Resumen Abismal del 2018 Cinematográfico

por Miguel Á. Refoyo "REFO"

TOP TEN 2018

10. ‘Un asunto de familia (Manbiki kazoku)’, de Hirokazu Kore-eda.
El maestro Kore-eda vuelve a ahondar en esa estructura cardinal sobre la que sustenta el orden social que simboliza la familia, esta vez en forma de drama al acercarse a una familia al borde del colapso que va contra las convencionales sociales. En este estrato de marginalidad, que recuerda a la magistral ‘Nadie sabe’, mostrando un Japón actual que sirve como muestra de una sociedad y sistema económico que, como punta de lanza del mundo moderno, aboga por la alienación y el individualismo. La familia Shibata, aparentemente, se percibe como una progenie normal y típica que, bajo esa envoltura, esconde unos componentes que se confabulan para vivir de la mentira y el hurto. Hasta que aparece una niña pequeña a la que cobijan y adoptan como si fuera un miembro más.
La ambigüedad y el cuestionamiento de los valores morales serán diseccionados por Kore-eda en una esfera de habitual cercanía, muy alejado de cualquier tipo de romanticismo, exponiendo una loable fidelidad a su cine, con una esencia cinematográfica en la que brota de forma natural la sensibilidad y la veracidad a través de cada fotograma. En ‘Un asunto de familia’, la belleza que esconde cada encuadre y los detalles y matices reveladores del conjunto terminan por componer una visión de un mundo de relecturas estéticas tan hermosas como devastadoras. Como cada uno de esos componentes heridos que se escudan bajo protección de un estamento como la familia que sirve como refugio de supervivencia.
En último término, una obra tan rotunda como esta, cerciora que su director es un privilegiado analista de la compasión humana, con una conciencia de narrar sus historias mediante una incalculable representación de la vida, las relaciones humanas y de lo que supone una familia más allá de los lazos familiares. Su universalidad, sin caer en el melindre o la afectación formal, convierten a ‘Un asunto de familia’ en otra joya tiznada con un trasfondo de oscuridad que atempera cualquier percepción de condescencia hacia sus personajes y su trama.
9. ‘Roma’, de Alfonso Cuarón.
Alfonso Cuarón elabora aquí una (auto)mirada a su infancia con la que evoca el pretérito revisionista de una sociedad y una época de la historia de México a través de esa familia burguesa de principios de los 70 que conecta la desintegración de la misma con el colapso de toda una clase social marcada por esa manifestación del 10 junio de 1971 conocida como ‘La matanza del Jueves de Corpus’ o ‘El halconazo’. En este tránsito, los juegos de ida y vuelta entre dos fuerzas opuestas, todo va y viene; el blanco y el negro, el cielo y la tierra, arriba y abajo, la metáfora de la separación de clases y, en último término, la misma vida. Como era de esperar, Cuarón posee un poder de inmersión fascinante, trazando su discurso memorístico por medio de los sonidos, de su elaborada composición fotográfica en blanco y negro, de su sensibilidad dramatúrgica que contribuye a un estado de constante melancolía.
‘Roma’ se inscribe en un asumido ritmo contemplativo que desgrana con equilibrio el dominio de su puesta en escena. Nunca aparece como un artificio, sino como virtuosismo a la hora de alcanzar un alto grado de veracidad inspirado por los propios recuerdos del director. Los hombres abandonan a las mujeres y, más allá del reproche o de argumentos, Cuarón compone con esta intrahistoria una oda a la femineidad de esa criada llamada Cleo que, pese a perder un bebé y sufrir los peores reveses existenciales, sigue siendo un fundamento eterno de la estabilidad familair y social.
Ese clima caótico, de carácter político e íntimo, va transformándose en una experiencia conmovedora y visceral, que pronostica un síncope social fundamentado en el individualismo y que sólo encontrará refugio en la importancia del núcleo familiar. La planificación de un director en estado de gracia revela su punto álgido en ese final con el que parece conectar con su anterior película, ‘Gravity’, en el agua, en una escena de tensión en las olas del océano supeditan en el mismo plano la posibilidad de la muerte de uno de los hijos de la familia con el renacimiento como mujer de Cleo. El territorio simbólico del cine, como espacio colectivo y unificador, pasa a dar como consecuencia el film más personal, también el más trascendente, de un Cuarón que otorga con ‘Roma’ un cine transparente e estimulante, como la inocencia que trasmite el gran valor del film, la excelente actriz debutante Yalitza Aparicio.
