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(1948-2017)
Cuando en 2003 iba a estrenar ‘El Límite’ en Salamanca, encontré ciertas dificultades para hacerlo en unas condiciones de proyección que satisficieran los propósitos de visionado para la puesta de largo ante el público de mi ciudad. Como entonces, los dispositivos digitales no estaban instaurados en los cines comerciales, tuve más complicaciones de las esperadas para mostrar nuestro trabajo a amigos, familiares y curiosos. Fue entonces cuando recibí una llamada que descompondría todos los problemas habidos y por haber. Ese rayo de luz inesperado de la providencia antojadiza.
Al teléfono estaba Juan Antonio Pérez Millan, al que conocía tras haberme pasado prácticamente toda la carrera de CC. de la Información haciendo pellas para ver cientos de películas. También fue clave para traer títulos a esta ciudad que no figuraban en el catálogo con los que trabajar en mi tesina de fin de carrera. Siempre le estaré agradecido por ello.
“¿Qué te parece si hacemos un par de pases en la Filmoteca? ¿Te gusta la idea?”.
Fue la pregunta que me hizo. Obviamente estaba encantado. Las proyecciones, el coloquio y el ‘feedback’ con el público superaron nuestras expectativas más optimistas. Pero si algo estuvo muy por encima de la calidad del cortometraje fue el trato y la amabilidad de ese hombre tranquilo que me estrechó la mano y me sugirió que siguiera haciendo cine. Que nunca lo dejara. También que podía contar con él para cualquier cosa.

Juan Antonio Pérez Millán fue un hombre nacido por y para dar sentido al cine. A lo largo de su vida no cejó en el empeño de divulgar y conservar el Séptimo Arte como el elemento fundamental que supone para el ser humano. Fue crítico y analista cinematográfico, impulsor de numerosos y valiosos proyectos que dinamizaron y modernizaron el fomento del cine y de la cultura. Posiblemente haya sido uno de los mejores gestores culturales conocidos a nivel nacional. Su carrera es intachable y profusa. Ejerció como director general de Promoción Cultural de la Junta de Andalucía, creó la Escuela Municipal de Cine de Salamanca e impulsó la mítica colección de libros ‘Zoom’. En los años 80, dirigió durante dos años la Filmoteca Nacional y como político estuvo dentro del departamento de educación y cultura en el partido socialista en el equipo de gobierno de José Constantino Nalda.
En los 90 comienza su andadura como director de la Filmoteca Regional de Castilla y León en el que aúna un número indeterminado de bobinas de celuloide, artilugios relacionados con el oficio fílmico y rescató películas que parecían perdidas para la historia del nuestro cine. Fue primer coordinador del programa Salamanca 2002 Ciudad Europea de la Cultura y estuvo vinculado a la SEMINCI de Valladolid y ejerció de jurado en otros certámenes como San Sebastián o Cannes. Como profesor impartió clases en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca y publicó infinidad de libros y ensayos cinematográficos. Este mismo año recibió la Medalla de Oro de Salamanca y en esta ciudad fue una figura cultural determinante.

Después de aquello, coincidí algunas veces más con él. En algún grupo común o tomando alguna caña en el Baviera. Era un conversador apasionante con miles de anécdotas y viviencias. Un tío muy erudito, con gran sentido del humor pese a su seriedad y cercano en las distancias cortas. Sus más allegados le conocían como “El Tigre”. Yo nunca tuve tanta confianza como para llamarle así, pero fue un hombre generoso del que todo el mundo hablaba, antes de la triste noticia de su fallecimiento, siempre maravillas con todo tipo de loas y adjetivos ponderativos. Todo el mundo le quería. Y eso denota y dice mucho de una persona.
Salamanca pierde así a un elemento insustituible dentro de su familia cultural. Pese a ser de Algeciras, Juan Antonio Pérez Millán fue un referente local, como un hijo predilecto al que un puñado de soñadores románticos escuchábamos con embeleso a sabiendas de estar ante un hombre admirable y maestro que demostró que el cine se puede instruir con destreza y autoridad mucho más allá que detrás de una cámara de cine.
D.E.P. maestro.