(1934-2022)
El mundo del baloncesto profesional ha perdido a uno de sus grandes símbolos históricos. A los 88 años, convertido hace décadas en una leyenda como uno de los deportistas más prolíficos, ha fallecido el icónico Bill Russell. El hombre que ganó once anillos de campeón en trece temporadas defendiendo la camiseta de Boston Celtics se marcha dejando el récord absoluto de cualquier disciplina en el deporte profesional de los Estados Unidos. William Felton Russell, procedente de una familia humilde, creció y vivió una época de segregación en West Monroe, Luisiana, una pequeña comunidad agrícola en la que sus padres fueron sometidos a las constantes vejaciones que sufrían los afroamericanos en el sur profundo en ese momento. Sus padres, Charles y Katie Russell su fueron a Oakland, California para alejar a sus hijos de aquel ambiente de odio. No lo pasaron mejor, pero su esfuerzo y tesón y el aliento a trabajar duro convirtieron a Charlie L. Russell en un reconocido dramaturgo y Bill en una las glorias inmortales de la NBA. Aquellos años de discriminación calarían muy hondo en la personalidad de un chaval destinado a escribir con letras de oro su nombre en los fastos de una nación tan contradictoria como la norteamericana.
En su juventud, de 1954 a 1956, ya como jugador de la Universidad de San Francisco, llevó a su equipo a lograr dos campeonatos consecutivos de la NCAA y una racha ganadora récord de 55 partidos sin perder. Él fue uno de los pioneros en revolucionar los sistemas de juego del baloncesto universitario, que se había granjeado una reputación de juego aburrido llevado por jugadores blancos y larguiruchos, empujado a la metamorfosis por la incursión de explosivos jugadores negros hacia un baloncesto mucho más dinámico, moderno y vistoso a los ojos de los espectadores que empezaban a reclamar su visualización a nivel nacional y que pronto se asoció a la cultura negra. En aquellos albores del espectáculo en las canchas, la organización de aquella liga se vio obligado a modificar los planteamientos del juego tras el impacto de la llegada de Russell; entre otras cosas, ampliaron la línea de tiros libres, impidiendo que se interceptara el balón cuando este ya estaba descendiendo hacia la canasta. Fueron unos cambios conocidos como las “reglas Russell”.
Los St. Louis Hawks le eligieron en el número 2 del draft de la NBA en 1956, pero recaló en los Boston Celtics gracias a la insistencia de Red Auerbach, que le quería a toda costa para relevar a Chuck Cooper, primer afroamericano en ser drafteado en una liga compuesta íntegramente por jugadores blancos. Tras una serie de negociaciones, Boston llegaría a un acuerdo con los Hawks por el que traspasó a su mejor jugador, Ed Macauley y al joven Tom Heinsohn, que fue el pick correspondiente a la franquicia de Massachusetts. Antes, en los Juegos Olímpicos de 1956 en Melbourne, Australia, fue el jugador más dominante de todo el torneo y capitaneó a Estados Unidos a una medalla de oro, imponiéndose en la final a la Unión Soviética por 89-55. En Boston, Russell marcó una gesta irrepetible que configuró su asombrosa leyenda: esos once títulos de la NBA, los dos últimos, en 1968 y 1969, ejerciendo además como jugador y como entrenador simultáneamente.
Su herencia no sólo abarcó un número de anillos inimaginables para cualquier superestrella contemporánea, sino que también se erigió como una de las voces fundamentales contra el racismo en el espectro social. En 1959, fue el primer jugador de la NBA en visitar África, como viaje espiritual de las raíces de su raza. En el tumulto racial por los derechos civiles, Russell fue una pieza y un rostro fundamental como activista del movimiento. En 1961, llevó a cabo el primer boicot a la competición por motivos segregacionistas. Cuando los Celtics iban a jugar un partido de exhibición de pretemporada en Lexington, Kentucky, a Sam Jones y Tom Sanders, dos miembros negros del equipo, se les negó el servicio cuando intentaron comer algo en la cafetería del hotel donde se hospedaban. Humillados y muy enfadados recurrieron a Russell y K.C. Jones que, con el beneplácito de Auerbach, se negaron a jugar aquel partido.
Casi 60 años después, el 25 de mayo de 2020, se produjo el asesinato de George Floyd en una vía pública de Milwaukee a manos de un agente llamado Derek Chauvin. El fatídico acontecimiento volvió a enervar a la masa social afroamericana. La NBA se vio salpicada. En agosto de 2020, los jugadores de los Milwaukee Bucks optaron por no salir a la cancha en un partido de playoffs contra Orlando después de que la policía matara a dos hombres y disparara en Wisconsin por la espalda a Jacob Blake, de 29 años, un hombre negro que quedó paralítico a causa de las heridas. Bill Russell hizo referencia al incidente de Lexington mientras aplaudía la decisión no sólo de los Bucks y los Magic, sino la de Celtics y Raptors, que tampoco quisieron disputar su choque. La jornada fue suspendida y aplazada y el Blacks live matter fue noticia global.
“En aquella época era inaceptable que un jugador negro fuera el mejor”.(Bill Russell).