8. ‘Viaje al cuarto de una madre’, de Celia Rico.
El debut en el largometraje de Celia Rico supone un milagro fílmico, admirable elegía sobre el vínculo maternofilial. ‘Viaje al cuarto de una madre’ propone un minucioso acercamiento al llamado síndrome del nido vacío de esa madre sobreprotectora que es incapaz de superar la muerte de su marido, aferrada a cada recuerdo, a cada instante, sin superar la pérdida. De la noche a la mañana tiene que asumir que su hija abandone el hogar ahogada con una necesidad de cambio. La ruptura de la rutina doméstica y la codependencia de ambas hacen de este viaje una confrontación existencial de hermoso calado humano; mientras la madre interioriza su dolor, incapaz de verbalizar su desilusión vital, la hija encuentra el arrojo para seguir adelante, dando un paso para salir de esa absorción en busca de ruptura. En el fondo, el filme se sustenta en estas dos visiones de necesidad de superar el miedo después de una crisis.
Mediante un cuidadoso proceso de observación, la directora hilvana una historia cargada de veracidad sigilosa, que avanza lentamente por medio de silencios, de miradas o de llamadas de teléfono entre la madre y la hija. Una nochevieja desprovista de cualquier entusiasmo festivo, la paulatina adicción al whatsapp como ventana al mundo, las faldillas de una mesa camilla que se queman, la vieja máquina de coser que, de repente, necesita reparación, el bocata de jamón y el embutido que la madre va escondiendo en la maleta de su hija, así como ese viejo acordeón que desempolva la tristeza como signo de aceptación respecto a ese fantasma que madre e hija intentan eludir son pequeños elementos que van concertando un relato intimista que prescinde de cualquier ornamento musical, ajeno a cualquier intención de manipulación emocional.
De fondo, la crisis financiera de 2008 que ha olbilgado a multitud de jóvenes españoles a ganarse la vida en el extranjero como futuro migratorio y una disertación sobre la soledad de saber que, más allá de las fronteras y la separación, esta madre y su hija sólo se tienen la una a la otra, por lo que la distancia debe reforzar la ligatura de sangre. A pesar de ser una cinta triste, sabe transferir una cualidad expresiva del lenguaje fílmico en un eterno juego entre el documental y la ficción que hacen que el drama no sea lastimero, abriendo la puerta a la esperanza con la hija encontrando una apática libertad en un trabajo de niñera explotada que le sirve como tomo de contacto con la madurez. Por su parte, la madre, amplia horizontes en conmovedoras distancias con su realidad. Como el simple hecho de tejer unos trajes para un antiguo jefe del taller de confección donde cosía. Una película pequeña, introspectiva, que nos acerca al crecimiento, al dolor y la superación de estos dos personajes. Una obra magna procesada desde las entrañas, con las emociones cuidadosamente sustentadas en la luminosidad en las interpretaciones de unas Lola Dueñas y Anna Castillo solemnes.
7. ‘Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri)’, de Martin McDonagh.
En un pequeño pueblo sureño, con la iconografía simbólica del corazón de la América profunda, la sordidez de violencia brutal salpica con humor negro que parece sugestionado por la idiosincrasia de los hermanos Coen juega con un subtexto mordaz y desgarrador sobre la sociedad en la que vivimos. La oscuridad emocional, el dolor y los deseos perdidos en este minúsculo municipio reaccionario y yanqui encuentran varios puntos en común con esa verdad escondida que no cambia por mucha capacidad de soportarla que se tenga. Además, Mildred Hayes, personaje de implacable terquedad, inicia una búsqueda sin final plagado de escollos que sirve como autoexamen y aceptación de la realidad.
Dentro de esta modélica película de corte independiente subyacen elementos que se sutilizan con el discurso apaciguador; bien sea el asesinato, el suicidio, la brutalidad policial, el abuso doméstico o el fanatismo. La ironía y el sentido del humor acomodan los tópicos de una visión de esa América que ha crecido con un sueño americano cínico y cíclico que está podrido casi desde su concepción complaciente. Y McDonagh juega con ello desde una perspectiva cercana al arte de Grant Wood, con un drama de gran tamaño que eleva la película al estándar absurdo y contundente de las grandes obras del Gótico Sureño, al tiempo que mantiene una visión honesta y antipatronizadora del actual caos sociopolítico que ha impactado la sociedad con la presidencia de un personaje tan inefable como Donald Trump.
