9

La Nochevieja de 1987 fue especial por un motivo que varias generaciones guardan como una de las imágenes catódicas de su vida. Por supuesto, hablamos de la noche en que Sabrina Salerno y aquel “incidente” (in)voluntario que dejó al descubierto su pecho derecho ante el asombro de una audiencia. Aquel suceso dividió la opinión del espectador sobre aquel multitudinario acontecimiento que dio un vuelvo a la Historia de la Televisión Española. La joven de diecinueve años había sido Miss Lido y venía avalada por el enorme éxito de su disco ‘Boys (Summertime Love)’ que contenía el tema que sería destacado como una de las “canciones del verano” de aquel año.
Vendió 20 millones de copias y se afianzaría como una de las musas de un estilo ’pop’ tan arraigado a aquellos años. Su imagen de chica pícara y sexy que escondía una bomba sexual de sensuales curvas y exagerados atributos femeninos la convirtieron en un fenómeno de masas. Por lo que su actuación en aquel Especial de Nochevieja llamado ‘Super 88’, que presentarían Arturo Fernández y Carmen Maura y que fue dirigido por Pilar Miró, era un reclamo más para estar entre los elegidos en uno de los programas más vistos del año.

La intrahistoria fue producto de la casualidad. Era el primer especial de Año Nuevo que se grababa con antelación, por lo que todas las actuaciones fueron editadas tras su grabación. Sabrina cantaría dos temas. El ‘hit’ ‘Boys’ y su segundo single de presentación dentro de su álbum debut: ‘Hot girl’. Durante el ‘play back’ de éste último, con su constante bamboleo y movimiento al son de la canción, el corpiño de lencería de seda que escondía bajo un mínimo top de cuero, cedió y dejó ver la teta de la cantante. Hugo Stuven, realizador chileno afincado en Madrid, fue el que no dejó escapar el momento dado que, según sus palabras, era imposible montarlo con otros cortes de la actuación. Finalmente, se decidió que ese mítico instante fuera el reclamo de la canción. Y, a la postre, lo fue de la gala entera.

Aquella imagen subió la temperatura de la noche y el icono del pop encendió el doble rasero que una España que se vanagloriaba de haber superado el conservadurismo y la censura. Por una parte, la extraordinaria conexión que se produjo entre padres e hijos ante el embeleso de aquel cautivador busto que apenas se vio un par de segundos. Hubo éxtasis y algarabía, provocadas por la efervescencia dipsomaniaca de la última cena del año y sus excesos. También alguna que otra erección juvenil y furtiva que hoy se recuerda con cariño y nostalgia.
Al menos, quien esto escribe. También hubo indiferencia y normalidad ante el asunto. Sin embargo, despertó ciertas críticas feministas por la sexualización de un espacio para todos los públicos y el supuesto machismo a la hora de recrearse en este momento de exuberancia televisiva más propia del destape. Al fin y al cabo, España estaba en plena superación de los complejos de una sociedad que había asumido ciertos cambios en la cultura y en el ocio y que aquel momento diluyó en la ambigüedad. No fue para tanto. Hoy sería un tema de debate muy encendido en la sociedad 2.0. Pero partamos de la base sobre la cual, en la actualidad, la teta de Sabrina sería un hecho imposible de imaginar.
La figura hipersexualizada de Sabrina sería el reclamo para vender revistas y aumentar su fama llegando a ser la mujer más famosa de un país que se enamoró de esta carnal italiana cuyo “descuido” fue el tema de conversación durante varios días y la encumbró como una de las referencias generacionales que siguen vigentes en la memoria colectiva treinta años después.