Finales NBA 2023

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
Denver campeón, exhibición ante Miami y Jokic MVP
Por primera vez en su historia, después de 47 años en la NBA, los Nuggets ha sido dominantes de toda la postemporada y gana un merecido título con Nicola Jokic convertido en el mejor jugador del planeta.
El Play-In fue la gran apuesta de Adam Silver para insuflar otra perspectiva a una temporada 2020-2021 marcada por la pandemia, los protocolos y las lesiones. Un nuevo formato que incluía un torneo clasificatorio que pretendía darle más emoción, más igualdad y más oportunidades a los equipos que se quedaban a las puertas de los Playoffs en cada Conferencia. Ocho equipos en total, cuatro por cada lado del mapa, del séptimo al décimo puesto de la regular, se jugaban el todo por el todo en un torneo exprés que prometía espectáculo y sorpresas. Pero la realidad fue otra.
Este año, mientras que en el Este hubo cierta lógica y tensión hasta el final, en el Oeste se respiró una atmósfera de resignación y desgana entre los aspirantes. Los Raptors de Nick Nurse, que habían sido campeones hace tres años, tiraron la toalla antes de tiempo y anunciaron que su temporada había terminado cuando aún tenían opciones de colarse en el Play In. Un gesto que evidenció el poco interés de la franquicia canadiense por competir al máximo nivel y que deslució el formato ideado por Silver.
No fue el único caso de desidia y desinterés en el Oeste. Portland también dio una imagen decepcionante al retirar a su estrella Damian Lillard un mes antes de que acabara la temporada regular, alegando que no quería arriesgarse a una posible lesión de su jugador franquicia. Los Spurs de Popovich ya dejaron claro desde principio de temporada su nula intención de ganar con un descarado ‘tanking’ para mejorar su posición en el draft. Los Rockets ni siquiera se presentaron a competir. Pero el colmo del despropósito lo protagonizaron los Dallas Mavericks, que se autoexcluyeron de los Playoffs por decisión propia, dando una vergüenza ajena difícil de olvidar. En el partido contra Chicago Bulls, Jason Kidd dejó en el banquillo a sus mejores jugadores, incluido Luka Dončić, por una “decisión organizativa”. Ese día, el American Airlines Center homenajeaba a Eslovenia, el país de origen de su estrella, pero los compatriotas que asistieron al partido vieron cómo su ídolo solo anotaba 13 puntos y apenas jugaba unos minutos. Después, vio el choque fuera de la rotación, junto a Kyrie Irving y el resto de los titulares.
La razón de este bochorno era que Mark Cuban y Nico Harrison preferían tener una primera ronda de draft protegida antes que seguir peleando por los Playoffs. Una actitud nada ejemplar que el propio Dončić criticó. Así, el último puesto del Play In del Oeste se lo llevó Oklahoma City Thunder, que sí mostró más ganas y orgullo. Todo esto deja la incógnita de si la temporada regular es demasiado larga y si la conducta de ciertos equipos por reservar a sus máximas estrellas en gran parte de la competición condiciona el negocio del baloncesto NBA y afecta a la competitividad de muchas franquicias que no son consideradas ‘contenders’.
Si algo sorprendió a propios y extraños fue la eliminación a las primeras de cambio de Milwaukee Bucks. Favoritos y candidato al anillo, con el mejor récord de la Conferencia Este (58-24) se vieron las caras contra Miami Heat, que venía de saldar cuentas con los Bulls como octavo en el Play In y pasando de forma milagrosa. En el primer partido, a las primeras de cambio, Antetokounmpo cayó lesionado sobre el costado y tuvo que retirarse con una contusión lumbar. El griego, fundamental en el esquema de Budenholzer, se perdió los dos siguientes partidos, cuando su equipo iba abajo 2-1 en la serie. Sin embargo, su presencia no fue suficiente para evitar la eliminación. Jimmy Butler (con un promedio de 37.6 puntos, 6 rebotes y 4.8 asistencias) y la defensa de los Heat, fueron suficiente para sacar los colores a los ciervos. Middleton, lejos de su forma y una rotación insuficiente que apelaban a la épica y la dependencia de Anteto se quedaron en el camino. El juego colectivo de la franquicia dirigida por Spoelstra, el tiro exterior y, sobre todo, la intensidad de un equipo sin complejos (y con la ausencia de Tyler Herro y Victor Oladipo, fuera por lesión) los llevaron a dejar en la cuneta a uno de los grandes candidatos en la carrera por el título. En camino quedó esa remontada de 17 puntos de los de Florida en el quinto partido con una canasta estratosférica de Butler para conseguir la victoria. La falta de carácter y de recursos ante un rival que les superó en todos los aspectos hicieron el resto. Y eso que sólo sería el comienzo de una epopeya histórica.
Mucho se habló del fracaso y la decepción de los Bucks con un emotivo discurso de Antetokounmpo sobre la derrota y el deporte. Se hizo viral. No obstante, en su reflexión como aparente lección para evitar la frustración poniendo un errático ejemplo como es el de Michael Jordan (aludió a sus anillos cotejándola con el resto de su carrera), más allá del aprendizaje de las derrotas, dejó en el aire la falta de autocrítica y de no asumir la tremenda decepción de un equipo que cayó 4-1 contra el octavo de su conferencia. Consecuencia directa: Budenholzer ha sido despedido y el futuro de los Bucks depende de diversos condicionantes que se irán dilucidando en la postemporada.