La poética humanista encierra un formidable equilibrio de sutileza y oscura astucia en la crónica de una América profunda en descomposición. La América racista, la América que eligió a Trump, la América que prohíbe la diferencia y en el que un cadáver abandonado al olvido, una madre enfrentada a un pueblo, un sheriff moribundo y un policía ‘redneck’ representan unos valores vigentes en la política estadounidense del momento. Algo que esgrime un estudio sobre la violencia, la autoridad y el privilegio, sobre la pena y la culpa, la venganza y el perdón. Y, por si fuera poco, el film concluye con un epílogo en el que nada se ha resuelto, pero todo ha cambiado. O, al menos, así lo deja ver su director.
6.‘Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse)’, de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman.
‘Spider-Man: Un nuevo Universo’ juega con sus propias reglas, muy consciente de ser un libre aditamento al UMC, para abordar con total desparpajo y multitud de referencias de la cultura pop, estilos heterogéneos y divergentes cromatismos en una visión radical y distinta del icónico superhéroe. Esta nueva visión apuesta por una ampliación sensorial radicalmente distinta que busca sintetizar la esencia arácnida con el divertimento que propone la apertura a nuevos campos narrativos. Juega en otra división muy sugerente, la de la pluralidad de universos gracias a la teoría de cuerdas y al principio cuántico de los multiversos, estrato donde esta maravilla encuentra poco menos que la excelencia.
Son variaciones proyectadas desde el original a un nuevo cosmos en el que convergen otros ya conocidos y con el que asumir plenamente las declinaciones de un hipotético Spider-Man cansado de ser héroe y la realidad coherente de un chaval de trece años al que esta historia le viene demasiado grande. Desde muy pronto, juega con sus propias reglas para romper discursivamente sus precedentes y permitirse abordar con total desparpajo multitud de referencias de la cultura pop, estilos heterogéneos y divergentes, cromatismos y efectos que sobrevienen a una reconversión hacia el mundo del hip-hop, los nuevos tiempos, el techno y un libertinaje diluido que nunca pierde de vista los estilemas de Marvel y el submundo heroico de Spider-man y toda su problemática.
‘Spider-Man: Un nuevo Universo’ es una advertencia sobre este mundo actual absorbido por la tecnología y el ente virtual donde la cultura pop, tan nostálgica como instrumentalizada, desvincula a sus espectadores de la realidad. El multiculturalismo es una vía de conciencia que adquiere la reciprocidad en un mundo individualista sea cual sea el origen interdimensional. Cualquiera puede convertirse en héroe y asumir responsabilidades importantes en circunstancias muy distintas, pero finalmente el heroísmo sacrificial sigue moviendo la sociedad de bien representada en el universo superheroico. Si además se da una meta-reflexión sobre las relaciones entre la obra y su público y el diálogo entre las distintas formas, bien será a través del espacio y del tiempo, del cómic, la animación y el cine, estamos ante una de las mejores películas de superhéroes de la última década.
5. ‘Hereditary’, de Ari Aster.
Los temores profundos del ser humano y las supersticiones, tanto de carácter tradicional como vanguardistas, siguen agitando los miedos del espectador bajo la superficie de la vida doméstica ordinaria. La arcaica maquinaria del horror puede desbastar su estirpe y seguir ofreciendo pesadillas colectivas por medio de estratos revestidos de sutil transgresión, haciendo que el género siga descubriendo nuevos caminos para dar salida a una a los temores y emociones reprimidas. Es el caso de ‘Hereditary’, la asombrosa ópera prima de Ari Aster. Un drama psicológico que reúne una reflexión sobre el duelo y la pérdida personal, las supersticiones, los mitos y la enfermedad mental como carga familiar.
A través de su metraje, el lento fluir de la historia va bullendo una atmósfera opresiva desde su primer fotograma, desarrollando los dolorosos acontecimientos incluso antes de que los aspectos sobrenaturales entren plenamente en juego. Si hay algo que prepondere en su línea narrativa es la inexistencia de ese anticipatorio golpe de efecto o la instrumentalización sonora para provocar el miedo. ‘Hereditary’ se aleja de los clichés efectistas, utilizando una inquietante comunión con el drama interno contagiado en el seno familiar, que se ve afectado por diversas causas que escapan a la explicación lógica, aunque todo el mecanismo trágico se va dando por circunstancias de dolorosas consecuencias. Con ello, se disecciona con notable trascendencia la destrucción del núcleo familiar mediante un proceso de degradación mental que lleva irremediablemente a la locura.
