Biff Tannen en su codicioso cambio de planes con el almanaque deportivo que a ese modernista paraje con esencia chic de coches voladores suministrados con combustible creado a base de fusión nuclear, aeropatines o Hoverboards o suntuosos edificios públicos convertidos en enormes centros comerciales. Aquel futuro pasará a ser parte de un imaginario ficticio que para una generación cinematográfica generara una expectativa hoy desechada por un presente (antes futuro) que, pese a su avance tecnológico indiscutible, tiene cierto poso de desencanto respecto a lo planteado en una película que el próximo diez de diciembre cumplirá nada menos que el trigésimo aniversario de su estreno en las pantallas españolas.
No obstante, alimentados por la fantasía que incentivó la ilusión de toda una generación inmersa en el génesis de un cine que entonces se vivía como una toda experiencia y una aventura. El cine de los 80, apadrinado por Steven Spielberg y George Lucas, abrió una transformación de aplastante ruptura con todos los aspectos vistos antes, no sólo en un entorno cultural y estético, sino como aportación de un mito de carácter universal de las propuestas fílmicas que llegaban a la cartelera. Por supuesto, Regreso al Futuro sería una de las grandes obras que suponen una mitificación que para muchos de nosotros se sigue viviendo de manera tan personal que forma parte de nosotros, de nuestros recuerdos más privativos.
Treinta años después, cualquier onomástica relacionada con la saga se convierte en algo melancólico y evocador, que resucita una pasión común, una nostalgia que prevalece latente cuando oímos de forma fortuita el título de esta trilogía, cuando recordamos la maravillosa experiencia que era el cine hace tantas décadas. Aquél viaje de equívocos temporales y sus consecuencias, de identificación afectiva hacia un estado de ánimo más que hacia un simple filme, condensan un recuerdo imperecedero en la memoria colectiva que sigue perpetuando la idea que supone una trascendencia que va más allá del Séptimo Arte.
Hoy es 21 de octubre de 2015 y como en aquel viaje a los desconocido de Marty en la segunda parte de Regreso al Futuro retrotrae un sentimiento común e intocable en el que refugiarse, como en los grandes clásicos, haciendo de ella un punto de no retorno hacia la infancia, a la magia de unos días hoy olvidados que avivan aquella llama de fascinación casi extinguida, transmutada en la actualidad en mitomanía.
Es hora de recordar, bajo el espectro del DeLorean DMC-12, la historiografía de una saga memorable que, visto lo visto, tiene signos de perdurar por mucho tiempo en la historia como uno de esos clásicos imperecederos. Antes, ahora y… cómo no, en el futuro.
Por eso, si pincháis ESTE MÍTICO ENLACE, como decía “Doc” en la primera parte: “vais a ver algo acojonante”.



