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Pero la farsa es envidiosa, y no tolera deserciones en sus filas ni independencias artísticas, industriales o económicas. De ahí que los premios que reparte con el nombre de un genio universal, Goya, se hayan convertido en una mentira distribuida entre la mediocridad y la militancia que a muy pocos interesa.
Cuando la altanería despótica se mezcla con la ignorancia. Cuando la estupidez y el desprecio son el arma para juzgar desde el desconocimiento con el avieso objetivo de sentenciar a modo de dictamen y perder el respeto hacia aquellos que hacen posible que el cine español subsista con dignidad, se llegan a escribir obscenidades llenas de resentimiento como las que ha lanzado ese retrógrado y rancio “opinador” llamado Alfonso Ussía, maestro de las peores técnicas del exabrupto y la demagogia.
Su nueva llamada de atención se llama ‘La farsa’. Basta leer por encima para comenzar a echarse unas risas.