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TOP TEN 2016

10. ‘Paterson (Paterson)’, de Jim Jarmusch.
El cine de Jarmusch nace desde un prisma más emocional y sensible del que aparentemente puede pensarse. Desde sus inicios, jamás ha renunciado a un estilo verdaderamente independiente, filmando durante tres décadas habitantes urbanos u ‘outsiders’ que son examinados con una mirada casi antropológica por el cineasta de Akron (Ohio). ‘Paterson’ sigue esa línea de fidelidad artística y romántica hacia un estilo excepcional. Lo descriptivo vertebra la cinta de Jarmusch, buscando en todo momento un efecto poético en el movimiento clasicista de sus planos. Paterson, el conductor que escribe y piensa poesía mientras vive un día a día inalterable es una historia cercana y sencilla que no pretende grandes logros narrativos.
Mediante la sencillez de ese hombre que saca al perro Marvin por las noches y bebe una cerveza en el bar de su barrio para charlar de nada y todo con los habituales, inspira una pasión austeramente caprichosa, como si el cineasta estuviera narrando la intrahistoria de un mundo en general y de cualquiera en particular. ‘Paterson’ es el todo, una ciudad, un personaje, una obra de William Carlos Williams… La fuerza calmada de los silencios, la perspectiva tenue y silenciosa de cada plano o la cadencia parsimoniosa que no rehúsa ningún mínimo detalle, por muy insignificante que sea, hacen de ‘Paterson’ la mejor cinta de Jarmusch en años. Lo cotidiano, la rutina silente, la reiteración de los actos de un Adam Driver armónico y tremendo perviven en la vida de ese hombre que en realidad tiene la voz poética de Ron Padgett.

9. ‘Carol (Carol)’, de Todd Haynes.
Los lados ocultos de la vida doméstica de los años 50 parecen ser un territorio recurrente en el cine de Todd Haynes, como ya demostró con gran estilo en la sobresaliente ‘Lejos del cielo’. En este caso, con una adaptación de una novela de Patricia Highsmith, se instaura en la relación lésbica y secreta que mantienen una esposa de familia adinerada y amoldada un estilo de vida de boato y lujo y una joven rebelde independiente que con ganas de conocer mundo y aspirante a fotógrafa profesional. Haynes administra a su film un nivel sensorial con resuello a cine de otra época, pero sin perder una noción actual y moderna de la narrativa recurrente, con encuadres que encuentran una compleja vertiente plástica para adquierir un tono artístico llevado a la exquisitez ayudado por una luminosidad esplendorosa.
Sus imágenes abstractas sugieren los pensamientos inconfesos de estas dos mujeres enamoradas dotando a ese Nueva York de fondo de personalidad propia. La arquitectura y texturas que empapan esas miradas furtivas que avivan el deseo llegan a erotizar a niveles expresivos y pasionales simplemente con un roce de manos. ‘Carol’ resulta tan liberadora como dogmática a la hora de transferir la contención, los miedos y la pasión soterrada escondida en una relación homosexual clandestina de los años 50, un amor desafiante que va contra los convencionalismos sociológicos de entonces. No sería tan contundente sin Cate Blanchett y Rooney Mara en los papeles de sus vidas, que llegan a irradiar la desesperación, el anhelo, la frustración y finalmente demostrar que su historia de amor es la historia de un milagro.

