‘Pobre cabrón’, de Joe Matt

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
Cuando uno lee ‘Pobre cabrón’, de Joe Matt, no deja de reconocer en el cinismo, el egoísmo personal, el miedo a las relaciones o la mezquindad absurda e infantil que rodea toda esa mugre moral de su personaje autoparódico, que hay un poco de nosotros mismos dentro de él… ¿En qué momento no hemos rechazado un buen polvo o un vínculo afectivo con posibilidades por anteponer la búsqueda de la mujer ideal? ¿No hemos actuado de forma inconsecuente y ha sido un pobre cabrón?
En este cómic se dan las pautas que definen una personalidad despreciable y decadente, cierto es, pero en el fondo sigue siendo reconocible e identificable la personalidad de un ser pusilánime que llega a resultar un icono dilecto para el lector. La inmadurez y el patetismo con la que reacciona a sus dudas existenciales y amorosas, la actitud desarraigada, la tacañería y sus despropósitos y fantasías sexuales no son más que esa inconsciente quimera universal que nadie reconoce por el hedonismo.
Es ‘Pobre cabrón’ una radiografía analítica e introspectiva, desarrollada con una energía y ritmo entusiastas, con magníficos diálogos, exacta morfología y recursos como los ‘flashback’ o las elipsis, que aportan al compilatorio una lectura amena y rápida. Joe Matt no se corta un pelo al mostrarse al mundo como un ser ruin e incapaz de esconder sus prejuicios ridículos, siendo contrarrestados por la voz de la conciencia que representan sus amigos, víctimas de esa inseguridad y confusión de un personaje aficionado a la pornografía, maniático ingobernable que, desde su profunda humanidad, tanto recuerda al estilo de Robert Crumb, Peter Bagge o Daniel Clowes, por mucho que Matt siempre refiera como influencias a Art Spiegelman, Robert Crumb o Harvey Pekar.
Con todos ellos comulga esta magnífica obra que lleva la honestidad personal hasta límites insospechados, sin atender a moderación alguna cuando se trata de retratarse con un escrupuloso gusto hacia la incorrección política, donde no falta el humor ácido y la ironía hijaputa, sin perder de vista la autocrítica, la sátira social y sexual o la descripción de las miserias cotidianas, elementos muy afines al cómic underground.
El universo de Joe Matt, lleno de diversión y escepticismo deformado, invoca a la irreverencia y a la mordacidad de un caos de contradicción y reflexión, de temosa identificación con lo leído. Un mundo en el que una colección de ‘view-masters’ sea el pasatiempo favorito, que cuando llega la oportunidad de ese ilusorio ‘Ménage à trois’ masculino, no se esté a la altura o que una tía buenorra y exótica, bajita, con cuerpo de diosa y sin ninguna imperfección física pueda convertirse en el objeto del deseo, en la Chica de Ipanema.
Imprescindible.

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