El imaginario familiar de los Graham y su progresivo descenso a los infiernos se trata desde contexto lleno de desesperación y dolor, filmado con un rigor y una meticulosidad bastante inaudita en un director novel. La perfección de cada encuadre busca constantemente la identificación con sus pertinentes movimientos de cámara, con la inercia del personaje, dejando un espacio abierto para el espectador se sienta parte de los acontecimientos. Toda una hazaña artística que nos pone sobre aviso acerca de un cineasta fuera de lo común.
4. ‘Los archivos del Pentágono (The Post)’, de Steven Spielberg.
Steven Spielberg ofrece con ‘Los archivos del Pentágono’, una lección de periodismo y cine instituido en los valores periodísticos y la deontología sobre las presiones políticas que ejemplarizó el comienzo de la decadencia del gobierno de Richard Nixon. Katherine Graham, la primera mujer editora de un importante periódico estadounidense con el Washington Post, unió fuerzas con su editor, Ben Bradlee, para garantizar la libertad de expresión de esa envejecida Primera Enmienda, siguiendo unas revelaciones de otro poderoso medio como el New York Times acerca de la injerencia americana en el conflicto bélico vietnamita. Aquélla divulgación pública deterioró la imagen de Nixon hasta hacerle perder el poder con su dimisión con otro histórico escándalo como fue el del Watergate.
Steven Spielberg realiza otro trabajo ejemplar, de un dinamismo de planos sublime, en conjunción con el ritmo necesario en esta cuenta atrás. Desde una puesta en escena que mantiene una relación mimética con los personajes, hasta la escenificación intradimensional de este episodio histórico. Y lo hace sin perder la opacidad y la complejidad de los acontecimientos. El choque político y legal entre la prensa y la Casa Blanca sobre la libertad de expresión va acompañada de otro conflicto interno más interesante si cabe, como es el polémico debate que se abre dentro del periódico, el de los intereses de la heredera de la publicación y la misión de información editorial. En muchos sentidos, particularmente en términos de control y manipulación, el mundo actual es peor que el de hace medio siglo, parece querer transmitir Spielberg con su nueva película. A tenor de esto, la última secuencia podría ser el anticipo o incluso un malicioso ‘crossover’ de la magnífica ‘Todos hombres del presidente’ de Alan J. Pakula y el escándalo que llevaría a la destitución del presidente Nixon.
Bajo su falsa estela de “trabajo menor” dentro de los últimos proyectos de Spielberg, ‘Los archivos del Pentágono’ contiene en su carácter discursivo una percepción de cine clásico, bien sea por esa por la fotografía de Janusz Kaminski que recuerda a los edictos estilísticos de Norman Rockwell o por las notas del siempre inspirado John Williams e una banda sonora superlativa. Estamos ante una impecable película humanista y podría decirse que hasta progresista, dado lo profundamente crítica que se muestra a la hora de abordar una lección de periodismo y cine instituido sobre dos variables de conciencia que deben darse en cualquier democracia que se precie; la conciencia profesional y la conciencia moral, términos clave para lograr esa dinámica liberadora sobre la información y su papel social en el mundo.
3. ‘El Hilo Invisible (Phantom Thread)’, de Paul Thomas Anderson.
Como en toda la obra de Paul Thomas Anderson, ‘El Hilo Invisible’ supone una obra oscura y arriesgada llena de interpretaciones y metalingüismo, que aquí se centra en el mundo de la alta costura del Londres de los 50 con una perturbadora y fascinante relación tóxica. La pureza de complementariedad entre lo clásico y lo moderno, el formalismo y experimentación radical con el medio han convertido a este cineasta superdotado en un referente más allá del manejo de estructuras genéricas canonizadas, con las que juega dotando sus películas con una comprensión de la puesta en escena admirable. En ‘El hilo invisible’ vuelve a exhibir esa vena más clasicista, sin perder de vista la ambición narrativa y amplitud estética que en él es habitual.