Si ha habido una revelación en estos playoffs, ha sido la irrupción de Sacramento Kings. Un equipo que ha vuelto a saborear lo que es la pugna por el título después de un largo y tortuoso desierto de dieciséis años. Con un balance de 48-34 en la temporada regular, los de Mike Brown han significado una evolutiva ascensión con un baloncesto colectivo, donde la velocidad, la inteligencia y el atrevimiento han sido las armas para competir contra cualquier rival, por mucha enjundia que tuvieran. Así lo hicieron ante unos Minnesota Timberwolves, otro equipo joven, pero con más dudas en su roster. Los de la región de los Grandes Lagos no pudieron frenar al tridente formado por De’Aaron Fox, Domantas Sabonis y Malik Monk, que les despacharon por 4-2 en la primera ronda.
Y así lo volvieron a hacer ante los todopoderosos Golden State Warriors, los actuales campeones y favoritos al campeonato. Los tuvieron contra las cuerdas, con dos victorias iniciales en el Oracle Arena, escenario en el que es muy complicado ganar. Los Kings hicieron temblar el imperio de Steve Kerr y Stephen Curry, que tuvieron que sacar su mejor versión para evitar la debacle. El genio de Akron se fue hasta los 50 puntos de media en la serie, una auténtica barbaridad que solo está al alcance de los elegidos. Los Kings resistieron hasta el séptimo partido, donde sucumbieron por 120-100 ante el vendaval ofensivo de los Warriors. Se marcharon con la cabeza alta y el aplauso unánime de la NBA, que ha descubierto a un equipo con futuro y personalidad. Y con ello han devuelto la ilusión a una franquicia que llevaba años en el ostracismo y que se han granjeado el respeto y el reconocimiento de toda la liga. Ha sido una de las sorpresas más destacadas de esta temporada.
Las lesiones son un tema recurrente que influyen en la dinámica de estos cruces y limitan las posibilidades de equipos que, a priori, tendrían algo significativo que decir en Playoffs si no fuera por esta aciaga circunstancia. Con Paul George y Marcus Morris fuera de la rotación y la inesperada lesión de Kawhi Leonard, Los Angeles Clippers cayeron contra Phoenix Suns por 4-2, abriendo una compleja reflexión sobre el futuro de una franquicia que debe plantearse si erigir un proyecto con los dos pilares de grandes estrellas como Leonard y George (a sabiendas de sus frecuentes recaídas y pasos por la enfermería) o una renovación profunda en el fondo en el equipo. En otro nivel, la situación de los Suns no fue muy distinta. Otro de los fracasos y decepciones más sonadas al caer, con gran facilidad frente a Denver Nuggets (4-2). Han dejado entrever la problemática de una franquicia que se dejó en su órdago de hacerse con los servicios de Kevin Durant un importante pago que ha sido contraproducente con sus propios intereses.
En el cambio, se quedaron en el camino Mikal Bridges, Cam Johnson, Jae Crowder y cuatro primeras rondas del Draft (2023, 2025, 2027 y 2029), más un intercambio de elección para 2028. Y, pese a que tienen a un jugador determinante y sobresaliente como Kevin Booker (los mejores números de los Playoffs), es insuficiente. Los problemas internos, la falta de química y de consistencia durante estas series han hecho dilucidar las metas de una plantilla que está por debajo de las expectativas con la llegada de unos de los mejores jugadores de la historia. A los Suns les falta recambios cuando no están Booker y Durant, por no hablar de la falta de rebote, la improductiva defensa y la falta de versatilidad. La rotundidad con la que cayeron ante unos Nuggets con un Jokic imperial también le costó el puesto a Monty Williams.
Pero si hablamos de catástrofes y de decepciones trascendentales, entrarían (junto a los Bucks) esos Philadelphia 76ers que celebraron y jalearon el MVP de la temporada para Joel Embiid como si fuera un título colectivo. Un premio cuya importancia se esfumó en el instante en el que el pívot volvió de una lesión, reapareciendo como el Mesías capaz de llevar a este equipo a la gloria que él había alcanzado de forma individual con voces críticas que señalaron el meritorio reconocimiento hacia Nicola Jokic. La burocracia y la narrativa de este cada vez más cuestionable galardón no dejaron reconocer al serbio por tercer año consecutivo como el mejor jugador de la NBA. Hubiera sido lo correcto.
El serbio ha sido el líder de los Nuggets, primeros en la Conferencia Oeste, promediando 27.8 puntos, 11.2 rebotes y 8.6 asistencias por partido. Hasta 2023 ningún jugador de la historia ha sido capaz alcanzar esos números en una temporada. Jokic también fue el jugador más eficiente de la liga, con un 57.5% en tiros de campo, un 41.1% en triples y un 87.3% en tiros libres. Pero los números y la lírica no pesaron tanto como que Joel Embiid, siempre muy crítico con este premio individual y plañidero con su merecimiento, al fin lograra su ansiado objetivo. Por fin se lo dieron. El pívot camerunés acabó como el máximo anotador de la liga, con 33.1 puntos por partido. Además, ha liderado a los Sixers al tercer puesto del Este. Era la hora de demostrar la legitimidad de este honor como el mejor jugador de la temporada.
