Terele Pávez y la fuerza de un vendaval interpretativo

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1939-2017)
En 1995, cuando se estrenó ‘El Día de la Bestia’, uno de los grandes aciertos y puntos de fuerza de esta comedia satánica clásica de Álex de la Iglesia fue la presencia protagónica e imponente de esa actriz salvaje y llena de arte que era Terele Pávez. Para muchas generaciones era la primera vez que asistían al recital de fuerza interpretativa de una actriz singular, de una dureza gestual y voz inconfundibles que el cineasta vasco aprovechó para reavivar dentro de nuestro cine. Pero Terele ya era por entonces una de las mejores actrices de España. Nació como Teresa Marta Ruiz Penella y creció y se curtió sobre los escenarios y formó parte de una estirpe familiar con pasado imborrable y destino artístico.
Era la hermana de dos de las actrices más importantes que ha tenido este país, Emma Penella, Elisa Montés. Hubo una cuarta hermana, María Julia, pero no eligió la interpretación. La losa histórica que se abate sobre la familia es la de la figura paterna y su incidencia memorística en la dramática desaparición de Federico García Lorca. Ramón Ruiz Alonso, casado con Magdalena Penella y padre de Terele, trabajaba como tipógrafo para la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) durante la Segunda República y fue el responsable de delatar y entregar en 1936 al poeta granadino a las autoridades militares franquistas con el rostro del gobernador civil, comandante José Valdés Guzmán. Fue un estigma y un aspecto recurrente en las carreras de las tres hermanas, que prescindieron del apellido paterno para poder seguir con una vida artística de plenitud. Tanto es así, que, por respeto a la obra de Lorca, ninguna de ellas aceptó papeles derivados de los textos del literato fusilado camino de Víznar a Alfacar en la madrugada del 18 de agosto de 1936.
Terele debutó con doce años en ‘Novio a la vista’, de Luis García Berlanga en un pequeño rol como Mª Teresa Penella y se curtió en el teatro con la televisiva ‘Estudio 1’ durante los 60. Trabajó con Mariano Ozores (que sería su cuñado en la vida real), con Jesús Franco, Julio Coll, Jorge Grau, Manuel Summers, Jesús Yagüe, junto a su hermana Emma Penella en ‘Fortunata y Jacinta’, de Angelino Fons y con otros grandes nombres como José Antonio Nieves Conde, Francisco Rovira Beleta o Bigas Luna.
En televisión siguió siendo un rostro habitual durante los 70 en series como ‘Juan y Manuela’, ‘Novela’ y, sobre todo, ‘Cañas y barro’. Su gran oportunidad en cine llegó de la mano de Mario Camus en ‘Los Santos Inocentes’ en el papel de Régula.
Su trayectoria, aunque fuera irregular y con trabajos alimenticios alternados con películas importantes, ponían en común un punto de fulgor interpretativo con la presencia de esta arrolladora actriz, por muy pequeño o anecdótico que fuera su personaje. Su primera nominación al Goya llega con ‘Laura, del cielo llega la noche’, de Gonzalo Herralde para participar en notables cintas (‘Diario de invierno’, ‘Los días del cometa’ o ‘El aire de un crimen’).
Hasta que llega Rosario, la madre del heavy de Carabanchel interpretado por Santiago Seguro de la mano de Álex de la Iglesia en ‘El Día de la Bestia’. Desde ese momento, se convierte en una pieza esencial en la filmografía del cineasta vasco y propulsa el rostro de Pávez dentro del cine y la televisión patria.
Cuenta la propia actriz que hasta que no rodó ‘Los Santos Inocentes’ vivía de pensión en pensión buscándose la vida en pequeñas funciones teatrales y minúsculos roles cinematográficos viviendo de cerca la parte menos romántica del oficio. Con e la Iglesia repetiría en ‘La Comunidad’, ‘800 Balas’, ‘La habitación del niño’, la serie ‘Plutón B.R.B. Nero’, ‘Blada triste de trompeta’, ‘Las brujas de Zugarramurdi’ (por la que recibió el Goya 2014 a mejor actriz de reparto con una tremenda ovación por parte de sus compañeros de profesión), ‘Mi gran noche’ y ‘El Bar’, una de sus últimas películas.
Entre tanto, ‘La Celestina’, de Gerardo Vera le brindaría varios reconocimientos, ayudó de forma incondicional a cortometrajistas que tuvieron la suerte de tenerla en sus trabajos y fue un rostro familiar televisivo en ‘Cuéntame cómo pasó’, ‘Manolo & Benito Corporeision’ o ‘Buscando el norte’.
Terele Pávez tuvo una vida de sinsabores dentro del panorama cultural español, marcado por la bebida y los altibajos personales siempre acompañada de su único hijo, Carolo. Una mujer de fuerte personalidad con un talento gigantesco que desafiaba con su ruda mirada cualquier complejidad que se interpusiera en su camino, pero a la vez demostrando una fragilidad escondida bajo una coraza de hierro. En el tintero queda aquella monumental interpretación para Pedro Olea en la serie ‘La Huella del Crimen’ con ‘El caso de las envenenadas de Valencia’ dando vida a Pilar Prades Expósito.
Es un pequeño ejemplo a modo de recuerdo personal marcado a fuego de cómo unas interpretaciones delimitan el buen hacer de una actriz y la multidimensional grandeza de un talento descomunal. Terele Pávez no deja con esa atrabiliaria sensación de no haber estado lo suficientemente reconocida como una de las grandes damas de la interpretación de la Historia. Y no sólo del cine español.
D.E.P.

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