Dentro de un peculiar concepto del amor que no encaja en los parámetros de la pasión o de la ternura, es destacable en ‘El Hilo Invisible’ ciertos ecos ‘freudianos’ del eros y el tánatos como ciclo inseparable que vinculan la vida y la muerte, la necesidad de la creación y la destrucción, como ejemplo de cómo el deterioro alimenta el arte. La voluntad de compartir una vida no encuentra aquí una lógica, pero sí la de consumirse completamente el uno al otro y de subsumirla dentro del propio deseo. Estamos ante película hermética y grotesca, que sugiere cómo el creador terminará asumiendo su delectación por la complacencia de un matrimonio nada funcional que vincula, en cierta medida y con ese mencionado hilo, proletariado y burguesía, arte y amor, vida y muerte o estremecimiento estético y pasión carnal.

Anderson recrea una sublime inmersión en el mundo de la costura y de la creación, donde cada elemento subraya su genialidad tras la cámara, con una libertad creativa que impone una planificación y modelación visual. Su gran heterodoxia técnica y grandeza encuentra su extensión acumulativa en la armonización de elementos expresivos solemnes como la soberbia partitura de Jonny Greenwood, el opulento vestuario de Mark Bridges o el luminoso diseño de producción de Mark Tildesley. ‘El hilo invisble’ es la pesadilla de un creador desintegrado por un mundo terrenal más allá de la creación y sus efectos. Y, como no podía ser de otro modo, una fábula sorprendentemente homogénea y única no apta para todos los gustos.

2. ‘The Florida Project’, de Sean Baker.
‘The Florida Project’ nos lleva a pocos kilómetros de la magia que desprende el universo de Disney’s Magic Kingdom, ubicado en la autopista 192 en Kissimmee, en Florida, donde subsisten un grupo de los habitantes más desfavorecidos del país. Allí viven de forma precaria en coloridos moteles en los suburbios de Orlando cientos de familias ahogadas por su situación económica. Lo que hace años eran espacios turísticos destinados a los turistas del cercano parque de atracciones, ahora son el hogar de una población que ha sido desmantelada por la crisis y alejados de las grandes urbes.
Sean Baker y Chris Bergoch han escrito una película que reconoce el dolor sin sucumbir a él, creando unos personajes marginales que, pese a sus pésimas condiciones de vida, son descritos desde el cariño, con un respeto transmitido con autenticidad por dos actrices no profesionales como son Bria Vinaite y esa fuerza de la naturaleza que es la magnética Brooklynn Prince. Como si dejara que la cámara grabara las reacciones que se suceden, Baker trufa de verdad cada fotograma, dejando que todos los intérpretes que desfilan por la cinta actúen con una desvergüenza y frescura tan vivificante como la rebeldía que transmiten sus personajes. La grandeza de ‘The Florida Project’ es que se abstiene de juzgar a ninguno de los componentes de esta fauna, para seguir un punto de vista infantil y canalizarlo a través de un contraste entre la apariencia mágica y la sucia realidad.
Es difícil no pensar en los ocurrencias del joven Antoine Doinel en ‘Los 400 golpes’ o la esencia vital del Holden Caulfield de Salinger. ‘The Florida Project’ una película muy especial, emocionante y descarada que ha encontrado la voz de Baker como adalid de un autor con personalidad que sabe rendir homenaje a este sector de la población con una sensibilidad inaudita. Estamos ante un drama social muy poco convencional que exhala audacia y dinamismo a la hora de rehusar los códigos del cine comercial e ilustrar, de paso, la verdadera independencia desprovista de etiquetas genéricas. Y como conclusión, el espectador se da de bruces con la realidad, con ese estallido dramático salpicado por las lágrimas de una niña que entiende cómo el mundo real le va a afectar de forma inmisericorde y que pretende escapar, aunque sea por unos instantes, en ese último plano tan desgarrador como cruel y tan real como la vida misma.
1.‘The Rider’, de Chloé Zhao.
La segunda película de Chloé Zhao es una poética perspectiva sobre las segundas oportunidades y la aceptación de la realidad en un universo tan tradicionalmente norteamericano como es el de los rodeos. ‘The Rider’ es una amarga tragedia con un atisbo de esperanza repleta de humanidad. Su belleza formal y narrativa atesoran la autenticidad de la emoción en el cine, a veces contemplativa, rozando la ficción y el docudrama, entrando en el terreno del neorrealismo muy ‘europeísta’, tan dura como honesta en su respeto absoluto sobre lo que se cuenta.