Los 76ers, contra todo pronóstico ante los Celtics, aguantaron sólidamente, abriendo la esperanza del aficionado de la franquicia de Pennsylvania, con dos partidazos de James Harden que hicieron recordar a sus tiempos de MVP, llevándose los dos primeros partidos de la serie y dejando dudas en el favoritismo de Boston. Anotó 45 y 42 puntos en el primer y cuarto partido de la serie, respectivamente. Fueron capaces de forzar un séptimo encuentro, pese a las dudas que fraguó Embiid en una dubitativa reaparición, motivada, en gran parte, por forzar su regreso tras su esguince en la rodilla derecha en el tercer partido ante los Nets. La esperanza de un titánico choque en todo lo alto se diluyó con uno de los más sonados ridículos en este tipo de enfrentamientos.
Tanto es así, que la derrota ante los de Mazulla por 112-88 condiciona el proceso de reestructuración del equipo, que mostró una falta de carácter, de confianza y de recursos sonrojantes, ante un rival que les superó en intensidad, defensa y acierto. Embiid y Harden no se presentaron a la velada más importante de sus carreras. Fueron arrollados por unos Celtics abalados por un Jayson Tatum como gran estrella, con 51 puntos y 13 rebotes. Los 76ers se quedaron en unos paupérrimos 88 puntos con un 39.1% en tiros de campo y un 26.3% en triples. Además, cometieron 18 pérdidas de balón y sólo dieron 14 asistencias ¿Consecuencia? Otro entrenador que pierde su empleo: Doc Rivers no tendrá continuidad en un proyecto que se resquebraja con la más que posible marcha de Harden a Rockets.
Los Lakers llegaban como séptimos clasificados en el Oeste para enfrentarse a Golden State Warriors. Si bien es cierto que las sensaciones no habían sido halagüeñas durante el tramo final de la temporada, los de la Bahía siempre son imprevisibles y eran los actuales campeones. Cuando Stephen Curry entra en combustión, no hay barrera posible de frenarle. Pero aquí, se dieron de bruces con la realidad. Eliminados por 4-2 ante Los Angeles Lakers, los Warriors tendrán que reflexionar sobre lo ocurrido y prepararse para la próxima temporada, en la que intentarán volver a ser el equipo dominante que fueron en el pasado con una incógnita sobre el rendimiento de Thompson, la decisión continuista de Dreymond Green y, sobre todo, el apagón de juego y actitud de un jugador con contrato tóxico como es Jordan Poole.
Por su parte, Los Knicks, que habían vuelto a los playoffs tras ocho años de ausencia, llegaban con la ilusión de dar guerra y demostrar su progreso, tras haber tenido una temporada regular más que plausible e ilusionante liderados por Jalen Brunson y Julius Randle. Sin embargo, se encontraron con unos Miami Heat que habían recuperado su mejor versión en el momento clave sustentados en un todopoderoso Jimmy Butler y Bam Adebayo, reivindicando las mejores versiones de jugadores imprevisibles como Gabe Vincent, Max Strus, Kyle Lowry y un veterano como Kevin Love.
Tan sólo quedaba dilucidar los finalistas de estos Playoffs 2023. Muchos nostálgicos del ‘mainstream’, los más apolillados y ajenos a los nuevos tiempos, soñaban con un vetusto clásico como el Lakers-Celtics. Y lo cierto es que, sobre el papel, no era una idea descabellada. No fue posible. La barrida de Denver Nuggets ante Lakers (4-0) pasó por la superioridad de Nikola Jokic, cuyo dominio se tradujo en un promedio de 30 puntos, 14 rebotes y 13 asistencias por partido, con un triple-doble histórico en el último encuentro.
Jokic contó con el apoyo de Jamal Murray, Aaron Gordon y Jeff Green y, sobre todo, su hegemonía en la zona interior para poner freno a Anthony Davis y al resto de interiores de unos Lakers con esperanzas a corto plazo, puesto que secundarios como Austin Reaves, Hachimura o Lonnie Walker han dado muestras de una solidez ofensiva y defensiva a tener muy en cuenta. En silencio, sin mucho ruido, los de Colorado, se plantaron en The Finals como uno de los equipos más sólidos, regulares y competitivos de la liga, acabando primeros en el Oeste con un récord de 53-29.
Épica batalla en la Final del Este entre Boston-Miami.
Nadie contaba con que los Heat sorprendieran al mundo al ponerse 3-0 arriba en la serie frente a Celtics. La pizarra de Spoelstra, su defensa opresiva, su juego colectivo y su acierto desde el perímetro dejaron la eliminatoria muy a favor. Pero la épica siempre ha formado parte de la NBA, y Boston reaccionó; primero evitando la barrida con un Tatum que anotó 36 puntos y 18 rebotes (116-99) y en un quinto partido (110-97) con Jaylen Brown uniéndose al trabajo colectivo y una notable mejora en defensa que devolvieron la imagen de estabilidad a los de Massachusetts.
Y cuando parecía que la serie la cerraría con Miami como finalista, el sexto partido deparó, posiblemente, el encuentro más apasionante de estos Playoffs, con un final de infarto que se decidió de la siguiente manera: Boston estaba diez puntos arriba a poco más de tres minutos del final del partido. Butler, que no había tenido su noche, se calentó y anotó trece puntos. Casi del tirón. Sólo quedan tres segundos para el final y la última posesión era para Boston. Miami defendió las opciones de tiro dibujadas por Mazzulla; Tatum y Brown. Por lo que el balón llegó a la tercera vía: Smart… que lanzó y falló el triple. Pero, a una décima de segundo, apareció de la nada Derrick White y anotó una de las canastas más históricas que se recuerden en una final de conferencia. Ganaron los Celtcis y forzaron el séptimo partido. En un suspiro. Lo que es la NBA y cómo se vive en esta franja final del campeonato.
