Existe cierta propensión por parte de algunos políticos (aunque yo me atrevería a aseverar que todos) por concebir que los votantes, los ciudadanos de a pie preocupados por otras cosas que no de sus risibles actuaciones, somos gilipollas. Muchos de ellos utilizan una desvergonzada táctica sustentada en el buenrollismo, en desplegar una impuesta y forzada simpatía, simulando ser unos individuos cordiales, simpáticos y con un ilimitado sentido del humor. Curiosamente, en este apartado de singularidad política, el asunto lleva consigo una circunstancia que suele promover una inquebrantable dualidad; todo aquel que se hace el enrollado termina pareciendo un imbécil o un inculto.
Quién no recuerda el clásico “jóvenes y jóvenas” de Carmen Romero, las pifias mentales de Rosa Conde (me vienen a la memoria las imitaciones de Buenafuente en el añorado Al ataque), la “famosa pintora Sara Mago” de aquella incipiente humorista que fue y es Esperanza Aguirre, del “espinazo de cerdo en la sopa” de Celia Villalobos, la fluidez verbal de Ana Palacio, las palmaditas en la espalda de Gaspar Llamazares cuando alguien le pregunta algo, el Bilbado que soltó el grotesco Aznar en un mitin, la impuesta y simulada simpatía de Trinidad Jiménez. Y tantos y tantos otros…
La moda consiste en resultar fraterno con lo guay, con esa actitud de ‘soy moderna’, del antes muerta que sencilla se ha ejemplificado con la ministra de cultura Carmen Calvo, que hace un par de días (el viaje a Madrid me aisló del mundo) soltó la frase del mes:
“… Esta ministra que antes de cocinera, fue fraila”.
Puede que haya sido un traspié lingüístico. Tal vez. Un fallo a la hora de conferenciar lo tiene cualquiera. Por eso, esta cómica disposición a caer bien y a improvisar le ha costado a la ministra que los aburridos críticos conservadores y fachillas se le hayan echado encima. Y se lo merece, qué cojones. Y es que el acervo cultural no entiende de errores. Y esto le ha pasado por hacerse la graciosa, por improvisar, por optar hacia una apostura de donaire, por querer aglutinar apegos de distintos estratos, por esclarecer desde sus comienzos que es muy fan de Metallica y que es heavy hasta la médula. Por ser una bienqueda con todo el mundo.

