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Regreso a Chicago y la memoria de Kobe Bryant
Del 14 al 16 de febrero, el All-Star Weekend, en su edición número 69, regresaba a la Ciudad del Viento por tercera vez. La primera en 1973 y la anterior ocasión data de 1988, que muchos recordarán como uno de los mejores partidos de las estrellas y fin de semana más memorable por cuanto allí se dio. En el viejo Chicago Stadium se vivieron emociones que han quedado para los anales de este show en la retina del colectivo generacional; desde la consolidación del mito de Michael Jordan al lograr el MVP de aquel enfrentamiento y ser el ganador del Concurso de Mates o la figura de Larry Bird, levantando su dedo índice antes de anotar el último triple que le convertía en ganador del Concurso de Triples.
Veintidós años después, ahora en el United Center, la fiesta del mejor baloncesto del mundo tenía otro reto de cambio. En los dos últimos años, Adam Silver y la NBA habían variado y establecido nuevas pautas a esta competición que impulsaran un nuevo componente competitivo al partido de las estrellas. El objetivo es dinamizarlo con la intención de que el espectáculo adquiera una nueva dimensión en la cancha y fuera de ella, como ‘show’ televisivo y reto deportivo para los jugadores. Y vaya que si lo han logrado. El fundamental cambio se ha introducido con un nuevo sistema denominado ‘Elam Ending’.
¿Qué es esto? Los tres primeros cuartos duran lo estipulado. Es decir, los 12 minutos de siempre. La variación llega en el cuarto final, que no tiene tiempo determinado, debido a que se volverá a poner el marcador a cero en ambos bandos para que los equipos pugnen por ganar el marcador parcial jugando hasta que uno de los dos equipos alcance una cantidad determinada de puntos. Esa cantidad de puntos se calcula con la suma de los resultados parciales de cada cuarto, a los que sumando 24 puntos a al total y el primer equipo que llegue a ella es el que gana el encuentro. Esto hace que cuando se inicie el cuarto periodo cada equipo necesite una cantidad distinta de puntos para llevarse la victoria ¿Por qué 24 puntos? Este principio de 2020 está marcado, desgraciadamente, por el trágico fallecimiento de Kobe Bryant, su hija Gianna y siete personas más en un fatídico accidente de helicóptero el pasado 26 de enero. Los 24 puntos simbolizan el dorsal que lució el escolta de los Lakers en su última etapa hasta su retirada.
“Magic” Johnson comenzó la ceremonia previa al juego pidiendo a la multitud que se pusiera de pie y se cogiera de la mano durante un momento de silencio de 8 segundos, el otro dorsal que hizo famoso a la “Mamba Negra”. Aludió al sufrimiento y al difícil trance que ha supuesto la prematura muerte de Kobe en la familia de la NBA. Hubo también un emotivo recuerdo al ex comisionado David Stern, el hombre que convirtió la mejor liga del mundo en lo que es hoy en día y al que el baloncesto le debe tanto.
El turno de Jennifer Hudson, oriunda de Chicago, se materializó con la canción ‘For All We Know (We May Meet Again)’, que hizo llorar a todo el pabellón con su voz y los Bryant en la memoria del colectivo NBA. Sería una noche homenajes y recuerdos a una figura totémica del baloncesto moderno. Entre ellos, que todos los jugadores del Team Giannis lucieron el número 24 en su espalda y, por su parte, el Team Lebron llevó el número 2 en honor a Gianna. En las camisetas de este All Star se distinguía un parche de luto con nueve estrellas, muestra de respeto hacia los nueve fallecidos en el dramático accidente.
Por segundo año consecutivo Giannis Antetokounmpo y, como viene siendo habitual los últimos años, LeBron James, fueron los encargados de elegir previamente a sus compañeros en un ‘draft’ exclusivo para el partido de las estrellas. “The Greek Freak” contra “The King”. El griego tenía en sus filas a dos debutantes en esta fiesta, Pascal Siakam y Trae Young, acompañados de Kemba Walker y Joel Embiid. En el otro bando, la superestrella de los Lakers contó con su compañero de equipo Anthony Davis, Kawhi Leonard, James Harden y Luka Doncic, debutante también en un All Star.
Vamos a saltarnos los tres primeros cuartos. Podríamos analizar lo que fue el partido, pero el protagonismo, la novedad y el atractivo de ese último cuarto ensombreció todo lo anterior. Fue tan intenso como si se disputara un partido de play off o una prórroga de cualquier choque de alto nivel. Las superestrellas no dudaron en sacar lo mejor de sí mismos y no se guardaron absolutamente nada. Hasta ese momento, momento hubo reacción del Giannis Team abanderados por el griego, que se tomó el choque en serio casi desde sus albores. Sólo en un partido tan vibrante podíamos ver algo inaudito: un alley-oop culminado por Chris Paul, que machaba el aro por primera vez en su carrera. Y de qué manera. Cuando hubo que remontar, aparecieron Lowry, Gobert y Trae Young. Terminaron el tercer cuarto con los ‘LeBrones’ obteniendo 100.000 dólares para la organización benéfica Chicago Scholars LeBron y el Giannis Team destinó la misma al After School Matters.
