Review ‘Mula (The Mule)’, de Clint Eastwood

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
La grandeza de la sencillez, el poder de lo clásico.
Clint Eastwood regresa a la dirección y la interpretación con ‘Mula’, una cinta confesional de amargura, remordimiento y segundas oportunidades.

El guionista Nick Schenk, que escribió ‘Gran Torino’, ha logrado seducir a Clint Eastwood para que regrese a la interpretación. El veterano astro había zanjado su deuda con la actuación con ‘Golpe de efecto’, a las órdenes de Robert Lorenz (con el que mantiene un vínculo profesional desde ‘Los puentes de Madison’), pero el destino tenía una nueva tentativa haciendo doblete tras las cámaras y frente a ellas. ‘Mula’ se basa en el artículo de New York Times ‘The Sinaloa Cartel’s 90-Year-Old Drug Mule’, que versaba acerca de Leo Sharp, un octogenario veterano de la Segunda Guerra Mundial que se convirtió en una «leyenda urbana» después de traficar cientos de kilos de cocaína a los Estados Unidos para el conocido capo “El Chapo” Guzmán. Aquí se llama Earl Stone y parece estar cincelado para la personalidad interpretativa del director a través de ese tipo hosco y estoico con cara de pocos amigos. Cinematográficamente es imposible no aludir a la figura de Walt Kowalski, el protagonista al que también dio vida Eastwood en ‘Gran Torino’, también presentado como un viejales anacrónico, con cínico sentido del humor y políticamente incorrecto que tanto encaja en la raigambre del gran clásico del cine americano.

Stone es un viejo horticultor especialista en lirios que consigue un trabajo como mula al servicio de un cártel de narcotraficantes mexicanos que utiliza el aspecto desvalido e inocente del vetusto hombre para burlar a Bates (Bradley Cooper) y Trevino (Michael Peña), los agentes de la DEA desde el área de Michigan hasta Chicago. Se le conoce como “El Tata”. Personalmente, su vida familiar ha sido un fracaso. Pese a ser un dedicado hombre a su negocio florístico, no ejerció como padre ejemplar y abandonó a su hija y su familia al menor contratiempo.
No obstante, ya en su senectud intenta redimirse y reestablecer los lazos, ya que su nieta sigue creyendo en el apagado vínculo familiar más allá del generalizado resentimiento familiar. Se trata de uno de esos estereotipos con el sello ‘Eastwood’, el de un hombre de sabiduría existencial que ha vivido la vida desde una perspectiva desde lo tangible y los pequeños placeres de la vida que configuran momentos de placidez de Earl; como conducir su vieja furgoneta, escuchar música country y jazz, las nueces o la degustación de un bocadillo fuera de lo común.
La facilidad con la Eastwood logra filmar el estado de ánimo del protagonista, delata que la transparencia melodramática está buscada para conferir a su última aventura al margen de la ley un céfiro de hazaña crepuscular con ecos del viejo western, reelaborada con la descripción de una vida cotidiana y banal. La de ese viejo que deja a un lado la monotonía para vivir una última aventura, aunque sea delictiva. Es cierto que ‘Mula’ desaprovecha en gran medida la épica persecución y pesquisas entre federales y este insignificante criminal, mostrando esta faceta con demasiada autocomplacencia formulista en su dimensión de ‘thriller’. Pero es lo que hace que ese trayecto melancólico y trágico potencie y concilie, como contraste, lo “laboral” y lo familiar.
Despedida actoral sin sensiblerías.
La versatilidad con la que rueda Eastwood confiere, bajo esa imperfección, una mirada crítica hacia sus personajes y el entorno en el que respiran. Por sus fotogramas, desfila un sinsabor dramático que lleva a reflexionar sobre la inevitabilidad de la muerte o la humanidad con la que Earl afronta sus errores e intenta redimirse con su mujer (Dianne West) y su hija (Allison Eastwood), basada en una verdad que antes fueron promesas rotas y abandono. Encuentra un perdón no ganado que, sin bien chirria en el realismo de la historia, redime la lánguida figura de un rol antipático y lleno de defectos. Y es ahí donde ese estilo travieso del cineasta, en el que las apariencias y los clichés se distorsionan y se reelaboran en constante movimiento, alcanzan la sutilidad y la sobriedad que sólo Eastwood es capaz de ofrecer en una historia que, en otras manos, no tendría interés alguno.
El gran clásico del cine, con su genial interpretación, convierte a ese viejo en una figura casi heroica que empatiza con el público. No obstante, y aquí lo destacable de la cinta, es que Eastwood deja entrever una idiosincrasia bastante despreciable del personaje. Desde sus lamentos victimistas, su desafecto ante los actos delictivos que llevarán a la tragedia a las personas a las que va destinada la droga, su incapacidad por cooperar con los federales, su condición de viejo verde capaz de retozar con dos prostitutas que podrían ser sus nietas o su simpatía y colegueo con el capo. Son acciones de amoralidad injustificable que, por el contrario, no se juzgan desde el punto de vista narrativo de la película.
Eastwood se encuentra cómodo en este perfil y no se desvía de su meta, que es la de transformar su historia en un filme de tono ligero y poco afectado que sortea el sentimentalismo o la moraleja. Su pretensión discursiva está despojada de valores éticos. Por eso, la conjugación de nostalgia, humor y drama se preservan como dispositivos reconocibles en su filmografía: arrepentimiento, desencanto y, sobre todo, la idea de herencia, de transmisión que irriga la película sin sensiblería alguna. ‘Mula’ es una película con sabor añejo, con ciertos instantes de vena introspectiva como cinta confesional de amargura, remordimiento y segundas oportunidades. La agudeza y temple del viejo Eastwood no ha perdido un ápice de pulso y convierte esta pieza en un acto de fe consciente de que esta gran película será una perfecta coda testamentaria como actor.
Esperemos que todavía queden muchos reencuentros como director, ya que Clint está en una forma envidiable. Sin embargo, ésta vez sí, nos despedimos de ese icónico e inmortal rostro que no ha perdido su dureza en pantalla. Nos queda ese último plano, con Earl dejando sembrado y en perfecto estado un jardín en el Instituto Correccional de Marion en Illinois. La metáfora es hermosa: Eastwood se aleja como actor, pero su trabajo, como esos lirios suntuosos, permanece. ‘Mula’ supone otro capítulo significativo, otra muesca que añadir su imponderable trayectoria como clásico del cine. Y que así siga por muchos años.
Miguel Á. Refoyo «Refo» © 2019
FICHA: Estados Unidos, 2018. Color. Duración: 116 min. Formato: 2.39 : 1. Director: lint Eastwood. Guion: Nick Schenk. Productores: Clint Eastwood, Dan Friedkin, Jessica Meier, Tim Moore, Kristina Rivera, Bradley Thomas. Productoras: Imperative Entertainment / Warner Bros. / Bron Studios / Malpaso Productions. Distribuidora: Warner Bros. Fotografía: Yves Bélanger. Montaje: Joel Cox. Música: Arturo Sandoval. Intérpretes: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, Taissa Farmiga, Laurence Fishburne, Andy García, Ignacio Serricchio, Alison Eastwood.

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