Mario Monicelli, alma de la comedia italiana

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

Mario Monicelli, alma de la comedia italiana - foto

(1915–2010)

Por si no hubiera sido suficiente estos luctuosos días para el Séptimo Arte, uno de los grandes directores de la comedia italiana, Mario Monicelli, se ha suicidado en Roma al arrojarse por una ventana del hospital San Giovanni de Roma, centro donde estaba ingresado a causa de cáncer de próstata en fase terminal. Un director que marcó con sus películas un género alternativo y variante del neorrealismo con un sentido del humor en el que también se podía apreciar una subversiva crítica a la sociedad del momento. Monicelli comenzó trabajando como ayudante de dirección de gente como Augusto Genina, Mario Camerini, Mario Bonnard o Ferdinando Maria Poggioli para debutar junto a Steno en Al diablo la celebridad.

Junto a éste dirigiría otros siete títulos entre los que destacan vehículos cómicos para el actor Totò (Totò cerca casa, Guardie e ladri, Totò e i re di Roma y Totò e le donne). Su primer largometraje en solitario, también con Totò como protagonista, Totò y Carolina, es perseguida por la censura del momento acusada de obscena. Su provocación no quedó ahí, pues desafió a la intolerancia con algunas cintas que buscaba tanto la polémica social como la reflexión. El melodrama Prohibido, adaptación de una novela de Grazia Deledda y la gran oportunidad a Alberto Sordi para darse a conocer con Un héroe de nuestro tiempo preceden a la que sería su gran y mejor muestra cinematográfica, su gran obra maestra: Rufufú.

Mario Monicelli, alma de la comedia italiana - foto

Paradigmática e indispensable en la Historia del Cine, Rufufú es una extraña visión de precocidad europea con respecto a las heist films en clave de comedia sarcástica, donde Monicelli retrata, con insólita lógica artística e ideológica, las pequeñas tribulaciones de la sociedad de la época a través de la preparación de un golpe por parte de unos ex convictos que regresan a la delincuencia avocados por las necesidades y penurias de un tiempo de tristeza y escasez. Una maravillosa dislocación de los film noir que mantiene un ritmo narrativo que fusiona el neorrealismo con la comedia histriónica y absurda. Monicelli ubica su estilo desde un enfoque diferente pero anexo al costumbrismo, modulado por la procacidad crítica que se vivía en su época de esplendor.

La sátira inteligente y una honestidad con el género y con sus historias definieron los mejores años de la carrera de este inolvidable cineasta italiano tan importante en los designios genéricos de su país; la comedia romántica Donatella, el desmitificador y polémico esbozo analítico de la Primera Guerra Mundial de La gran guerra (con la que obtuvo el León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia), la burla a la Edad Media con La Armada Brancaleone y continuación Brancaleone alle crociate, farsas políticas incendiarias del calado de Queremos los coroneles o insubordinaciones fílmicas a modo de comedias como Apasionada, Habitación para cuatro o tragedias cáusticas como Un burgués pequeño, muy pequeño, dejando por el camino un par de nominaciones al Oscar como guionista por magníficos filmes como Camaradas y Casanova, son algunos ejemplos de la nutrida filmografía de un cineasta clásico a reivindicar como gran maestro del cine europeo.

Otro grande que se va. Y, como una maldición no escrita, se une a Nielsen y Kesrhner cerrando esos fallecimientos que vienen de tres en tres.

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