El marcador hasta ese momento: Equipo Giannis 124 – Equipo LeBron 133. Eso significaba que el objetivo de la puntuación estaba fijado: 157. El primero que llegara a esa cifra sin tiempo de por medio, ganaba el encuentro. Esto supuso un evidente incremento del dinamismo y mostró las muchas ventajas de este nuevo formato. De repente, vimos absortos a todos defendiendo, sin forzar tiros ni buscando el decoro o el espectáculo, tomándose en muy serio el partido y lejos de aquellas pachangas de no hace muchos años.
Hay datos que dejan claro el éxito de este modelo; se produjeron 7 faltas en total al final del tercer cuarto por (nada más y nada menos) que 32 en este último asalto. Por si fuera poco, nos dejó una imagen para la historia de este evento, la de los diez jugadores de pista disputando un rebote vital cuando el marcaron indicaba 156-155 a favor del Team LeBron. Tal era la tensión que los árbitros tuvieron que revisar varias jugadas ante las airadas protestas de las máximas estrellas del campeonato. Algo inaudito.
Cuando Harden falló un tiro de tres que hubiera dado la victoria al equipo de Anteto, Anthony Davis consiguió sacarle la falta a Kyle Lowry. Falló el primer tiro libre. Pero con el segundo zanjó el partido. 156-157 fue el resultado final de un All Star que se decidió desde la línea de tiros libres, algo tan propiamente baloncestístico como su propia esencia basada en la estrategia. Este último cuarto duró 45 minutos, pero podría haber durado horas con semejante juego desplegado por ambos conjuntos. Kawhi Leonard, fue nombrado MVP y el primer receptor del este trofeo con el nombre de Kobe Bryant Trophy (antes Maurice Podoloff). El de los Clippers anotó 30 puntos para el equipo LeBron (8 triples, 7 rebotes, 4 asistencias y 2 robos de balón). En su selección, LeBron y Chris Paul anotaron 23 cada uno y Anthony Davis terminó con 20. Antetokounmpo, que capitaneó su equipo, lideró su escuadra con 25 puntos, Kemba Walker también destacó con 23, Joel Embiid anotó 22 (9 rebotes) y Rudy Gobert añadió 21 puntos más.
Por supuesto que hubo espacio para los récords. Uno igualado, el del LeBron Team, que empató un récord de un solo cuarto con 53 puntos en los primeros doce minutos de encuentro. Otros dos superados por el propio “The King”. James estableció el récord de participaciones en un All Star con dieciséis convocatorias arrebatando el liderazgo histórico al mismísimo Kobe Bryant. Además, superó a Kareem Abdul-Jabbar como jugador con más minutos acumulados disputando este tipo de enfrentamientos. Debutaron diez jugadores, ocho jugadores no estadounidenses y todos acabaron, público y telespectadores incluidos, con la sensación de haber vivido uno de los mejores All Star Games de las últimas dos décadas. Tanto Nick Nurse, entrenador del Giannis Team coincidió en que este modelo de All Star ha sido el mejor de los últimos tiempos: “Ha sido genial. Hay que repetir todo esto en años venideros”, declaró tras el partido.
La reincidencia del “robo” a Aaron Gordon.
Como cada año, el ‘Rising Stars Challenge’ abrió el fin de semana con ese ya mítico encuentro entre los jugadores de primer y segundo año repartidos en dos selecciones según su procedencia; los nacidos en Estados Unidos y los del Resto del Mundo. Antes, Pau Gasol, excompañero de Bryant en los Lakers, y la mítica Sue Bird recordaron de forma conmovedora la figura de la legendaria “Mamba Negra”, la de Gianna y la memoria de los fenecidos en ese fatídico accidente de helicóptero.
Todas las miradas estaban puestas en el segundo y último ‘round’ del esloveno Luka Doncic en esta cita de los mejores jóvenes de la liga. Su debut en el All Star de los “mayores” a lado del LeBron Team era el plato fuerte, pero pese a que competitividad está fuera de toda duda pasó muy desapercibido en el choque estelar con los grandes. Sin embargo, en este Rising Stars Challenge el alero y jugador franquicia de los Mavericks anotó 16 puntos y repartió cinco asistencias. No obstante, se vio eclipsado por el recital que dio su compañero en el Resto del Mundo RJ Barret. El ‘rookie’ de los New York Knicks se lució con 27 puntos. El partido estuvo igualado más o menos igualado hasta el descanso, momento en el que Doncic encajó un espectacular ‘Buzzer Beater’ desde más allá de medio campo. Zion Williamson, la nueva sensación de la NBA, intentó dejar huella y protagonizó un par de mates siderales que levantaron al United Center. Ganó USA 151-131 en una pachanga que no decepciona en cuanto a visibilidad, pero que no deja de ser una pachanga entre los jovencitos de la liga. Destacaron, Williamson, Ja Mornat, Doncic, Paschall, Nunn, Sexton, Clarke, Mykhailiuk… Pero fue Miles Bridges el elegido como MVP con 20 puntos y 5 rebotes en 20 minutos.