El baloncesto, como la vida misma, está lleno de sorpresas y momentos memorables. Esta eliminatoria de Miami frente a los Boston Celtics quedará grabada en los anales. La NBA es una liga de récords y de leyendas, pero también de maldiciones y de barreras infranqueables. Enfrentarse a un 3-0 en los playoffs es un desafío titánico, una montaña que pocos han intentado escalar y ninguno ha conquistado. El destino puede jugar al baloncesto y, en esta ocasión, decidió dar un giro sorprendente a la narrativa de los playoffs. 150 equipos se habían enfrentado a esa desventaja en una serie de postemporada al mejor de siete partidos. Ninguno había sido capaz de levantar el resultado adverso. Estuvieron a punto de hacerlo, como estos Celtics, Portland en 2003 (contra Dallas), Denver en 1994 (contra Utah) y New York en 1951 (contra los Royals). Ninguno fue capaz de remontar. La única salvedad es que estos tres equipos jugaron fuera de su feudo. Miami Heat tenía en contra que se jugaba el séptimo partido en el T-Garden, frente a la afición más férrea y dura de la liga. Boston se enfrentaba al desafío en su propio territorio, bajo la presión de su entregada afición.
Y qué casualidad, justo un año antes, el mismo día, Boston eliminó a Miami con Butler a punto de anotar aquel triple trascendental. 365 días antes, el escolta de los Heat decía: “Estoy orgulloso de este equipo. Hemos luchado hasta el final y hemos demostrado que podemos competir con cualquiera. No nos vamos a rendir nunca. El año que viene volveremos a estar aquí y entonces ya veremos”. Estas palabras fueron proféticas. Boston fue la misma versión de los tres primeros partidos; la ausencia de seguridad, la dependencia excesiva de Tatum (que se lesionó un tobillo en la primera jugada del partido), la escasa aportación del banquillo, el declive de juego de Brown y la superioridad táctica y mental de los Heat fueron suficientes para que Miami accediera a las Finales contra los Nuggets.

Spoelstra supo explotar las debilidades de los Celtics; su astucia táctica, la defensa dominante, el juego sin balón y una puntería letal desde el triple… Todo eso hizo que los tréboles de Boston se marchitaran. No se dejaron intimidar por la historia o el talento del rival. Y Miami, siendo octavos de conferencia, entrando por Play In con mucha fortuna (Chicago Bulls desperdició una gran ventaja en los últimos minutos del primer cruce) para convertirse en la Cenicienta del bracket, el equipo con más mérito y más tesón. Habían obrado el milagro de esta temporada.

GAME 1: DENVER 104– MIAMI 93
Superioridad de Denver y hegemonía de Jokic
Denver Nuggets daba el primer golpe en la gran batalla por el anillo de la NBA. El equipo de Colorado se impuso por 104-93 en el Ball Arena, donde los locales llevaban trece victorias consecutivas en estos playoffs. El equipo de Mike Malone demostró ante Miami lo que se esperaba de ellos: un conjunto sólido y fiable, posiblemente, el más completo de la liga. La mezcla de talento, química y carácter del equipo los ha llevado a superar a rivales como los Lakers o los Clippers en el camino.
Tampoco fue ninguna sorpresa que protagonista del primer choque fuera, una vez más, Nikola Jokic. El pívot serbio firmó el enésimo triple-doble (27 puntos, 14 asistencias y 10 rebotes), que supone el noveno en postemporada, ampliando su récord absoluto en la historia de las series finales. Además, sus 14 pases de canasta son la mayor cifra jamás lograda por un jugador interior en unas Finales.
Jokic que, como se ha resaltado, debería haber sido el MVP de la temporada, fue líder indiscutible de los Nuggets, el director de orquesta que ha hecho sonar a todos sus compañeros con una armonía perfecta. Junto a él, Jamal Murray, en un estupendo estado de forma, brilló con 26 puntos y 10 asistencias, formando una dupla letal con el mejor jugador en activo de la NBA. Aaron Gordon (16 puntos y 6 rebotes), Jeff Green (4 puntos) y Bruce Brown (10 puntos) también fueron determinantes en defensa y en ataque. Miami Heat, por su parte, pagaron caro uno de los peores inicios de partido.
Se han visto este tipo de comienzos ante Boston, saliendo fríos y nerviosos al parqué, siendo espectadores del ritmo e intensidad desde el primer minuto por parte de los Nuggets. Mal en muchos sentidos; errando tiros fáciles, perdiendo balones y con una incapacidad por remontar muy evidente. Algo lo que les costó irse al descanso con una desventaja de 17 puntos (58-41). En la segunda parte, lograron reaccionar con un parcial de 11-0 en el último cuarto, acercándose a menos de diez (91-81), pero no han podido completar la remontada.
Claves: Denver hizo lo que le dio la gana.
