La controvertida adaptación de ‘La Torre Oscura funciona como fantasía urbana de acción y juvenil sin prejuicios cuya máxima virtud es olvidarse de su referente literario sin tratar de operar como extensión del universo de Stephen King.
“No apunto con la mano; el que apunta con la mano. ha olvidado el rostro de su padre. Apunto con el ojo. No disparo con la mano; el que dispara con la mano ha olvidado el rostro de su padre. Disparo con la mente. No mato con la pistola; el que mata con la pistola ha olvidado el rostro de su padre. Mato con el corazón”.
Es curioso cómo incluso antes de su estreno la adaptación de la exitosa saga de ocho volúmenes concebida por Stephen King La Torre Oscura ha sido repudiada sin apenas margen ni la más mínima oportunidad, como una encrucijada que se ha ensañado con la película de Nikolaj Arcel. Las críticas destructivas por parte de los lectores y las primeras críticas especializadas avanzaron la desastrosa carrera comercial de un blockbuster maldito. Su estreno en cines no ha sido, digamos, un camino de rosas. Todo lo contrario. Esta superproducción ha sido una tortura para sus responsables; retrasos, cambio de productora, discusiones, entrada y salida de directores y guionistas, rumores sobre actores, filmación de nuevas tomas una vez terminado el rodaje…
La fábula inspirada en el poema de Robert Browning Childe Roland to the Dark Tower Came sobre Roland Deschain y su archienemigo, El hombre de negro, ha tenido en esta adaptación incluso el beneplácito del mítico escritor de Maine, que llegó a participar junto a Arcel , Akiva Goldsman, Jeff Pinkner y Anders Thomas Jensen en cambios y versiones de guión. Quizá por ello se podría haber esperado cierta condescendencia a la hora de valorar las virtudes de una adaptación poco menos que imposible. La negatividad vertida sobre la cinta ha sido demoledora, tachándola de “ridícula”, “genérica y adoquinada”, “desastrosa”, “carente de épica”, “decididamente aburrida” o “infumablemente mediocre”. Son sólo algunas de las lindezas sobre el producto final que ha salido a la luz.
La pregunta es axiomática: ¿es tan mala La Torre Oscura? Vayamos por partes. De momento, la interpretación cinematográfica de Arcel tiene la virtud de ser una muestra casi kamikaze de engranaje de la serie de King sin ningún complejo a la hora de solapar ese infinito universo literario para crear una ficción de poco menos de 90 minutos. El resultado es una conversión de tanta página en una fantasía urbana y juvenil sin prejuicios. Por supuesto, nadie va a cuestionar la frustración de los fans de la saga respecto al posicionamiento tomado por los responsables de esta adaptación. Con este tipo se saraos es inevitable el alzamiento de voces críticas. Pero no es para tanto.
Aquí la fidelidad del texto brilla aquí por su ausencia y es notable el grado de libertad en la traducción de los mundos de las novelas que se han seguido en esta película. Por lo tanto, el primer inconveniente que hay que superar para poder disfrutar del film es procurar olvidar todas las referencias escritas. King, en sus novelas, nunca reveló un final en la búsqueda de Roland y la narrativa es básicamente cíclica y reiterativa, con lo que, despojándose de ese concepto tan arraigado a la serie, es fácil intuir por dónde han tirado en esta adaptación. Puede que haya una síntesis algo torpe en la traslación fílmica, pero en un concepto global, la línea argumental tiene sentido si se distancia de los libros.
El protagonismo recae en Jake Chambers (Tom Taylor), un adolescente neoyorquino con aparentes problemas psíquicos que dibuja sus visiones: un Pistolero, una siniestra Torre y un misterioso Hombre de Negro que quiere destruirlo. Convencido de que seres de otro mundo con rostro humano quieren secuestrarle, logra huir de ellos a través de un portal multidimensional al mundo de la Torre Oscura. La historia de Roland se conjuga aquí en el chaval y en esa conexión entre el Pistolero y el niño fusionando así múltiples elementos de los libros que consiguen que la amalgama de referencias, la esencia lovecraftiana y los mundos interdimensionales tengan cierta lógica dentro de sus bases argumentales.
En este viaje, se alternará entre la realidad paralela de un vasto desierto casi sin vida y la ciudad de Nueva York como equilibrio en la pugna por evitar que toda la energía extraída de niños superdotados psíquicamente recluidos en una fortaleza multidimensional acabe con el mundo tal y como lo conocemos. Por supuesto que, en el camino, existe cierta percepción de absurdez narrativa y de incongruencias que rozan en su exposición el despropósito, pero su sentido del humor negro y cínico y esa extraña visión de los horrores que subyacen en el cosmos del Universo King, hacen que nunca se tome muy en serio a sí misma. Arcel interconecta las páginas de los libros, superponiendo personajes y jugando con portales demoniacos con el número 1408, parques temáticos con guiños a otros libros de género al denominarse Pennywise y ecos subterráneos a obras como Salem’s Lot, El resplandor o La Tienda. Su exposición y desarrollo de la trama tal vez no sea muy acertada. Sin embargo, esa narrativa inconexa, permite que la historia tenga un espacio para la acción vertiginosa, llena de fuerza en una inocua aventura que funciona como cuento de venganza, historia de iniciación y de búsqueda.
Tom Taylor es lo mejor de la función, reluciendo por encima de todos con su personaje que vincula y fusiona la interacción entre el Pistolero, Idris Elba que, tras ser dilapidado por los incondicionales de las novelas, logra interiorizar a la perfección ese linaje del que es el último guerrero, como soldado cansado de vagar sin esperanza en busca de desagravio de su padre y El Hombre de Negro, con el rostro de un histriónico Matthew McConaughey, desatado y en su salsa de muecas y exageraciones. A medio camino entre la ciencia-ficción post-apocalíptica, la fantasía juvenil de tintes legendarios artúricos y el far west es un divertimento metafísico y paranoico que encuentra su valía, precisamente, en todo aquello de lo que se le acusa: esta adaptación es consciente de sí misma, que no trata de funcionar como un multiuniverso. Por el contrario, contiene elementos reconocibles en el catecismo de King y evoca sus atributos para lanzar al espectador un producto que, si bien recurre a un efecto nostálgico, impone su condición de producto veraniego sin complicaciones. Incluso puede alardear de carecer de mensaje o metáforas complejas, lo que hace entender su divertida infidelidad a la lealtad con el universo de Stephen King.