8. ‘Spotlight (Spotlight)’, de Thomas McCarthy.
‘Spotlight’ ejemplifica una estructura que se ciñe a la línea de investigación del equipo periodístico a través de testimonios de víctimas que esgrimen sus recuerdos de una inocencia arrebatada, sin deleitarse en el dolor o traicionar la verdad en su traslación cinematográfica. Dentro de las pesquisas de los reporteros, se evidencia el duro trabajo no sólo por la resistencia de la Iglesia y sus aliados en los tribunales, la justicia y el gobierno, sino también porque muchos de los violados por curas y sacerdotes se mostraron reacios a revivir aquel denigrante capítulo de sus vidas. La cinta de McCarthy acerca al espectador a ese trabajo de campo de unos miembros del equipo obstinados en escarbar en un lodazal de oscuras confesiones mediante traumas psicológicos con el fin concreto de garantizar los derechos civiles de información y libertad de expresión.
La ganadora del Oscar a mejor película en los pasados premios de la Academia de Hollywood, ha conseguido poner sobre la mesa esa cultura de la ‘omertà’ de la mafia dentro del catolicismo, un estamento que bien podría representar a la Iglesia que protege a individuos que expresan, escudados en una creencia, su confusión al diferenciar entre la actividad sexual consensuada entre adultos y el abuso infantil de niños desprotegidos. Es otro de los graves males del sistema, que seguirá dejando que diáconos y clérigos marquen con su ignominia a pequeños inocentes que podrían ser cualquiera de nuestros hijos y que nunca tendrán una vida normal por esta causa. Y por mucho que se quiera, esta lacra inhumana del catolicismo institucional nunca podrá ser redimida. Llegados a este punto, es donde la denuncia de esta magnífica película es tan sólida e irrebatible como implacable.

7. ‘El hijo de Saúl (Saul fia)’, de László Nemes.
Lo que puede parecer complicado a estas alturas es que una película que transita por el espinoso cauce histórico del Holocausto pueda albergar una historia que no se parezca a ninguna otra precedente respecto al trágico tema. Lo cierto es que ‘El Hijo de Saúl’ lo consigue y obliga al espectador a seguir a Saúl, un integrante de los onderkommandos, que eran las unidades especiales de judíos que trabajaban en las cámaras de gas y en los crematorios de los campos de concentración nazis aniquilando a sus semejantes, en este caso, el infaustamente célebre Auschwitz. Allí, muerto en vida, sin distinguir la luz o la oscuridad, encontrará la razón para subsistir en el horror y buscar la redención por ejercer de mano ejecutora del infierno alemán con una obsesión recurrente: dar sepulcro judío al cuerpo de un niño al que se adjudica como hijo propio.
El húngaro László Nemes compone una pesadilla obsesiva en primera persona, sin despegarse ni un solo instante de un genial Géza Röhrig, desde la agotadora subjetividad de un personaje definido y ofuscado por un dilema moral que enfrenta al propio espectador con una dimensión ética que va más allá de lo incómodo. La película genera una atmósfera casi insostenible por la forma frenética de la composición de las dudas de un rol deshumanizado que alcanza la compasión en una idea poco menos que surrealista. El naturalismo de las descripciones invoca un retrato que se aleja de la catástrofe, del historicismo consabido, para enfocar sus fantasmas hacia la luz de un hombre inmerso en un infierno caótico sin sentido.

6. ‘Anomalisa (Anomalisa)’, de Charlie Kaufman, Duke Johnson.
La maquinaría introspectiva de Charlie Kaufman en comunión con el co-director Duke Johnson encuentra un peldaño más en la locura cinematográfica de este genio del guión. En este caso, al abordar el descenso a la depresión de un británico expatriado con cierta notoriedad como orador motivacional que ha escrito un conocido libro sobre el tipo de comunicación humana más impersonal y tal vez más temido: el servicio al cliente. La crisis de la madurez es el objetivo de Kaufman a la hora de ir definiendo a un personaje deprimido y triste, perseguido por su pasado, por la infelicidad del presente que evoca el miedo al compromiso que ha hecho mella en su autoconfianza y ha avivado el odio a sí mismo en su vida matrimonial. Como paradigma de un ser pusilánime que se comunica sin querer, pero que permanece encerrado en su interior, ‘Anomalisa’ acomete las obsesiones de Kaufman a lo largo de su singular carrera. Veasé; miedo existencial, la autenticidad, la soledad, la trivialidad del mundo que nos rodea, la muerte, el amor, el sexo… La importancia de la ‘anomalía’ y su juego con ese encuentro sexual en un hotel de Cincinnati explora un laberinto de dobles sentidos, de la ilusoria heterogeneidad social al reverso existencial la falta de falta de identidad y de la hostilidad disfrazada de afabilidad en esas voces monótonas que hacen que todos los seres humanos sean estúpidamente parecidos.
La identidad y la conciencia, la necesidad de ser liberado de esta prisión por una fugaz noche de placer culpable alega cierta parte de la filosofía existencialista que bebe de las bases de Jean-Paul Sartre a la hora de referirse al hombre mecanizado, como parte de una cadena de montaje desprovisto de individualidad abstracta en un proceso reductivo. Descrita en animación ‘stop-motion’, ‘Anomalisa’ es un film de terror sobre el surrealismo agonizante de la vida cotidiana. De ahí, que Michael Stone no sea más que un reflejo de la propia tragedia humana, que no es otra que la del deseo de ser diferente, de ser mejor. Cuando uno es incapaz de empatizar y lograrlo, se convierte en víctima de su mundo e imperfecciones que acaban por devolverlo a lo funcional y arquetípico.

