Review ‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Never Rarely Sometimes Always)’, de Eliza Hittman

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
Las entrañas de la América machista y antiabortista
‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ supone como grito feminista que acaba silenciado en una sociedad de falsa libertad de los Estados Unidos de Trump.
La tercera aventura cinematográfica de Eliza Hittman aborda un retrato sensible y modesto de una juventud mal informada, abandonada a su suerte, en la historia de un viaje de dos adolescentes que trabajan como cajeras en un supermercado rural de Pensilvania. Su destino: llegar hasta Nueva York. Su objetivo es que una de ellas interrumpa su embarazo no deseado, puesto allí está autorizado el aborto de menores sin el consentimiento de los padres. Un viaje plagado de obstáculos como escapatoria que transita por las estaciones de tren y de metro.
De forma sutil pero profunda, descubrimos la angustia de un personaje introvertido y desamparado que encubre secretos y recelos. Su cerrazón abre levemente la puerta en un instante preciso, cuando una trabajadora de planificación familiar formula un cuestionario a la joven, que justifica, desde su punto de vista, las razones y argumentos que la han llevado a la decisión de frustrar su embarazo. Sus respuestas, sucintas y tajantes, además de dar título a la película, comportan una reflexión sobre el funcionamiento de este sistema abortista, convertido en una pesadilla manipulada contra el derecho femenino.
‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ dibuja una confusa adolescencia marcada por la compleja superación de la vergüenza, el dolor y el aislamiento procedente, en última estancia, de un embarazo factiblemente derivado de un abuso sin permiso sobre su cuerpo. La cinta de Hittman lanza preguntas sin respuesta dentro de una sociedad que no resuelve y banaliza un tema trascendental como el aborto, inclinada a denigrar lo femenino, con esos centros de recursos para el embarazo que a menudo reciben fondos de grupos ultracatólicos y otras organizaciones antiaborto. En resumidas cuentas, existen elementos sociales destinados a limitar los medios seguros y asequibles para que las mujeres accedan a abortos legales, sin pensar en que muchas jóvenes a las que se les impide acceder a ellos recurrirán a otras vías, extremas y peligrosas, para ejercer esta decisión personal.
Una propuesta muy valiente que enfoca su narrativa hacia la autenticidad de las situaciones con su puesta en escena. La cineasta aboga por la cámara en mano de 16 mm de Hélène Louvart, tanto en su visión apagada de la Pensilvania posindustrial como las falsas luces de neón de Manhattan, que se tornan oscuras y amenazadoras cuando se desciende al subsuelo de la Gran Manzana. A ello contribuyen, con mucho, la capacidad interpretativa de Sidney Flanigan y Talia Ryder, que saben transmitir ese vínculo inquebrantable de estas dos primas con el espectador, obligado a sufrir las invectivas que van sufriendo las jóvenes a lo largo de su periplo.
Hittman firma un drama a la vez potente y delicado, acercándose con prudencia y pulso a la soledad y desamparo de las jóvenes y condenar, frontalmente, los movimientos antiaborto estadounidenses. La transgresión de la película proviene de la descripción de la dificultad social e incluso material de algunas mujeres para ejercer este derecho en los Estados Unidos. Más que relatar el ahogo social e incluso material de algunas mujeres para ejercerlo, le interesa el alcance de la experiencia y vicisitudes.
El desenlace de un viaje iniciático o ‘road movie’ es lo de menos. Importa el duro tránsito, el viaje. Tampoco deja pasar la oportunidad por hurgar en otros aspectos que envuelven el entramado de su invectiva; como la masculinidad tóxica, el desahucio de la clase trabajadora, las soflamas provida, la situación de los ‘homeless’ o la privatización del espacio público. Y todo ello, como en la vida, sin ofrecer respuestas concretas ni soluciones. Tan sólo planteando problemas que anidan en nuestra sociedad moderna.
Miguel Á. Refoyo «Refo» © 2020
FICHA: Estados Unidos, 2020. Color. Duración: 101 minutos. Formato: 1.85:1. Cámaras: Arriflex 416, Zeiss Ultra Prime Lenses. Director: Eliza Hittman. Guion: Eliza Hittman. Productores: Adele Romanski, Sara Murphy. Productoras: PASTEL, BBC Films, Focus Features. Distribuidora: Focus Features, Universal Pictures International. Fotografía: Hélène Louvart. Montaje: Scott Cummings. Música: Julia Holter. Intérpretes: Sidney Flanigan, Talia Ryder, Théodore Pellerin, Ryan Eggold, Sharon Van Etten, Drew Seltzer, Lester Greene, Kim Rios Lin, Luz Ozuna, Brett Puglisi, Aurora Richards, April Szykeruk, Alana Barrett-Adkins.

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