Umberto Eco y el entendimiento del mundo

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1932-2016)
«Nada da más valor al miedo que el miedo a los demás».
Ha fallecido el gran Umberto Eco, uno de los intelectuales más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Deja como legado no sólo una de las más revolucionarias y prolíficas carreras como escritor y como ensayista, si no como responsable del entendimiento de la semiótica y la lingüística en su dimensión más extensa. Nació en Alessandria el 5 de enero de 1932 y con sus estudios de filosofía en la Universidad de Turín ya avanzó una tesis sobre el “problema estético en Tomás de Aquino” que marcaría la senda de la excelencia durante su vida.
Dedicó sus esfuerzos a hacer entender que la lectura es la clave para cualquier desciframiento de todo arte y lo introdujo en todos sus escritos, en los que combinó temas teóricos, praxis, ficción y cultura dentro del desarrollo de la sociedad, provocando a los lectores con temas como la monstruosidad del mundo y el miedo como arma de manipulación. Éste último es el néctar que da sustancia a su novela más conocida, ‘El nombre de la Rosa’, un ‘best seller’ cuya idea seminal siempre adujo a “las ganas de envenenar a un monje”. En ella se concitaron la novela criminal y el estudio histórico concitado con buena dosis del ‘thriller’ moderno.
Su obra dejó títulos de trascendencia como ‘El péndulo de Foucault’, ‘La isla del día de antes’, ‘Baudolino’, ‘La misteriosa llama de la reina Loana’, ‘El cementerio de Praga’ con ensayos que debatieron sobre las ventajas y desventajas de la historia y los conceptos más globales del pensamiento humano; ‘Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas’, ‘Los límites de la interpretación’, ‘Seis paseos por los bosques narrativos’, ‘La búsqueda de la lengua perfecta’, ‘Kant y el ornitorrinco’, ‘Cinco escritos morales’, ‘Número cero’ o ‘El signo’ entre muchos otros. Su intención como escritor no era trasferir un determinado mensaje que transformara la perspectiva del lector, sino buscaba que se cuestionara a sí mismo y la realidad que le rodea.
Fue un estudioso de los medios de comunicación y, en los últimos años, dejó claro su preocupación y repulsa por las redes sociales y los nuevos medios 2.0. Aseguraba que McLuhan habría dado por sentado que el libro impreso nunca sería reemplazado por Internet, pero en los tiempos modernos el autor arremetió contra las redes sociales, a las que contemplaba como un espacio que da demasiada voz a «legiones de idiotas». Fue miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y reconocido con la distinción Doctor Honoris Causa por casi cuarenta universidades de todo el mundo. El semiólogo que afirmaba que el mundo está lleno de libros hermosos que nadie lee, nos ha dejado bajo la consigna de librarnos de los símbolos y los prejuicios para así entender el mundo real.

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UN MUNDO DESDE EL ABISMO