5. ‘Comanchería (Hell or High Water)’, de David Mackenzie.
En el inicio de esta estupenda película, asistimos al robo a mano armada de una pequeña sucursal de un pueblo perdido en algún lugar de Texas. Los dos ladrones son dos hermanos muy diferentes entre sí, Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster). El primero, es un padre de familia que busca el bienestar de sus dos hijos en un matrimonio roto, el segundo un sociópata que ha estado en la cárcel y que disfruta demasiado perpetrando delitos. Pronto se descubre que detrás de esta ‘heist movie’ rural escrita por Taylor Sheridan (‘Sicario’) se esconden otras directrices más allá de las pesquisas policiales encauzadas a su captura. ‘Comanchería’ va más allá en sus planteamientos e indaga en una extraña dicotomía de ladrones y delincuencia promovida por esa América (en extensión el resto del mundo occidental) impulsada por las grandes empresas y el triunfo del mundo financiero de la cultura capitalista jerarquizada por bancos que lo único que buscan es engullir propiedades y substraer patrimonios sin miramientos morales.
La ambigüedad expuesta aquí proviene de un tiempo donde se diluye el antagonismo entre buenos y malos a la vieja usanza. El banco pretende ejecutar la propiedad de la difunta madre de los hermanos, que tiene un pozo petrolífero bajo su tierra y ellos roban para amortizar la hipoteca y salvar sus respectivos intereses. Se trata de un ‘western’ que habla de la nueva América Profunda, de gente sin destino, ni esperanzas o futuro. No hay caballos, sólo camionetas y coches que levantan el polvo por las áridas carreteras de ese desierto infértil. Tan sólo, ese ‘ranger’ interpretado por Jeff Brigdes, que disfruta de una extraña relación de amistad con su compañero de fatigas (Gil Birmingham) al que somete a insultos racistas por su condición de mestizo, representa la cultura armamentística yanqui como símbolo de poder, identidad y dignidad más clásico del género. Una película muy influencia por literatos como Elmore Leonard, James Lee Burkes o Cormac McCarthy en su delineación de unos personajes llenos de humanidad que se mueven en personalidades de aristas y claroscuros y que no buscan más que mantener el orgullo, la dignidad y constatar que la supervivencia es cuestión de saber luchar “contra viento y marea”.

4. ‘Los odiosos 8 (The Hateful Eight)’, de Quentin Tarantino.
La octava película de Tarantino sigue perteneciendo a un cine estamental e identificativo basado en la referencia y nueva desmitificación del ‘western’ clásico, pero a la vez acercándose a un prisma mucho más personal que acaba rompiendo las barreras que imponen la modernidad y los perfiles genéricos de su anterior obra. Se podría decir que, desde un punto de vista estilístico e intencional, ésta es la película más íntima de su autor desde ‘Jackie Brown’, cuya construcción se depura desde la tensión entre sus personajes principales hasta su discurso final lleno de simbologías y descontextualizaciones, con un crudo sentido del humor y elipsis morales que toman de referencia estereotipos y caricaturas cercanas al ‘cartoon’ y hablar, de forma soterrada, de misoginia, racismo, nihilismo y provocaciones varias para ponerlas en constante relación, confrontando la moralidad y rigorismo en una oscura reflexión que escava en las raíces morales de una violencia hacinada en un estrato humano que busca una verdad expuesta de un modo frontal, poniendo al espectador frente al lado más desagradable de esa pugna adversaria entre los hombres de la Unión y los ex confederados.
Es también la propuesta con más trasfondo político en la filmografía de Tarantino, que se muestra incisivo al conferir una atmósfera tóxica que impregna el total de la película, proyectando las animadversiones de sus personajes, obligados a lograr alianzas incómodas, como si, en el fondo, estuviera tratando de hablar sobre ese extraño mosaico multicultural que conforma la sociedad estadounidense y la oscura historia que sustenta un conflicto moderno que viene de muy lejos. El ideal americano es una farsa construida a lo largo de los siglos sobre un país autoproclamado libre sobre la mentira de las causas perdidas y que, sin duda, tiene sus raíces en las ansiedades que responden al mito de la inextinguible ocupación y el inexistente sueño americano que se perpetúan hoy en el capitalismo y la xenofobia.

