Jerry Lewis, el cómico y cineasta total

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1926-2017)
“Me pagan por lo que castigan a la mayoría de los niños”.
Jerry Lewis fue mucho más que un cómico. Posiblemente, uno de los más brillantes que ha dado Hollywood y el mundo del cine. Su manejo de la comedia física basada en la gestualidad inacabable y la pantomima ha tenido una representación más esplendorosa que en cualquier arte. Poseedor de un carisma innato para la comedia, el actor, escritor, productor y director era capaz de llevar situaciones de humillación hacia la carcajada y lo grotesco, con un carácter infantil que traspasaba la moderación con acciones embarazosas que adquirían un atributo de libertad que se reía de la identidad estadounidense con un humor deformado y retorcido.
Durante su carrera exploró los límites de la comedia muchas veces como objeto de contemplación de una especie de yo contradictorio para convertirlo en fragmentación, discontinuidad y nuevas formas de la gramática dentro de un espectáculo con el único objetivo de hacer reír al público. Fue más que un simple bufón, con todo lo bueno a lo que conlleva el término. Un estudioso de las estructuras más complejas del lenguaje y de la mecánica oculta detrás del humor visual. La experimentación mecánica de la comedia era mucho más inteligente de lo simple que pudiera parecer.
Jerry Lewis nació como Joseph Levitch el 16 de marzo de 1926 y fue hijo de artistas. ¿Debutó a los cinco años cantando ‘Brother, Can You Spare A Dime?’ en el Hotel Borscht Belt en Nueva York y durante toda su vida el mundo del espectáculo fue su sustento y su sueño. Trabajó como acomodador de teatro y su gran oportunidad llegaría en el club nocturno 500 de Atlantic City cuando conoció a un cantante nacido en Ohio llamado Dean Martin, con el que seguiría actuando hasta lograr actuar junto a él en el Copacabana neoyorquino, club más célebre de la época. Su complicidad y asociación dentro y fuera del escenario comprendieron un alcance y una brillantez sobresaliente. Por supuesto, su salto a Hollywood fue un éxito fulminante. Su primera película juntos ‘Mi amiga Irma’ daría como consecuencia diecisiete películas juntos. La última fue ‘Hollywood or Bust’.
Eran como auténticas estrellas de rock que arrasaban con su nueva película, sienro el acontecimiento más esperado por millones de espectadores. De este triunfante periplo saldrían películas que son historia del género; ‘Artistas y modelos’, ‘En guerra con el ejército’, ‘Loco por Anita’, ‘Qué par de golfantes’ y ‘Las joyas de la familia’, entre muchas otras. El humor y el antagonismo de sus personalidades eran el condimento perfecto que nutrió de risas los cines de la década de los 50. Empezaron como socios compenetrados e iniciaron una amistad que se acabaría resquebrando hasta que se odiaron y se dejaron de hablar. El 25 de julio de 1956, ya enemistados, regresaron al Copacabana para ofrecer su última actuación. Desde entonces, siguieron sin reconciliarse. Fue Frank Sinatra el que pudo reunirles en el septuagésimo segundo cumpleaños de Dean y entonces sellaron la paz. Hubo rumores de un nuevo espectáculo que devolvería el esperado regreso de Dean y Lewis. Incluso se habló de una nueva reunión cinematográfica. Sin embargo, nunca se produjo.
Su carrera en solitario alcanzaría su máximo esplendor en la década de los 60, fundamentalmente bajo la batuta de Frank Tashlin, que venía de la prestigiosa sección de animación de la Warner Bros. dedicada a los míticos Looney Tunes y que había trabajado con el extinto dúo cómico rodando algunas joyas como ‘Lío en los grandes almacenes’ y ‘¡Qué me importa el dinero!’. Aunque el mejor papel interpretativo de Lewis llegaría muchos años después con ‘El Rey de la Comedia’ . En 1982 se puso a las órdenes de Martin Scorsese en el papel de Jerry Langford, un exitoso presentador de televisión que se ve acosado por un ‘stalker’ interpretado por Robert De Niro. Su personaje representaba las antípodas de su paródico rostro pretérito y a pesar de que supuso un fracaso comercial, hoy en día está considerada como una de las mejores películas de su director y una épica comedia negra sobre el humor y su trágica causticidad.