El mejor jugador de Heat fue Adebayo, que ha sumó 26 puntos y 13 rebotes, siendo el único que capaz de plantar cara a Jokic en la pintura. Malone buscó en todo el momento que el pívot amasara balón y tirara a media distancia, procurando cerrar el tiro de perímetro de sus mejores hombres. El hecho de que Martin y Strus se fueran del partido con 0/12 entre ambos en triples definen a la perfección lo bien que le salió la jugada a Denver. Si a eso, añadimos que Butler está teniendo unas últimas actuaciones muy discretas (13 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias) le deja muy lejos de lo que su equipo necesita para marcar diferencias.

Gabe Vincent sí mantuvo el nivel, con 19 puntos. De este modo, Denver ejecutaba su presencia más intimidatoria, dando un paso muy importante hacia su primer título. Lo cierto fue que, pese a esta abismal diferencia, la confianza debía moderarse ante un equipo orgulloso y luchador, que no se rinde nunca y que ya había demostrado su capacidad para dar ser la continua sorpresa ante rivales muy superiores sobre el papel. Se preveía que, si Heat no estaba a la altura en otra batalla épica, las Finales se desequilibrarían demasiado pronto.

GAME 2: DENVER 108 – MIAMI 111
Resurrección del mejor Miami
Miami Heat salió al parqué del Ball Arena con la determinación de un equipo que sabía que se jugaba la vida. Con el orgullo herido tras la derrota en el primer partido, se propusieron cambiar el guion de la serie y demostrar que no están en las Finales por casualidad. Y vaya si resucitaron. Sabían lo importante que era comenzar bien, así que eso hicieron. Impusieron su ritmo desde el inicio, con una muy buena defensa asfixiante y un ataque fluido y dinámico que, esta vez sí, encontró en Max Strus el remedio del triple.
Tomaron el mando del partido con un parcial de 15-4 en los primeros cinco minutos, silenciando al público local y sorprendiendo a los Nuggets. Gabe Vincent se destapó como el héroe inesperado de los Heat, mostrando su descaro y su acierto, Cody Zeller dio minutos de calidad y Strus, además de encontrar aro, se encargó de defender a Jamal Murray. Los Heat llegaron a tener una ventaja de 12 puntos (28-16) a falta de tres minutos para el final del primer cuarto, con una exhibición de baloncesto colectivo y solidario.
Pero Heat, tal vez por el cansancio o por la indecisión cuando el balón no entra, también cometieron errores. Errores que les impidieron romper el partido cuando lo tenían en su mano. Los de Florida se relajaron en defensa y permitieron que Nuggets se acercaran en el marcador con un parcial de 9-0 liderado por el descomunal jugador que es Nikola Jokic. El MVP anotó siete puntos seguidos, incluyendo un triple sobre la bocina que dejó el marcador en 28-25 al final del primer cuarto. El serbio acabó con 41 puntos, 11 rebotes, pero sólo 4 asistencias. He ahí uno de los factores diferenciales en la defensa planteada por Malone respecto al primer partido de las Finales. El hecho de que Heat tratara de crear dobles y triples marcajes no fueron con una intención de frenar al pívot serbio en la pintura, donde hizo lo que quiso, sino no dejarle que repartiera juego poder tener el control del partido. Y les salió bien la jugada. Esto provocó que se buscara más a hombres más alejados de canasta. Bien defendidos, como el fantástico trabajo de Strus sobre Murray, provocó que Miami subestimara en ciertos tramos al rival y perdiera la ventaja acumulada en la primera mitad.
Así, el segundo partido se decidió en los últimos segundos, con un final muy ajustado. Los Nuggets tuvieron la última posesión para forzar la prórroga. Pero Murray, muy alejado del jugador resolutivo que es habitualmente, falló un tiro muy forzado ante Butler que dio la victoria a los visitantes. Denver, por su parte, pagó a un alto precio su relajación y su falta de concentración en el último cuarto, que fue donde se perdió el control del partido y la ventaja se esfumó en lo que hubiera sido un golpe de muerte a las Finales. Con ese 111-108, los Heat igualaban la eliminatoria y recuperaban factor cancha, trasladando la presión al bando de Colorado.
Clave: Vincent y la reacción de Spoelstra.
Gabe Vincent fue la pieza clave de este segundo encuentro de las Finales. El escolta suplente salió del banquillo para anotar 23 puntos (4/6 en triples), y terminó siendo el máximo anotador de su equipo y el factor diferencial, sobre todo, en el último cuarto. Vincent lideró un parcial de 11-0 que permitió a Miami remontar una desventaja de 10 puntos (91-81) a falta de ocho minutos para el final. El jugador de 25 años demostró una sangre fría y una confianza admirables, asumiendo tiros decisivos y anotando canastas clave para sellar el triunfo de los Heat.
Butler y Adebayo conformaron una dupla letal con Vincent en el tramo final del partido, combinando 20 de los últimos 30 puntos de los Heat. Butler, que parecía estar limitado por su lesión de tobillo y el agotamiento físico, siempre aparece en los últimos minutos. Cuando más le necesitan sus compañeros, ahí prorrumpió su talento. También resurgió Duncan Robinson, que se erigió como la cabeza visible de la remontada con su acierto desde la línea de tres cuando peor estaban los Heat (2/3).
La protección sobre Murray y la decisión de dejar a Jokic que se desgastara físicamente para llevar el peso del partido fue, asimismo, la jugada más inteligente por parte del técnico de Miami. Por el contrario, Denver acusó que Michael Porter Jr. se fuera solo 5 puntos y 6 rebotes, fallando todos casi todos sus tiros desde el perímetro (1/6) o que Aaron Gordon (12 puntos y 7 rebotes) y Jeff Green (9 puntos), pese a desempeñar un buen rol, no estuvieran como en otras ocasiones. Malone acusó la falta de profundidad de banquillo y vio como la escasa producción de sus tiradores exteriores tiraron al traste la posibilidad de llevarse gran parte de las opciones de una barrida en este Anillo 2023.