3. ‘La llegada (The Arrival’), de Denis Villeneuve.
‘La llegada’ trata de la incapacidad del ser humano para entenderse entre ellos, por eso ante el nerviosismo que genera la invasión de las naves espaciales, más importante se hace el trabajo de la Doctora Banks en su relación paulatina con los Heptápodos, anteponiendo la interlocución y el estudio del lenguaje antes de pasar a las armas y sacar a flote la violencia global. En esa diatriba, en la que encuentra su lugar la confrontación entre las letras y las humanidades y la ciencia matemática defendida por el físico escéptico que acompaña la misión, es donde encuentra su sentido el mensaje del filme: en proponer el lenguaje como “arma”, entendido no como un instrumento de fuerza si no como un ofrecimiento a la alianza entre mundos. En esa ardua tarea de diseccionar los logogramas, mensajes brunos y etéreos a modo de tinta de calamar que recuerdan a las proyectivas machas del test de Rorschach con una morfología parecida a la de unos uróboros, se hilvana además una teoría relativa al tiempo y su concepción no lineal desglosada en una ruptura de los significados temporales más allá de lo que el ser humano entiende por ellos. Hay que reconocer la brillantez con la que ha sido concebida esta forma de lenguaje por el científico Stephen Wolfram, que explica en su blog la creación y resultado del software matemático que da grafía al lenguaje extraterrestre. Una de las grandes alegorías que confieren otro punto de interés a la narración más allá de su sobresaliente aspecto visual por parte de Bradford Young.
Lejos de artificios vinculados al género, ‘La llegada’ es una hermosa fábula reflexiva y profunda instaurada como teoría constructiva sobre la lingüista, eje que afecta a la realidad y a un contexto circular del propio tiempo, dentro de la historia y como forma de narración para hablar del dolor humano, de la superación y de la capacidad del diálogo para trascender divisiones culturales y conceptos erróneos si el objetivo último de nuestra especie es la supervivencia más allá de los instintos destructivos. Como las palabras que transmite el General Shang (Tzi Ma) a la doctora Banks en una conversación trascendental dentro del filme acerca de la última frase de su mujer en el lecho de muerte: “La guerra no hace ganadores, sólo deja viudas”.

2. ‘Animales nocturnos (Nocturnal Animals)’, de Tom Ford.
Después del empalago estético y preciosista de ‘Un hombre soltero’, hay que reconocer que esta nueva aportación del diseñador de moda metido a cineasta es todo un sorprendente hallazgo. Este ‘thriller’ (o más concretamente meta-‘thriller’) de venganza juega a tres bandas con la realidad y la ficción que conjuga varios cuestionamientos sobre el pasado, el presente, así como una oscura perífrasis ficcional que funciona como un reproche en la vida real de dos personajes con un pasado compartido que no llegan a encontrarse. A partir de una novela de 1993 de Austin Wright ‘Tony y Susan’, Tom Ford compone una compleja tela de araña en la que, bajo el oropel del mundo artístico de la élite cultural de Los Ángeles, se fragua un desagravio que esgrime artefactos relacionados con la venganza dentro de una novela enviada como correctivo sentimental.
El riesgo discursivo y el alarde compositivo de ‘Animales nocturnos’ se concentra en el malabarismo de compendiar una correlación dialéctica del relato confrontándolo con otro antagónico y vincularlos a través de uno solo. Es como si Ford se hubiera empapado de géneros y lugares comunes en el cine tan dispar como el de David Lynch y el refinado drama de Douglas Sirk. Esta fascinante película esboza un discurso cimentado, de manera subliminal, en la relación del espectador y la forma de ver el cine, así como un alegato de que la literatura esconde, como todo arte, unas reglas volubles en su exhibición sobre esta doble trama de culpabilidad, autodesprecio y recriminación. Una cinta que recuerda en sus primeros planos y de forma alegórica que ese lujo excesivo de suntuosidad y falsa apariencia no es más que una evidencia de la infelicidad apuntillada por los errores del pasado que regresan al presente en forma de dardo envenenado.