Un “cineasta total”.
La faceta que más destaca de Lewis no es su carisma como cómico ni su trayectoria interpretativa, aunque sea un referente. Su ímpetu artístico como creador le convirtió en un director pionero que desafió las reglas de la comedia, en un flanco poco menos que contracultural y su obstinación le llevó a romper el ilusionismo de la realidad de Hollywood de entonces. Fan incondicional de “Ernie” Bushmiller en su condición de exégeta del humor, reinterpretó los códigos a un subnivel intelectual sólo al alcance de los genios.
Como cineasta fue poco valorado en Estados Unidos, pero toda una eminencia del género en Francia. Gracias, en parte, a que desde la prestigiosa revista Cahiers du cinema, con Francois Truffaut y Jean-Luc Godard como valedores del cómico, incentivaron su figura engrandeciendo así su filmografía como autor. De comediante estadounidense sobrevalorado en su país a ser considerado como un talento adelantado a su tiempo en Europa, incluyéndole entre nombres clásicos como Charlie Chaplin, Buster Keaton o Jacques Tati.
Siempre procuró fomentar un humor circunscrito a la identidad étnica de los judíos como parte ineludible en su búsqueda de la risa, introduciendo una inhumada esencia ‘jewishness’. Como investigador cinematográfico, concibió y tiene la patente del ‘video assist’, la pequeña cámara incorporada al cinematógrafo con la que el director comprueba lo filmado en tiempo real que utilizó por primera vez en ‘El botones’ y que desarrolló conjuntamente con la marca tecnológica Sony. Su inventiva estilística inquieta y su heterogeneidad visual definieron una ditintiva interacción cinética entre personajes y espacios arquitectónicos. Era un estudioso del género y llegó a desarrollar auténticas teorías cómicas como funcionamiento dentro de la narración, a medio camino entre el ‘gag’ como recurso constante que aparecía como procedimiento en la línea argumental clásica y la conceptualización más libre de abarcar la realidad confrontándola con la fantasía absurda que escondía un trasfondo social apenas imperceptible.
Lewis era capaz de deconstruir el funcionamiento de un chiste para reconvertirlo en algo más valioso. Se le llegó a definir como un “cineasta total” y fue reconocido como un filósofo del arte antes que como el genial comediante que representó en el mundo del cine una obra más allá de la comedia, cuajando un catálogo de eficaz inventiva y profundidad. Títulos de la talla de ‘¿Dónde está el frente?’, ‘Tres en un sofá’, ‘Jerry Calamidad’, ‘Un espía en Hollywood’ o ‘El botones’ son prueba de ello. Aunque si hay dos obras maestras que concretan las muchas virtudes de su cine, serían ‘El terror de las chicas’ y ‘El profesor chiflado’.
Fue tildado de perfeccionista obsesivo y exigente, de déspota y muchas veces tachado por los miembros del equipo técnico como un tirano y narcisista. En el camino quedó a película maldita ‘The Day the Clown Cried’, tragicomedia sobre un payaso abandonado que entretiene a niños judíos en Auschwitz que nunca vio la luz. Su burla a Hitler y parodia sobre un tema tan delicado era patrimonio del autor. Y su pesadumbre por las consecuencias que pudiera tener y la disconformidad con el material rodado hizo que jamás saliera a la luz.
Nos deja así uno de los mejore cómicos, un innovador cinematográfico y también un filántropo que desarrolló una paralela itinerario profesional con su estrecha vinculación con la Teletón Anual de la Asociación de la Distrofia Muscular del Día del Trabajo donde ejercía de anfitrión y presidente desde 1952, en el que también polemizó a través de unas palabras homófobas buscando nuevas líneas extremas del humor. Pidió perdón y siguió con una vida. Le concedieron el Oscar Humanitario Hersholt de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficos en 2008. Ha muerto por causas naturales a los 91 años.
D.E.P.

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