Un estremecedor reflejo de la vida que juega con la empatía, desprovista de condescendencia hacia esa América Profunda. Una América marcada a fuego por la naturaleza y la tradición fronteriza, con un metódico determinismo realista desposeído de ornamentos ni ambiciones espurias. Es una película sobre la lucha y la decepción, sobre rehabilitación del alma. Y, lo que es más importante, estamos ante una inmensa película del Oeste que contiene en sus venas cinematográficas la auténtica esencia de un ‘western’ clásico que hurga en las antecedentes reinterpretaciones cinematográficas del género para describir una comunión de discurso con los clásicos. Fundamentalmente, en su interiorización de la lucha de un pueblo y su forma de vida dentro de un mundo que cambia rápidamente.
Pese a ese impulso natural y humano de aspirar a más de lo que tenemos, la catarsis que puede suponer la autoaceptación de la realidad, por muy cruel que sea, da la oportunidad de seguir adelante. Una historia de segundas oportunidades, más allá de los condicionantes de los sueños, que abre la incertidumbre de un futuro muy alejado de lo que había imaginado dentro de esta vida. El joven Brady observará su existencia tras las brumas que anticipan grises tormentas en el horizonte. Y lo hará como un jinete cabalgando hacia la puesta de sol, pero sin montar a caballo y con toda una vida por delante.
DIRECTOR 2018
– STEVEN SPIELBERG
(‘Los archivos del Pentágono’, ‘Ready Player One’).
Considerado como uno de los grandes maestros de todos los tiempos, Spielberg volvió a demostrar su oficio y estado de forma repitiendo aquella proeza de dirigir dos grandes obras en un mismo año. Si en 1993 dio a luz dos obras radicalmente diferentes de una trascendencia única como ‘La lista de Schindler’ y la revolucionaria ‘Parque Jurásico’, 25 años después se ha permitido el lujo de filmar en dos frentes que bien podrían equipararse a aquéllos; ‘Los papales del Pentágono’ y ‘Ready Player One’.
El Rey Midas de Hollywood demuestra por enésima vez que es capaz de expresar su vena más clásica y sutil con una monumental oda al sentido de la profesión periodística y a la libertad de prensa en el complejo equilibrio entre el poder y los medios en una sociedad incentivada por los intereses y, a su vez, abordar un mastodonte de efectos especiales con la adaptación de ese prontuario a modo de ‘fanfiction’ de la cultura pop que es la novela de Ernest Cline. En ambas, el genio contemporáneo subyuga con una erudición fílmica a través de una dimensión artística en la creación de los planos y la puesta en escena cuyo valor emocional y cinematográfico apuestan por el riesgo, a contracorriente, como si de una santa celebración se tratase. Puro cine.
Lo íntimo y lo aparatoso vuelven a conjugarse en una jugada consecutiva que amplifica la figura de un creador nato. Spielberg sabe llegar a diversos tipos de audiencias esgrimiendo unos códigos y elementos hipnóticos particulares, con suspense, drama, sentimentalismo y sentido del humor que atesoran un poder de fascinación imprescindible. En una esfera visual y diegética, el cineasta constituye una corriente narrativa fundamental para entender el cine norteamericano contemporáneo.
ACTOR 2018
– WILLEM DAFOE
(‘The Florida Project’, ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’, ‘Aquaman’).
La lógica encaminaría un reconocimiento como este al gran Gary Oldman en su destacada metamorfosis como Winston Churchill en ‘El instante más oscura’, cinta que explora el momento más complicado de su mandato como primer ministro británico, siendo hombre decisivo para la finalización de la II Guerra Mundial. Posiblemente, casi con total seguridad, obtenga el Oscar de la Academia por su construcción del mítico político británico. Sin embargo, hay otro de esos actores que no suelen acaparar los focos en este tipo de premios y que este año ha demostrado ser uno de los talentos más destacados del plantel interpretativo anual. Se trata del mítico Willem Dafoe, actor de carácter y rostro rocoso que se ha familiarizado a lo largo de una dilatada carrera en la que pocos papeles no han sido notables muestras de su saber hacer.
Bobby, ese gerente que vigila el motel The Magic Castle, motel ubicado muy cerca de Disney World y que, sin embargo, ejemplifica el umbral de la pobreza estadounidense con esa denominada ‘white trash’ que mantiene la esperanza de una sociedad decadente, transmite una humanidad inspiradora, trufada de matices y dobleces. Dafoe ejerce de nexo de unión para aunar a esa fauna que protege la inocencia infantil en un turbio cosmos que refleja una realidad atroz del país de las oportunidades. También con ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’ dota al artista neerlandés con un trasfondo de fragilidad que rehúye del histrionismo, mostrando todos los estados de ánimo del pintor, llevándolo a extremos de interpretación que rozan la excelencia.