1. ‘Elle (Elle)’, de Paul Verhoeven.
Con ese arranque de una violación salvaje y espeluznante, Verhoeven deja claro su énfasis por incitar radicales sensaciones en el espectador. ‘Elle’ nos sumerge en la aparente displicencia por ese suceso inicial por parte de Michèle Leblanc, una exitosa copropietaria de una compañía de videojuegos que acepta con absoluta frialdad el enfrentamiento al suceso, interrelacionado con un pasado familiar tortuoso, en una flemática búsqueda por saldar este desagradable incidente y encontrar a su agresor. Basada en un guión que David Birke adaptó de la novela ‘Oh…’ de Philippe Djian, el film contiene una complejidad narrativa y de violencia idiosincrásica del director holandés, que dispone su historia para deleitarse en hacer que el público se sienta incómodo y desafiándolo a indignarse, como en gran parte de su obra.
“La vergüenza no es una emoción lo suficientemente fuerte como para impedir que hagamos nada” dice en un instante esta pétrea mujer de negocios. Es una declaración de intenciones sobre lo que envuelve toda la perturbadora trama de ‘Elle’. Los personajes que rodean a la protagonista representan la hipocresía religiosa y burguesa que proporciona un ruido de fondo constante, como piezas de un sinuoso puzzle lleno de ironía y alejado de cualquier tipo de convencionalismo. Un ‘thriller’ al uso, aprovecharía la coyuntura para victimizar al rol principal y construiría su arco narrativo como un viaje expiatorio de venganza y auto aceptación en un mundo de negocios e intereses contra los que luchar. ‘Elle’ olvida artimañas y cánones para adentrarse en una diversidad desafiante. Verhoeven crea una hoguera argumental en su análisis satírico que vincula de forma impía el sexo, poder y violencia, constatando su gusto con una clave patológica que lleva a la música de Anne Dudley y la fotografía Stéphane Fontaine para conformar esta fábula de morbosidad corrosiva. La tensión dramática se sutiliza con un toque de comedia muy oscura, afilada y vítrea, sin sensacionalismo en la exhibición del material, que va atribuyendo una definición propia de empoderamiento femenino, definiendo a los hombres periféricos como débiles y debilitados.
Aunque haya quien crea que es una apología subversiva de la más feroz misoginia, la naturaleza del deseo femenino de la madurez, la insatisfacción vital y la lucha interna se hacen necesarios para trascender esta experiencia de Michèle para hacerla suya y ganar insultantemente la partida del desagravio. En casi todas las películas de Verhoeven los personajes femeninos no representan la independencia feminista, sino que simbolizan las fantasías masculinas. Aquí va mucho más allá, con la perturbadora figura de una poderosa Isabelle Hupper, que hace que la oscuridad del personaje brille en la superficie, desafiante, resplandeciente y provocadora. ‘Elle’ no es una fábula que inste a justificar el goce de una agresión sexual o una “comedia sobre la violación” que puede a malentenderse como merecida dada la explotando de las fantasías oscuras de sus consumidores del producto de su empresa (princesas que son penetradas por trolls con múltiples tentáculos). Estamos ante una sátira social oscura y retorcida sobre la muerte sobre los valores burgueses, ambientada en el París contemporáneo que lleva sus designios a un nihilismo egoísta llevado por una brújula moral defectuosa creada a través de ideologías post-modernas de nuevo cuño. ‘Elle’ es un cuento sobre el sadismo y la rabia, la sordidez y la complicidad, el desprecio y la humillación… El resultado es diabólicamente divertido y ferozmente perturbador.

