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Los Premios Feroz han crecido desde 2013 y van ganando identidad propia, pese a ser la respuesta lógica a los Globos de Oro estadounidenses considerados como la “antesala de los Oscar”, que aquí podría definirse de esta forma tan manida. Estos galardones entregados por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España se han solidificado como un referente en este tipo de saraos que reconocen de forma anual (y no siempre parcial) el mérito y la calidad de la producción cinematográfica española. La V Edición celebrada en el Complejo Antonio Magariños tenía como maestro ceremonias al actor y cómico Julián López, que comenzó con ‘La Hora Chanante’ y se ha transformado en una figura primordial dentro de la comedia nacional.
Le habían precedido en esta tarea Antonio de la Torre, Silvia Abril, Bárbara Santa Cruz y Alexandra Jiménez. Hasta el momento, casi todos ellos habían dado a la ceremonia un toque de desparpajo, con la intención de hacer una gala ágil, divertida y algo mordaz, con cierta sorna y autocrítica más desvergonzada que lo que viene siendo habitual en los Goya. Por supuesto, uno de los temas recurrentes que hicieron gala dentro de la velada fue la esperada reivindicación feminista que tiene su eco en el movimiento #Metoo americano. Sin embargo, nadie contaba con las fantásticas sobradas del presentador más salvaje de cuantos se recuerdan en una de estas reuniones colectivas.
“Gustavo Salmerón, me ha decepcionado un poquito tu película. Yo leí Muchos hijos, un mono y un castillo y dije ¡Hostia! ¡Por fin un biopic sobre la infanta Cristina!”.(Julián López).
Cuando Julián López salió al escenario en seguida dejó intuir con su arranque de monólogo que la cosa iba de cargada de cinismo y pullas a diestro y siniestro. Comenzó aludiendo al secretismo de los acosadores sexuales del cine español, acusando a los productores de comprar taquillas e ir muy detrás de los designios americanos en todo. Siguió con Cataluña, la Guerra Civil, la posición ante el independentismo de Isabel Coixet. Le metió cera a las películas nominadas, hizo chistes sobre Paz Vega y su aventura hollywoodiense y a costa de José Luis Perales. Los asistentes se miraban atónitos. Algunos reían a mandíbula batiente, otros serios y sin saber dónde mirar. Casi todos con ese tipo de risa nerviosa de no saber qué hacer exactamente.
López, muy venido arriba y sin importarle algunos silencios que para otros hubiera resultado incómodo, siguió con los blogueros, con la nulidad de espectadores en las películas nominadas, aludió al conocido río de champán, vino y otros elixires que se consumen durante la gala a costa del patrocinador del evento. En concreto, apuntó a su amigo Borja Cobeaga y a “los Javis”, directores de ‘La llamada’. Pero hubo más. Repartió a la monarquía, al Opus Dei, chistes sexuales sobre los vascos, interactuó con Maribel Verdú y dejó caer el monopolio de nominaciones a series de Movistar, la cadena que retransmitía la ceremonia.
Tras la entrega, el cómico no ha recibido muy buenas críticas, pero lo cierto es que el bueno de Julián López brindó uno de los monólogos más brillantes y provocadores de los últimos tiempos. Es inevitable aludir a la figura de Ricky Gervais y su agridulce vinculación a los Globos de Oro. Incomodó con su afilado humor, con sus chistes cargados de sarcasmo y buenas dosis de autocrítica hacia el cine español. Estaría bien que su presencia fuera una constante en estos premios. Aunque lo dudo mucho.
Pero es que en estos tiempos de corrección política, conservadurismo, hipocresía y límites a la libertad de expresión, lo de López es un oasis que hay que alabar. Ojalá vuelva. Y no sólo a los Feroz. Los Goya serían una diana perfecta para sus dardos. Grande, Julián. Mis respetos.