Las Finales quedaron más abiertas que nunca. Miami Heat es un equipo orgulloso y luchador, que no se rinde nunca y que tiene recursos para competir contra los Nuggets. Spoelstra le ganó en la pizarra Malone, planteando un partido más físico y agresivo, con más rotaciones y más acierto desde el perímetro. El tercer partido debía jugarse en Miami, donde los Nuggets estaban obligado a reaccionar y recuperar la confianza y el nivel que mostraron en el primer partido.

GAME 3: DENVER 109 – MIAMI 94
Prolongación de aciertos y errores del Game 1
El tercer capítulo de esta épica batalla fue una continuación del primer choque entre Nuggets y Heat. Ambas franquicias salieron con la sensación de que en cada jugada y cada movimiento supondría una oportunidad de oro para cambiar el rumbo de un encuentro que empezó a inclinarse hacia el lado de los de Colorado. Nikola Jokic, ajeno a especulaciones y desafíos físicos, estuvo a punto de conseguir un triple-doble en el primer cuarto, anotando 10 puntos y añadiendo siete rebotes y tres asistencias. Fue el eje sobre el que el equipo de Mike Malone fue constituyendo su victoria.
El pívot serbio terminaría firmando un triple-doble de 32 puntos, 21 rebotes y 10 asistencias, siendo el primer jugador en lograr esos números en unas finales desde Wilt Chamberlain en 1967. Su dominio en la pintura fue absoluto, y su visión de juego y capacidad para generar ventajas para sus compañeros, deslumbrante. Su habilidad para distribuir el balón y encontrar las grietas en la defensa contraria resultó ser una verdadera pesadilla para Miami, que batallaba denodadamente por contener las acometidas en ataque de su rival.
Los de Spoelstra, por su parte, no encontraron la manera de frenar al Joker, ni tampoco de imponer su ritmo y su intensidad. Su falta de respuesta estuvo presente en todo el partido, sin poder contener el juego interior de los Nuggets ni imponer ritmo e intensidad. Jimmy Butler, al límite, muy castigado físicamente por unos Playoffs muy exigentes, seguía sin dar su versión de superestrella. Y, aunque acabó en el ‘box score’ como máximo anotador del equipo con 28 puntos, se resintió en efectividad con 11/24 en tiros de campo. Adebayo, estuvo muy bien, con 22 puntos y 17 rebotes.
La sensación generalizada es que, durante estas Finales, Miami está dando sensaciones de cansancio evidentes. La franquicia de Florida acusó el desgaste precedente, lo que hizo que el nivel de intensidad y concentración que les caracteriza se viniera abajo. Los errores en defensa, la falta de acierto en ataque se tradujo en que, a excepción de Butler y Adebayo, el juego revolucionario de Williams, Martin, Robinson o Love estuvieron muy por debajo de la brillantez mostrada en el camino.
A los Nuggets, en cambio, se les vio más frescos y con más confianza. Su sincronización colectiva, moviéndose como una orquesta perfectamente afinada en la que los jugadores de banquillo son capaces de aportar como auténticos pilares de apoyo, brindaron destellos de su inigualable talento con puntos cruciales en momentos decisivos. Sin embargo, Miami, fiel a ese estilo irrefutable, encendieron las alarmas en su rival con una remontada tardía, en la que llegaron a ponerse a diez puntos en el último cuarto después de ir perdiendo por 23. Pero el desafío contra la supremacía de los Nuggets fue en vano y la avalancha de talento y cohesión de Denver hizo que éstos reaccionaran y cerraran el partido con un parcial de 14-7, liderado, otra vez, por Jokic y Murray.
Claves: El ‘Joker’ como carta ganadora.
De nuevo, Nicola Jokic fue la respuesta para todo. Su excepcional visión de juego y su capacidad para repartir asistencias desde posiciones inusuales fueron el catalizador de la ofensiva de su equipo una vez más. El serbio volvió a exhibir una destreza ofensiva intachable, desplegando de una manera eficiente un dominio en el poste bajo y ofreciendo un repertorio de movimientos que dejó en evidencia a la defensa de Miami. También fue determinante la aportación del ‘rookie’ Christian Braun desde el banquillo, que sorprendió con 15 puntos, 4 rebotes y 1 robo, siendo un jugador clave en su defensa.

La falta de respuesta de los Heat fue plausible en todo el partido, no pudiendo contener el juego interior de los Nuggets ni imponer su ritmo e intensidad. Los Heat estaban contra las cuerdas, y necesitaban ganar el cuarto partido para mantener alguna esperanza de remontar la serie. La tenacidad y el revulsivo fueron parte de los factores que trajeron a esta franquicia hasta estas Finales, pero la impresión generalizada es que los Nuggets estaban muy cerca de hacer historia. La oportunidad de coronarse como campeones de la NBA por primera vez estaba muy cerca. Todo dependía del cuarto partido y de la posibilidad de Heat de igualar la eliminatoria.