ACTOR 2016
– LEONARDO DiCAPRIO
‘El Renacido (The Revenant)’.
Muy lejos quedó aquel Leonardo DiCaprio que empapelaba las carpetas de las adolescentes allá por los 90. Tras convertirse en el actor fetiche de Martin Scorsese y dejar atrás su condición de ‘sex symbol’ cuyo rostro era el único reclamo en taquilla de sus películas, DiCaprio lleva años luchando por dejar atrás todo aquello y ha concentrado su carrera en moldear personajes en muy determinadas películas que sugieren un nivel de madurez interpretativo adaptado a su condición de exigente estrella de Hollwood. ‘El Renacido’, colosal aventura ‘wildlife-brawl’ de Alejandro González Iñárritu, ha sido la nueva vuelta de tuerca del actor. Con su profesionalidad a la hora de abordar un papel, para dar vida a Hugh Glass se metió de lleno en el aprendizaje de lenguas nativas, aprendió a disparar y montar armas de fuego del siglo XIX y convivió durante días con un chamán para aprender técnicas de sanación ancestrales.
Todo ello ha tenido el resultado de un trabajo sobresaliente, posiblemente, el mejor de la filmografía del actor. Pese a parecer obstinado en la consecución de ese ansiado premio en forma de estatuilla de la Academia, la determinación llevada al límite en su personificación casi animal de este mito de la leyenda americana con corazón nativo evidencia un sorprendente compromiso con el papel. Su equilibrio entre el pulso dramático y el componente irracional de ese padre con sed de venganza ha afianzado su reputación en el ‘star system’ alcanzando la madurez interpretativa en este ‘tour’ de force’ tan exigente y físico. Y ya va siendo hora de reconocer la valía de este intérprete habitualmente denostado por la crítica.

ACTRIZ 2016
– ALICIA VIKANDER
La chica danesa (The Danish Girl), Ex Machina (Ex Machina).
A pesar de que Brie Larson, Saoirse Ronan o la veterana Cate Blanchett podrían haber sido consideradas para esta categoría, lo cierto es que la gran sorpresa del año ha sido Alicia Vikander. Ya destacó como Kitty en la adaptación de Joe Wright de la obra de León Tolstói ‘Anna Karenina’ en 2012, cerrando una temporada de premios y reconocimientos con dos películas, la cinta distópica de Alex Garland ‘Ex Machina’, donde da vida a Ava, una inteligencia artificial que, bajo su sensual y delicado rostro, esconde una amenaza para la Humanidad con aspiraciones de albedrío y feminismo soterrado y la más floja ‘La chica danesa’, en la que interpreta a Gerda Wegener, que traviste a su marido para que pose como modelo artístico llegando a metamorfosearle con la identidad de Lili Elbe y que suena como posible ganadora en la próxima edición de los Oscar.
Esta actriz sueca de 27 años tiene como arma una dulzura desarmante que lleva a sus papeles con una compleja sencillez que acerca su delicada figura a la identificación con el espectador. Formada en el mundo del ballet, recaló en Londres donde pasó tiempo escuchando negativas en audiciones de todo tipo. En Hollywood su oportunidad llegaría con ‘The Royal Affair’, cinta danesa dirigida por Nikolaj Arcel que fue nominada a mejor película de habla no inglesa. Y apartir de ahí, su consolidación en la industria gracias a su talento y a esa mezcla de fragilidad y dureza que han hecho de esta actriz de futuro la chica de moda en el cine estadounidense. Tanto es así, que se habla de que pueda ser el nuevo rostro de la heroína del videojuego Lara Croft en el nuevo ‘reboot’ que se prepara en Hollywood.