ACTRIZ 2018
– FRANCES MCDORMAND
(‘Tres anuncios en las afueras’, ‘Isla de perros’).
Tres enormes vallas publicitarias en desuso son alquiladas y restituidas por Mildred Hayes, una madre coraje que lanza un duro mensaje a las autoridades locales sobre la investigación infructuosa de su hija, mancillada y asesinada siete meses antes sin que se haya podido recabar información sobre el caso hacia una posible resolución. El personaje que interpreta Frances McDormand es de esos que dejan mella en la memoria colectiva. Su densidad dramática está dotada dentro de los límites de la excelencia con un rol que deja pocas concesiones a la empatía con el espectador. La actriz está imperial y feroz como esa madre mordaz y afligida, egoísta y conservadora que viste como la mujer del icónico cartel de J. Howard Miller ‘Rosie, la remachadora’ y que vive encerrada en su dolor hasta el punto de ignorar el de los demás.
Sin duda, es la gran candidata a arrasar en todos los grandes premios que están por venir. Su condición de actriz todoterreno la han transformado en una presencia de calidad aportada con un talento arrollador. Su fuerza en pantalla se determina como un arrollador caudal de actuación naturalista. Cada mirada, cada gesto, perpetúan un tonelaje que refleja con sutilidad desde la más íntima amargura, el cinismo, la bondad o un carácter femenino veraz. Lo más atractivo de McDormand la huida involuntaria a cualquier estereotipo o cliché que no debería estar instaurado en los roles femeninos de Hollwyood. Algo contra lo que lucha con firmeza. Todo en esta mujer de armas tomar que se ha ganado la admiración y el respeto del mundo con una carrera cimentada en la honestidad y la solidez. Su aportación vocal a la estupenda ‘Isla de perros’ no es más que la guinda al pastel de un año que será memorable para la esposa de Joel Coen. Es una grande. Y merece todos los elogios del mundo.
PELÍCULAS DESTACADAS
– ‘Isla de Perros (Isle of Dogs)’, de Wes Anderson.
– ‘First Man. El primer hombre’, de Damien Chazelle.
– ‘Yo, Tonya (I, Tonya)’, de Craig Gillespie.
– ‘Lady Bird’, de Greta Gerwig.
– ‘Predator (The Predator)’, de Shane Black.
– ‘Caras y lugares (Visages villages)‘, de Agnès Varda, Jean René.
– ‘Gorrión Rojo (Red Sparrow)’, de Francis Lawrence.
– ‘Call Me by Your Name (Luca Guadagnino)’, de Luca Guadagnino.
– ‘La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs)’, de Joel Coen y Ethan Coen.
– ‘Filmworker. A la sombra de Kubrick’, de Tony Zierra.
– ‘Bisbee ’17’, de Robert Greene.
– ‘Misión Imposible: Fallout (Mission: Impossible – Fallout), de Christopher McQuarrie.
– ‘Burning (Buh-ning)’, de Lee Chang-Dong.
– ‘Thunder Road’, de Jim Cummings.
– ‘Alma Mater (Insyriated)’, de Philippe Van Leeuw.
– ‘The party’, de Sally Potter.
– ‘Zama’, de Lucrecia Martel.
– ‘La forma del agua (The Shape of Water)’, de Guillermo del Toro (Leer crítica).
– ‘Lucky’, de John Carroll Lynch.
– ‘El Reverendo (First Reformed)’, de Paul Schrader.
– ‘El viaje de Nisha (Hva vil folk si)’, de Iram Haq.
– ‘Los Increíbles 2 (The incredibles 2)’, de Brad Bird.
– ‘Dogman’, de Matteo Garrone.
– ‘78/52. La escena que cambió el cine’, de Alexandre O. Philippe.
– ‘El Malvado Zorro Feroz (Le Grand Méchant Renard et autres contes)’, de Benjamin Renner y Patrick Imbert.
– ‘Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman)’, de Spike Lee.
– ‘El Capitán (Der Hauptmann)’, de Robert Schwentke.
– ‘Thelma’, de Joachim Trier.