GAME 4: DENVER 108 – MIAMI 95
Nuggets, a un paso de la Gloria
Denver dio un golpe de autoridad en las finales de la NBA al vencer a Miami por 108-95 en el cuarto partido. 3-1 en la serie, acariciando la gloria, exhibiendo una vez más su carácter y su talento. En otra concordancia de estrategias, emociones y destrezas de la mano de Malone. Pero, sobre todo, de un soberbio Nikola Jokic, que firmó 23 puntos, 12 rebotes y 4 asistencias. Desde el momento en que el balón fue lanzado al aire, fue el adalid para ir estableciendo de nuevo el ritmo del partido y dictando las reglas de un descompensado enfrentamiento. El pívot, con su visión de juego excepcional y su capacidad para anticipar las jugadas, desplegó otra exhibición magistral, repartiendo asistencias y generando oportunidades ofensivas para sus compañeros.
Fue el dominador de estas Finales, ejerciendo de maestro de ceremonias de unos Nuggets que volvieron a jugar jugado con fluidez, con ritmo y con confianza, sabiendo aprovechar las debilidades de unos Heat que dieron ya evidencias manifiestas del cansancio arrastrado durante las series previas y que están siendo castigados por sus errores. Los de Spoelstra estaban mentalmente fuera de la final. La exigente senda hasta llegar hasta aquí, hicieron que sus aspiraciones por el anillo se tornaran en desfavorables. Miami no perdió nunca esos instantes y tramos de lucidez. En el primer cuarto, fueron con una cómoda ventaja que, como viene siendo habitual en estos partidos, no pudieron mantener. Su intensidad fue mermando y Denver, con una hoja de ruta muy básica, les fue remontando paulatinamente para acabar superando con cierta facilidad a Miami.
El cuarto partido fue completamente distinto al tercero, pero el resultado fue el mismo. Casi literalmente: de un 94-109 a un 95-108. Miami (con un récord de 2-6 desde aquel 0-3 en la final de la Conferencia Este) parecía haber vuelto a sufrir la maldición que los persigue, y ahora se asemejaban a un equipo de bajo rango enfrentando a un gigante en playoffs. El actual campeón del Este, que en la temporada regular fue uno de los peores equipos en anotación, había estado por debajo de los 100 puntos en las tres derrotas y promedió apenas 98,2 puntos por partido en las Finales.
Además, se quedó por debajo de 100 puntos en las tres derrotas y su promedio no llegó a los 99 puntos. Es imposible imaginar un escenario con estos números en el que se hubiera podido remontar, como los más optimistas imaginaban. El triple, arma ineluctable que les trajo hasta las Finales, se había secado por completo. En los dos partidos en el Kaseya Center ese 19/60 deja una axiomática zozobra. Jimmy Butler estaba mal. Ajeno a especulaciones, el alero se vio en todo momento cansado, tocado del tobillo, extenuado… Fulguró con instantes de brillantez, pero sin continuidad.
Spoelstra corrigió y rectificó, propuso alternativas en ambos flancos de la cancha. Intentó que Denver no jugara cómodo, multiplicando el nivel de contacto y lanzando hombres contra Jamal Murray para evitar que Jokic y él les superaran y les masacrasen. Mucho cambio, mucha pizarra… para nada. Malone siempre tiene respuestas. Gabe Vincent y Max Strus, se fueron del partido con 2 y 0 puntos en su casillero, respectivamente. Y sin estos dos estandartes, Miami estaba perdido. Love, un veterano, significó el ejemplo guerrero de estos Heat (12 puntos y 3/5 en triples). Y Lowry con 13 puntos, Robinson intuitivo o Adebayo haciendo lo que pudo. Todo fue insuficiente.
Para colmo, Nuggets estuvo improductivo en defensa, pero sacó lo mejor de sí mismo cuando las cosas se pusieron feas. Y es que, cuando Jokic se fue al banquillo con cinco faltas y el rival pudo aprovechar el vacío, fue el instante en que Nuggets sentenció la victoria y conquistó dos tercios de su primer trofeo Larry O’Brien. Butler tuvo otro de esos amagos de resurrección, pero entonces aparecieron Aaron Gordon y Bruce Brown lustrando la leyenda de su franquicia en este cuarto choque. Murray acabó con 12 asistencias, promediando 10,5. Jokic estaba en 8.
Clave: Sin Jokic, Denver también gana.
Si algo prevaleció en los Nuggets fue que Malone pudo confiar en sus hombres secundarios, más allá del relato de la dependencia respecto al serbio. Si algo quedó patente y dictaminó el signo de estas finales fue que la franquicia de Colorado tiene una plantilla profunda y más versátil que la de Miami, capaz de adaptarse a cualquier situación. Jokic cometió la quinta falta demasiado pronto y tuvo que permanecer sentado en el banco durante gran parte del último tramo del partido. Jamal Murray, dio un paso al frente con 15 puntos y 12 asistencias y Aaron Gordon se fue a 27 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias y apareció en cada jugada crucial. Fue el jarro de agua fría que congeló el último músculo en tensión de los Heat. Metió los triples que había que meter y se mostró irrevocable en su acometida al aro. Sin duda alguna, fue el mejor del partido.