DIRECTOR 2016
– ALEJANDRO GONÁLEZ IÑÁRRITU
‘El Renacido (The Revenant)’.
Ya el año pasado, Alejandro González Iñárritu hizo méritos con su arriesgada ‘Birdman’, película que pese a no ganar el Oscar a mejor película, sí le reportó su merecida estatuilla como mejor director. El premio es lo de menos, porque el cineasta mexicano dio un giro radical a su carrera con una compleja y poco accesible película que auto exorcizaba sus propios demonios fílmicos, transformándolos en la odisea de la locura interior de un personaje como reflexión acerca de cuestiones orientadas hacia la psique humana, la industria de Hollywood, la falsa catarsis que produce un estreno en Broadway y que apela, sobre todo, a la enloquecida dinámica de esta época que vivimos.
Como buen megalómano, su siguiente proyecto debía ser un revolucionario doble pirueta con ‘El Renacido’, titánica obra de cámara, casi una experiencia cinemática y visceral sobre la agónica aventura fraguada en la épica de un hombre enfrentado a la supervivencia y el extraordinario poder del espíritu humano. La capacidad inmersiva con la que Iñárritu capta la simulación de esa aventura que se percibe casi a través de estímulos sensoriales, como una vivencia más que como la reflexión sobre la vida que se expone. Sin negar que las connotaciones de pretensión megalómana del cineasta mexicano al orquestar esta épica aventura, lo explícito, la brutalidad fetichista y sanguinolenta bajo la apariencia de honestidad son particularmente impresionantes. Se habla de un segundo Oscar consecutivo. De ser así, sería un hito histórico dentro de la historia de estos premios y dentro de la cinematografía mexicana.

PELÍCULAS DESTACADAS
– ‘La Bruja (The Witch)’, de Robert Eggers.
– ‘El Renacido (The Revenant)’, de Alejandro González Iñárritu (Crítica ‘El renacido’).
– ‘Mi amigo el gigante (The BFG)’, de Steven Spielberg
– ‘High-Rise (High-Rise)’ de Ben Wheatley.
– ‘La doncella (Ah-ga-ssi)’, de Park Chan-wook
– ‘Cementery of Splendour (Rak ti Khon Kaen)’, de Apichatpong Weerasethakul.
– ‘El porvenir (L’avenir)’, de Mia Hansen-Løve.
– ‘Brooklyn (Brooklyn)’, de John Crowley.
– ‘Todos queremos algo (Everybody Wants Some!!), de Richard Linklater.
– ‘Zootrópolis (Zootopia)’, de Byron Howard, Rich Moore, Jared Bush.
– ‘¡Ave, César! (Hail, Caesar!)’, de Joel y Ethan Coen.
– ‘Más allá de las montañas (Shan he gu ren)’, de Jia Zhang Ke.
– ‘El niño y bestia’ (‘Bakemono no Ko’) de Mamoru Hosoda.
– ‘The Duke of Burgundy’, de Peter Strickland.
– ‘Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane)’, de Dan Trachtenberg.
– ‘La gran apuesta (The Big Short)’, de Adam McKay.
– ‘Historia de una pasión (A Quiet Passion)’, de Terence Davies.
– ‘Ahora sí, antes no’ (‘Ji-geum-eun-mat-go-geu-ddae-neun-teul-li-da’) de Hong Sang-soo.
– ‘Mustang (Mustang)’, de Deniz Gamze Ergüven.
– ‘Toni Erdmann (Tony Erdmann)’, de Maren Aden.
– ‘Corazón gigante (Fúsi)’, de Dagur Kári.
– ‘Captain Fantastic (Captain Fantastic)’, de Matt Ross.
– ‘Triple 9 (Triple 9’, de John Hillcoat.
– ‘Buscando a Dory (Finding Dory)’, de Andrew Stanton, Angus MacLane.
– ‘Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)’, de Mel Gibson.
– ‘La juventud (La giovinezza)’, de Paolo Sorrentino.
– ‘Neruda’, de Pablo Larraín.
– ‘El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari)’, de Isao Takahata.
– ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’, de Travis Knight
– ‘Los exámenes (Bacalaureataka)’, de Cristian Mungiu.
– ‘El extraño (Goksungaka)’, de Na Hong-jin.
– ‘Sparrows (Þrestir)’, de Rúnar Rúnarsson.
– ‘Caballo dinero (Cavalo Dinheiro)’, de Pedro Costa.