El 28 de agosto de 1963 tuvo lugar la conocida como Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad. El jugador fue una de las figuras mediáticas que se sentó al lado de Martin Luther King en su legendario discurso “Tengo un sueño”. Cuando Medgar Evers fue asesinado en 1963, el jugador de baloncesto viajó a Mississippi para abrir un campamento de baloncesto orientado a la raza negra junto al hermano de Evers. Otro de sus hitos condenatorios fue el de levantar su voz en apoyo de Cassius Clay, ya convertido en Muhammad Ali, cuando éste se negó a luchar en la guerra de Vietnam. El 4 de enero de 1967, en Cleveland, varios rostros afroamericanos se reunieron para respaldar al boxeador al que le costó su título de campeón del mundo peso pesado esta postura de deserción. Russell ya era una voz consolidada y respetada y estuvo presente en esta confluencia histórica en la que también constaba un joven llamado Lew Alcindor que, a posteriori, pasaría a ser conocido como Kareem Abdul-Jabbar.
En febrero de 2011, Barack Obama entregó a Russell la Medalla Presidencial de la Libertad en el Salón Este de la Casa Blanca. Esa misma medalla colgaba en el cuello de la veterana leyenda cuando publicó una foto suya, arrodillándose en señal de solidaridad con Colin Kaepernick y Eric Reid en 2016 quienes, mientras sonaba el himno nacional de Estados Unidos antes del choque entre los 49ers y los Chargers, se arrodillaron como protesta contra la brutalidad policial y la injusticia racial del país.
Dentro de la cancha, el eterno número 6 de Boston, fue uno de los jugadores más inteligentes en la historia de la liga. Poderoso reboteador y férreo defensor, supo utilizar su clarividencia y habilidad para anticipar los movimientos del oponente y taponar cualquier tiro y que el balón suelto cayera siempre del lado de los tréboles. Con ello, activaba la ofensiva de contraataque de su equipo en superioridad de espacios ante su rival. La percusión de Russell sobre el juego fue casi más psicológica que deportiva, con un control, discernimiento y dominio de ambos extremos de la cancha majestuosos. Su habilidad atlética y un salto vertical increíble contribuyeron a forjar una carrera envidiable. Durante sus trece años como profesional, Russell promedió 15,1 puntos por partido, 22,5 rebotes y 4,3 asistencias. Obtuvo cinco MVP, fue All-Star en doce ocasiones y ganó la mencionada medalla de oro olímpica en 1956.
Nunca ganó un MVP de las finales. Fundamentalmente, porque entonces no existía tal distinción. Si no, posiblemente hubiera ganado al menos media docena. En 1980, antes de que Michael Jordan irrumpiera en el panorama del baloncesto internacional y sacudiera con su juego los cimientos de la historia, la PBWAA (Professional Basketball Writers Association of America -Asociación de Escritores de Baloncesto Profesional de América-), le designó como el “Mejor jugador en la historia de la NBA”.
Muchos se han preguntado a lo largo de todos estos años si los once anillos de Russell fueron más relevantes que los seis de Jordan o los cinco de Magic Johnson. Salvando las distancias, es cierto que había menos equipos de la NBA y, durante aquella época, lejos de las astronómicas cifras contractuales, había jugadores que tenían incluso un segundo empleo debido a la exigüidad salarial dentro de la competición. Algo que hacía de la NBA una competición mucho menos disputada. Varios jugadores jugaban mientras compaginaban el deporte con un segundo empleo. Las rondas de playoffs, a su vez, eran mucho más asequibles para equipos como los Celtics en cuanto a número de partidos disputados que las de los astros de Lakers y Bulls posteriormente. Por no hablar de acumulación y desgaste por número de encuentros, que era mucho menor. Nada de eso debe empañar la fantasía numérica de aquellos equipos con Russell junto a John Havlicek, Bob Cousy, Sam Jones, Tom Heinsohn, K.C. Jones o Bill Sharman. Un combinado hegemónico de superioridad de juego y estrategia que sólo sucumbieron con la llegada en 1967 de aquellos Philadelphia 76ers de Wilt Chamberlain, Billy Cunningham, Hal Greer y Chet Walker. Hoy en día sería imposible que un equipo ganara ocho títulos seguidos.
Bill Russel entendió que su logro más significativo no se mediría en conseguir anillos y títulos, sino en su contribución a la mejora provocada por él en el rendimiento de sus compañeros. El 1 de mayo de 1968, llevaría de nuevo a los Boston Celtics a otro campeonato de la NBA, frente a su gran rival en la liga, Los Angeles Lakers. Con una gran diferencia. En aquella ocasión, Russell no era sólo era la estrella del equipo e incondicional defensivo, el eje de la dinastía más extraordinaria del baloncesto profesional, sino también fue el entrenador de todos ellos. Con otra hazaña realizada, la de ser el primer entrenador negro en conseguir un campeonato fue, además, el jugador clave para la consecución del título. Su juego sobre el parqué fue siempre de una elegancia suprema, con una coreografía en elevación muy difícil de superar.
Ha sido, hasta el momento, uno de los dos únicos jugadores en la historia de la NBA que ha conseguido 50 rebotes en un partido. El otro, fue nada menos que Wilt Chamberlain, con quien Russell mantuvo una de las rivalidades deportivas más intensas y legendarias que se recuerdan, pero también una inquebrantable amistad fuera de la pista. Su sentido de la amistad le llevó a ser el intermediario en el acercamiento y reconciliación de la mítica tregua entre las superestrellas distanciadas Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Además, fue nombrado con el primer Premio de Derechos Civiles de la NBA. En 2009, la NBA anunció que, desde ese año, el Premio al Jugador Más Valioso de las Finales, pasaría a denominarse Premio Bill Russell. Hoy nos ha dejado una de las superestrellas más refulgentes del Basketball Hall of Fame. Nos ha dejado una leyenda, el dominador que por los siglos de los siglos será conocido Bill, The Hawk, Russ, Felton X y por mucho otros como “el señor de los Anillos”.
D.E.P.