Domantas Sabonis estuvo a punto de llevarse el Skills Challenge o concurso de habilidades, pero fue derrotado por el pívot de los Miami Heat, Bam Adebayo. Habían caído ilustres candidatos como Dinwiddie, Beverley, Siakam, Middleton, Gilgeous-Alexander y Tatum. Como siempre, el carácter festivo y desenfadado de este concurso puso la nota distendida de la noche y abrió el fuego de los considerados platos fuertes de la noche. El Concurso de Triples también introducía novedades para darle otra perspectiva competitiva y adaptarse al modelo de juego que impera en la actualidad en la liga. La larga distancia que actualiza la tendencia de tiros cada vez más lejanos por parte de los especialistas es un hecho, por lo que en el desafío de ayer se colocaron dos nuevos balones de color verde ubicados en los laterales y dos metros por detrás de la línea de tres (más de ocho metros) que proporcionan al que los enceste tres puntos cada uno.
El problema es que todo este proceso lleva mucho tiempo a los tiradores, que llegaron muy justos a la bocina final con mucha prisa y también bastante desacierto. Zach LaVine, Joe Harris (campeón del pasado año), Devonte’ Graham, Duncan Robinson y Trae Young cayeron por el camino para dejar una final entre Buddy Hield, Devin Booker y Davis Bertans. Pese a que las series fueron bastante erráticas y con marcadores finales bajos, ese duelo final entre Booker y Hield se puso emocionante y terminó ganando este último sobre la bocina final por 27-26 en un espectacular carro final con los balones tricolor de los cuales enchufó cuatro de los cinco (el último le dio la victoria por la mínima).
Y llegó la sorpresa de la madrugada. Viene siendo habitual que el concurso de mates, el AT&T Slam Dunk sea un catálogo de intentos infructuosos por innovar. Todos tenemos en la memoria el célebre Concurso en esta disciplina de 2016. En aquel espectacular duelo final, considerado por muchos como el mejor concurso de mates desde aquel legendario choque entre Michael Jordan y Dominique Wilikins, precisamente en Chicago, en 1988, Lavine se llevó el premio por delante de Gordon con una demostración de saltos increíbles. Muchos pusieron en el grito en el cielo por la decisión final. Y no era para menos, porque a pesar de lo estético y elástico del ahora escolta de los Bulls, el jugador de los Magic mereció el primer premio por la innovación y los mates absolutamente alucinantes que dejó esa noche. Que participaran Dwight Howard y Pat Connaughton es secundario.
Aquella salvajada de 2016 vivió una segunda parte con la final entre Derrick Jones Jr. y de nuevo Aaron Gordon en otra de esas finales que será muy difícil olvidar. Dos empates seguidos en las puntuaciones perfectas de 50 puntos (igual muy exagerado) imponían un listón muy alto. Los mates de ambos valieron la pena. El de los Heat utilizó un mate con molino de viento con la mano izquierda que hundió el balón en la canasta. Los jueces le daban 48 puntos. Gordon, confiado, tenía un as en la manga. Se acercó al jugador de los Celtics Tako Fall, de 2,26 de altura y lo colocó cerca de la canasta con el balón en su nuca. El brutal salto, a la primera, recogió el balón y acabó machacado ante la euforia de todos los jugadores y el público del United Center. Todos le daban como ganador, bajo la atenta mirada de asombro de dos mitos y clásicos del concurso como Dominique Wilikins y Julius Erving. Incluso su contrincante en la final, el propio Jones Jr. le abraza sabiendo asumir la derrota. Pues bien, para todos, menos para el jurado que, ante el asombro e indignación del personal, le concede 47 puntos y le arrebata de forma polémica (¡de nuevo!) otro concurso de mates. Se dice que el jurado formado por Dwyane Wade, Candace Parker, Scottie Pippen el rapero Common y el actor que Chadwick Boseman habían pactado el empata para seguir disfrutando de un par de mates más y que fue el jugador de Miami a punto de retirarse el causante de tal injusticia. Controversia apoyada por la sensación de “robo” que se había producido en otra exhibición
Este All Star Weekend de Chicago debe considerarse como éxito rotundo que merece la pena plantear como formato de futuro en el All Star, como así parece que será. Se ha sugerido incluso que pueda establecerse en la Summer League como oportunidad para ir haciendo probaturas y ajustes. Instaurarlo en la NBA ya es más complejo. Lo que está claro es que este partido de la pasada madrugada sirvió como el mejor homenaje a la memoria de un jugador tan competitivo como era Kobe Bryant. Todos salimos ganando con el cambio. Y ya iba siendo hora.