PEORES PELÍCULAS
– ‘Escuadrón suicida (Suicide Squad)’, de David Ayer.
– ‘Cazafantasmas 2016 (Ghostbusters 2016)’, de Paul Feig.
– ‘La leyenda de Tarzán (The Legend of Tarzan)’, de David Yates.
– ‘La correspondencia (La corrispondenza)’, de Giuseppe Tornatore.
– ‘Point Break (Point Break)’, de Ericson Core.
– ‘La chica danesa (The Danish Girl)’, de Tom Hooper.
– ‘Alicia a través del espejo (Alice Through the Looking Glass)’, de James Bobin.
– ‘Frente al mar (By the Sea)’, de Angelina Jolie.
– ‘Bridget Jones’ baby (Bridget Jones’ baby)’, de Sharon Maguire.
– ‘Ben-Hur (Ben-Hur)’, de Timur Bekmambetov.
– ‘Ahora me ves 2 (Now You See Me 2)’, de Jon Chu.

DECEPCIONES
– ‘La habitación (Room)’, de Lenny Abrahamson.
– ‘Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia (Batman v. Superman: Dawn of Justice)’, de Zack Snyder.
– ‘Los siete magníficos (The Magnificent Seven)’, de Antoine Fuqua.
– ‘Money Monster (Money Monster)’, de Jodie Foster.
– ‘Sully (Sully)’, de Clint Eastwood.
– ‘Dr. Strange (Dr. Strange)’, de Scott Derrickson.
– ‘Café Society (Café Society)’, de Woody Allen.
– ‘Amor y amistad (Love & Friendship)’, de Whit Stillman.
– ‘Steve Jobs (Steve Jobs)’, de Danny Boyle.
– ‘Aliados (Allied)’, de Robert Zemeckis.
– ‘The Neon Demon (The Neon Demon)’, de Nicolas Winding Refn.
– ‘La chica del tren (The Girl on the Train)’, Tate Taylor
– ‘Zoolander Nº2 (Zoolander Nº2)’, de Ben Stiller.

FUTURAS ‘CULT-MOVIES’
– ‘Deadpool (Deadpool)’, de Tim Miller.
– ‘Dos buenos tipos (The Nice Guys)’, de Shane Black.
– ‘Baskin (Baskin)’, de Can Evrenol.
– ‘El regalo (The Gift)’, de Joel Edgerton.
– ‘En el sótano (Im Keller)’, de Ulrich Seidl.
– ‘Green Room (Green Room)’, de Jeremy Saulnier.
– ‘Gimme Danger. La historia de The Stooges (Gimme Danger)’, de Jim Jarmusch.
– ‘La fiesta de las salchichas (Sausage Party)’, de Greg Tiernan, Conrad Vernon.
– ‘13 horas: los soldados secretos de Bengasi (13 hours)’, de Michael Bay.

CINE ESPAÑOL
– ‘Gernika’, de Koldo Serra.
– ‘Un monstruo viene a verme’, de J.A. Bayona.
– ‘Tarde para la ira’, de Raúl Arévalo.
– ‘Que Dios nos perdone’, de Rodrigo Sorogoyen.
– ‘El hombre de las mil caras’, de Alberto Rodríguez.
– ‘La reconquista’, de Jonás Trueba.
– ‘Toro’, de Kike Maíllo.
– ‘La muerte de Luis XIV’, de Albert Serra.
– ‘Cien años de perdón’, de Daniel Calparsoro.
– ‘Julieta’, de Pedro Almodóvar.
– ‘Esa sensación’, de Juan Cabestany, Julián Génisson y Pablo Hernando.
– ‘La próxima piel’, de Isaki Lakuesta e Isa Campo.
– ‘El Olivo’, de Icíar Bollaín.
– ‘1898. Los últimos de Filipinas María (y los demás)’, de Salvador Calvo.
– ‘El tiempo de los monstruos’, de Félix Sabroso.