(1911-2008)
Posiblemente no pase a la historia como uno de los realizadores más conocidos de la Época Dorada de Hollywood. Pero también lo es que ha sido uno de esos cineastas guerrilleros de los que tanto ha anhelado el Séptimo Arte. Después de que Richard Widmark muriera a finales de la semana pasada, otra gloria clásica del celuloide, Juless Dassin, ha muerto con 96 años, dejando para la posteridad algunos de los filmes más incisivos, radicales, violentos y trepidantes de los fastos cinematográficos.
Realizador comprometido y contestatario, Dassin pasará a la historia, además por ser uno de los afectados por la lista negra mccarthysta en la Caza de Brujas de los 50 por su activismo comunista, el autor de un puñado de títulos inolvidables como El agente nazi, Fuerza bruta, Mercado de ladrones o sus obras maestras La ciudad desnuda y, sobre todo, Noche en la ciudad.
Su potencial fílmico se basaba en la audacia con la que supo desarrollar muchos de sus personajes a través de sus impactantes imágenes, sin perder de vista una narrativa frenética y una fuerte devoción por expresión de la puesta en escena, economizando medios y presupuesto, con una honestidad que se puede apreciar en cada uno de sus filmes, en la intensidad de las imágenes. La humanización de sus personajes, por muy miserables que estos fueran, la insinuación trágica de sus tramas y la explicitud de sus motivaciones y la identificación de esa violencia casi brechtiana fueron algunos de los elementos inherentes al cine de Dassin.
En su etapa francesa Dassin siguió ampliando la calidad de su obra con títulos como Rififí, inolvidable thriller, aportaciones al género como Topkapi o la comedia, posterior adaptación a las bambalinas de Broadway, Nunca en domingo (al lado de la que sería su musa y mujer, Melina Mercuri) y películas mucho más europeizadas como la adaptación de Nikos Kazantzakis El que debe morir, Phaedra o Uptight.


