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El idealismo pretérito de un periodismo utópico
En plena post-producción de la superproducción ‘Ready Player One’, Steven Spielberg ofrece una lección de periodismo y cine instituido en los valores periodísticos y la deontología sobre las presiones políticas que ejemplarizó el comienzo de la decadencia del gobierno de Richard Nixon.
Hubo un tiempo en que el llamado cuarto poder se definía por unos códigos deontológicos que establecían la información clara e independiente, con un objetivo de proteger lo común y de comunicar dentro de un estado de derecho bajo el signo de una democracia conciliadora. En el que los medios de comunicación servían como instrumento mediador en la sociedad y la opinión pública como otro estrato más con el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial. Dentro de esos parámetros idealistas, se fragua ‘Los archivos del Pentágono’, la última película que Steven Spielberg que ha rodado en el interludio de la superproducción pendiente ‘Ready Player One’.
El periodismo de investigación y el ‘thriller’ político son el foco de atención del trigésimo largometraje del Gran Maestro del cine contemporáneo. Y lo hace a través del proceso de creación y trasfondo institucional tras la publicación del ejemplar del 18 de junio de 1971 del Washington Post. En sus páginas, se transcribió parte del grueso extraído clandestinamente del Pentágono por uno de sus funcionarios, Daniel Ellsberg. En aquel informe se desvelaban las maniobras de las administraciones gubernamentales de Eisenhower, Kennedy, Lyndon B. Johnson y Nixon para encubrir durante sus mandatos multitud de temas con un pilar común relacionado con la guerra de Vietnam y la Teoría del Dominó, que procuró frenar los avances del comunismo en las esferas sociopolíticas estadounidenses. Katherine Graham, la primera mujer editora de un importante periódico estadounidense con el Washington Post, unió fuerzas con su editor, Ben Bradlee, para garantizar la libertad de expresión de esa envejecida Primera Enmienda, siguiendo unas revelaciones de otro poderoso medio como el New York Times acerca de la injerencia americana en el conflicto bélico vietnamita. Aquélla divulgación pública deterioró la imagen de Nixon hasta hacerle perder el poder con su dimisión con otro histórico escándalo como fue el del Watergate.

La carrera contra el tiempo y la decisión de publicar o no la primicia fundamentan un argumento que formula las relaciones humanas y los valores particulares de cada personaje, contribuyendo con ello a desbaratar las mentiras sistemáticas de un gobierno que dejó una profunda huella en la sociedad americana. Bajo la estirpe de un cine clásico con efluvios románicos que recuerdan a ‘Park Row’, de Samuel Fuller y al génesis del periodismo moderno de finales del siglo XIX. La de una idea laboral de periodistas que creen ciegamente en la verdad y que buscan, bajo un estricto código ético, las causas y fundamentos periodísticos que dan sustancia a la idea de la democracia a través del funcionamiento de uno de sus cimientos como es el derecho a la información.
Aquí los personajes se muestran profundamente humanos, muy honestos con la profesión y consigo mismos, indagando en sus desasosiegos por el escándalo que tienen entre manos, con las dudas que despierta el hecho de convulsionar un país tan influyente como Estados Unidos. ‘Los archivos del Pentágono’ acerca al público a un juego que sitúa la parte más moralista de la profesión por encima de los intereses políticos de una nación.

El guión de Liz Hannah y Josh Singer (quien ya escribió otro paradigma moderno del subgénero periodístico como fue la oscarizada ‘Spotlight’) pone sobre la mesa el mito de David contra Goliat, enraizado en el empoderamiento femenino inteligente con la figura de Katherine Graham, cuya integridad se impuso en un mundo de hombres al ser designada como directora del Post a su pesar. De ese modo, el enfoque femenino se interioriza desde la sospecha de una posible incompetencia a los ojos de hombres que tratan de cuestionar y dictar sus decisiones, donde asesores del fundador y padre del periódico intentan tomar el mando y el devenir de un proceso resuelto con iniciativa y arrojo por una mujer ejemplar. Graham no duda en morir luchando en el intento de descubrir la evidencia y la verdad, eligiendo defender la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense y sus conexiones con el mundo político.

Periodismo de ayer y de hoy.
‘Los archivos del Pentágono’ se estructura en dos bloques y dos estratos que se van entretejiendo. Por un lado, las reuniones sociales y encuentros con inversores y socios de la nueva directora del periódico, mostradas con diálogos pausados y reflexivos sobre el contenido de los archivos secretos. Por otro, la correspondiente al ritmo colérico e intranquilo de la redacción encabezada por Ben Bradlee, que depende absolutamente de la decisión de la primera.
De un modo correlativo, el film establece un vínculo que sintoniza el periodo en el que se desarrolla la acción (los años 70) y el presente que vivimos. Del gobierno de Nixon, cuyas acciones presidenciales pisotearon los valores constitucionales de Estados Unidos, manipulando la información, así como sus intentos de silenciar las investigaciones independientes en los principales periódicos del país llega a hasta nuestros días con un prisma simbólico e intencional a esa presidencia de Donald Trump o los antecedentes casos de Manning, Snowden y WikiLeaks. El propósito de este hermoso manifiesto es el de recordar los grandes valores democráticos defendidos por los Padres Fundadores en la Constitución de 1787 y de qué manera puede entorpecerse el proceso de libertad con la votación del candidato equivocado.

Steven Spielberg realiza otro trabajo ejemplar, de un dinamismo de planos sublime, en conjunción con el ritmo necesario en esta cuenta atrás. Desde una puesta en escena que mantiene una relación mimética con los personajes, hasta la escenificación intradimensional de este episodio histórico. Y lo hace sin perder la opacidad y la complejidad de los acontecimientos. El choque político y legal entre la prensa y la Casa Blanca sobre la libertad de expresión va acompañada de otro conflicto interno más interesante si cabe, como es el polémico debate que se abre dentro del periódico, el de los intereses de la heredera de la publicación y la misión de información editorial.
En muchos sentidos, particularmente en términos de control y manipulación, el mundo actual es peor que el de hace medio siglo, parece querer transmitir Spielberg con su nueva película. A tenor de esto, la última secuencia podría ser el anticipo o incluso un malicioso ‘crossover’ de la magnífica ‘Todos hombres del presidente’ de Alan J. Pakula y el escándalo de Watergate que llevaría a la destitución del presidente Nixon.

Hay que destacar la aportación actoral de dos tótems de Hollywood como son Meryl Streep y Tom Hanks, con aportaciones sobresalientes que podrían recordar a Katharine Hepburn y James Stewart en su prototipo de modelos profesionales que esgrimen con sus armas la lucha por el bien desde la humildad y el trabajo bien hecho. Bajo su falsa estela de “trabajo menor” dentro de los últimos proyectos de Spielberg, ‘Los archivos del Pentágono’ contiene en su carácter discursivo una percepción de cine clásico, bien sea por esa por la fotografía de Janusz Kaminski que recuerda a los edictos estilísticos de Norman Rockwell o por las notas del siempre inspirado John Williams e una banda sonora superlativa.
Estamos ante una impecable película humanista y podría decirse que hasta progresista, dado lo profundamente crítica que se muestra a la hora de abordar una lección de periodismo y cine instituido sobre dos variables de conciencia que deben darse en cualquier democracia que se precie; la conciencia profesional y la conciencia moral, términos clave para lograr esa dinámica liberadora sobre la información y su papel social en el mundo.
Miguel Á. Refoyo «Refo» © 2018