Ayer, en el aluvión de fiesta y alcohol de los mitológicos jueves universitarios salmantinos, ‘birreando’ con un amigo, nos propusimos, como en el anuncio de cerveza Estrella Damm, intentar recordar una alineación del equipo de nuestra alma de memoria, lanzando nombres de carrerilla, desempolvando recuerdos futbolísticos sin venir a cuento. Mi amigo intentó recitar el equipo que ganó la Copa de Europa con el Barça en el 92 ante la Sampdoria. Pero erró, no supo dar el estoque a su desafío.
Cuando me dispuse a enumerar la formación del Athletic Club que logró el doblete en la 1983-1984 los nombres de los jugadores me salieron como por arte de magia: Zubizarreta, Urkiaga, Liceranzu, Núñez, Goikoetxea, Gallego, Sola, Urtubi, Dani, Sarabia y Argote. Es más, engrandecido por mi memoria deportiva, recordé que también jugaban en aquel equipo regularmente De la Fuente, Endika o Noriega. Qué equipazo. Mi alma siempre con mi equipo. La historia de un equipo único con una filosofía diferente. Por razones imposibles de explicar a quien no siente igual, siempre me acompañará una satisfacción íntima, una alegría permanente a los colores zurigorri. Es una forma de ver la vida.
Y allí, como un abuelo nostálgico portando una cerveza en la mano, me di cuenta de lo estúpidos y necesariso que resultan estos pequeños momentos de recuerdos nostálgicos.