– ‘Ralph rompe Internet (Ralph Breaks the Internet)’, de Rich Moore y Phil Johnston.
– ‘En Tránsito (Transit)’, de Christian Petzold.
– ‘La casa junto al mar (La villa)’, de Robert Guédiguian.
– ‘Mary Shelley’, de Haifaa Al-Mansour.
– ‘La quietud’, de Pablo Trapero.
– ‘El Cairo Confidencial (The Nile Hilton Incident)’, de Tarik Saleh.
– ‘Sicario: El día del soldado (Sicario: Day of the Soldado)’, de Stefano Sollima.
– ‘Disobedience’, de Sebastián Lelio.
– ‘Jeanne (Joan of Arc)’, de Bruno Dumont.
– ‘Black Panther’, de Ryan Coogler.
– ‘C’est la vie (Le sens de la fête)’, de Olivier Nakache y Eric Toledano.
– ‘La noche de 12 años’, de Álvaro Brechner.
FUTURAS ‘CULT MOVIES’
– ‘Mandy’, de Panos Cosmatos.
– ‘Ready Player One’, Steven Spielberg.
– ‘Noche de juegos (Game Night)’, de John Francis Daley, Jonathan Goldstein.
– ‘Suspiria’, de Luca Guadagnino.
– ‘Milla 22 (Mile 22)’, de Peter Berg.
– ‘Errementari (El herrero y el diablo), de Paul Urkijo Alijo.
– ‘El hombre que mató a Don Quijote (The Man Who Killed Don Quixote)’, de Terry Gilliam.
– ‘McQueen’, de Ian Bonhôte y Peter Ettedgui.
– ‘Wind River’, de Taylor Sheridan.
CINE ESPAÑOL
– ‘Entre dos aguas’, de Isaki Lacuesta.
– ‘Desenterrando Sad Hill’, de Guillermo de Oliveira.
– ‘Durante la tormenta’, de Oriol Paulo.
– ‘Quién te cantará’, de Carlos Vermut.
– ‘Apuntes para una película de atracos’, de León Siminiani.
– ‘Las distancias’, de Elena Trapé.
– ‘El Reino’, de Rodrigo Sorogoyen.
– ‘Carmen y Lola’, de Arantxa Echevarria.
– ‘En las estrellas’, de Zoe Berriatua.
– ‘Campeones’, de Javier Fesser.
– ‘Todos lo saben’, de Asghar Farhadi.
– ‘Blackwood’, de Rodrigo Cortés.
– ‘Casi 40’, de David Trueba.
– ‘Bajo la piel de lobo’, de Samu Fuentes.
– ‘Cuando dejes de quererme’, de Igor Legarreta.
– ‘La sombra de la ley’, de Dani de la Torre.
– ‘Carmen y Lola’, de Arantxa Echevarria.
– ‘La enfermedad del domingo’, de Ramón Salazar.
DECEPCIONES
– ‘15:17 Tren a París (The 15:17 to Paris)’, de Clint Eastwood.
– ‘Todo el dinero del mundo (All the Money in the World)’, de Ridley Scott.
– ‘Tomb Raider’, de Roar Uthaug.
– ‘Superlópez’, de Javier Ruiz Caldera.
– ‘Tully’, de Jason Reitman.
– ‘Happy End’, de Michael Haneke.
– ‘Molly’s game’, de Aaron Sorkin.
– ‘Un lugar tranquilo (A quiet place)’, de John Krasinski.
– ‘Venom’, de Ruben Fleischer.
– ‘Inmersión (Submergence)’, de Wim Wenders.
PEORES PELÍCULAS
– ‘¿Quién está matando a los moñecos? (The Happytime Murders)’, de Brian Henson.
– ‘Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!)’, de Ol Parker.
– ‘Aniquilación (Annihilation)’, de Alex Garland.
– ‘El justiciero (Death Wish)’, de Eli Roth.
– ‘Ocean’s Eight’, de Gary Ross.
– ‘Un sol interior (Un beau soleil intérieur)’, de Claire Denis.
– ‘Basada en hechos reales (D’après une histoire vraie)’, de Roman Polanski.
– ‘La espía que me plantó (The Spy Who Dumped Me)‘, de Susanna Fogel.
– ‘#SexPact (Blockers)’, de Kay Cannon.
LO MEJOR… DE OTROS AÑOS
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UN MUNDO DESDE EL ABISMO