Pese a que Kevin Love tradujo su experiencia en las Finales con una actuación más que correcta (12 puntos y otra vez 3/5 en triples), Butler yéndose a 25 puntos y Adebayo, con 20 puntos y 11 rebotes, dejó uno de los tapones más estratosféricos vistos en esta postemporada a Murray. El cansancio de Miami le dejó inactivo cuando el marcador lo requirió, eligiendo la fórmula que eligieron. Y a Denver se unió Brown con 21 puntos en la noche de su vida. 11 en el último cuarto, 8 seguidos desde un 87-94 para aniquilar la última resistencia local. Los Nuggets se convirtieron en el verdadero testimonio de su dominio y superioridad de las Finales de la NBA. Su habilidad para leer el juego, su trabajo en equipo y su determinación inquebrantable les permitieron llevarse la victoria y acercarse cada vez más al codiciado título. Tenían la oportunidad de sellar este campeonato en Denver, en la Mile High, en la 5280.

GAME 5: DENVER 94 – MIAMI 89
Del horror del juego a una celebración épica
En una noche donde la expectativa se mezclaba con la tensión, los dos equipos se enfrentaron en el quinto partido de las Finales de la NBA. Un duelo marcado por los nervios y la inexperiencia de los Nuggets, así como el desacierto y la fatiga de los Heat. El encuentro resultó ser un auténtico desastre en términos de juego y ejecución, dejando a los espectadores atónitos y a los analistas buscando explicaciones. Si nos adentramos en las estadísticas, los números no mienten y revelan un cuadro preocupante.
Los porcentajes de tiros de campo fueron lamentables para ambos conjuntos, con fallos constantes que reflejaban la presión del momento. Los números hablan por sí solos. Los de Malone ganaron el partido con un pobre 45,2% en tiros de campo y un 17,9% en triples. El cuadro de Spoelstra fue aún peor, con un 34,4% en tiros de campo y un 25,7% en triples. Ambos equipos sumaron 14 para Denver y 8 para Miami. El espectáculo brilló por su ausencia.
El quinto partido de las Finales de la NBA 2023 fue una decepción para los amantes del buen baloncesto. Pero no fue óbice para disfrutar de un momento histórico. Denver se proclamó campeón por primera vez en su historia al derrotar por 94-89 a los Heat en un encuentro marcado por el miedo, la inexperiencia, el desacierto y el cansancio de ambos equipos. Los Nuggets lograron su cometido e hicieron historia, pero sin dejar mucha huella en la memoria de las Finales. Miami intentó el milagro infructuoso. Era algo inevitable. Hubo un instante, sin embargo, como siempre en las postrimerías del encuentro, en el que Butler, otra vez, sacudió el partido con una racha de trece puntos consecutivos. Pero el chispazo fue insuficiente. La retórica siguió el guion de los dos anteriores partidos. El papel de Michael Porter Jr., muy errático en esta serie, resultó fundamental, aportando puntos y energía en momentos críticos del encuentro (16 puntos y 13 rebotes fundamentales).
El visitante se quedó sin fuerzas, sin ideas y sin opciones. A pesar del desacierto, se mantuvo en la pelea hasta el último suspiro. Spoelstra y sus jugadores demostraron una vez más su capacidad de lucha y resistencia, pero esta vez no fue suficiente para vencer a la superioridad de los Nuggets. Jokic, a un nivel insólito, estuvo otra vez descomunal (28 puntos, 16 rebotes y 4 asistencias). Porter Jr. y Jamal Murray también contribuyeron a prevalecer con poderío interior. Un título histórico para la franquicia de Colorado. Posiblemente, estas finales de la NBA serán recordadas no tanto por el resultado final, sino por la figura imponente de Nikola Jokic. Su grandeza trascenderá el recuerdo de una serie que naufragó en el desacierto y la indolencia. Pero el serbio destacará como el jugador que llevó a su equipo a alcanzar la gloria, dejando una huella imborrable en los anales de la liga.
Clave: El Reino de Jokic no es de este mundo.
Denver, que no partía como favorito en los Playoffs pese a haber sido los mejores de la temporada regular, llegó a las Finales y arrasaron. Campeones de la NBA 2023 tras una exhibición de baloncesto. Ganó 4-1 la serie con facilidad, en un periplo del Playoffs con 20 partidos, 16 victorias, 4 derrotas; 4-1 a Minnesota, 4-2 a Phoenix, 4-0 a Lakers (borrando a Davis y LeBron) y llegando con potestad a Miami. Jokic fue el jugador con más dobles-dobles (60) y triples-dobles (16) de la temporada, y el que más minutos (2488), partidos (72) y victorias (53) acumuló. Su eficiencia fue impresionante, con un 56,6% en tiros de campo, un 38,8% en triples y un 86,8% en libres.
El serbio hubiera merecido más el galardón de mejor jugador de la temporada, pero, por lo que fuere, este año había que dárselo a Joel Embiid, un líder poco fiable, un jugador que desaparece cuando tiene que emerger como el gran jugador que todavía se vislumbra, pero nunca aparece cuando es debido. De haberse producido este hecho, Jokic hubiera sido un jugador con tres MVPs consecutivos desde que lo lograra Larry Bird en los 80. El doble triple-doble de 30 puntos junto Jamal Murray en el tercer partido de las Finales de la NBA 2023 es un hito inédito en los fastos de la liga. En estos Playoffs anotó 30 puntos por partido, con un 55% en tiros de campo y un 46% en triples que repitió en las Finales con 30,2 puntos con 58% en tiros de campo y un 42% en triples.
Jokic deslumbró con una actuación superlativa, dominando en todas las facetas del juego. Su visión sobre la cancha, su capacidad de liderazgo y su habilidad para anotar desde cualquier posición le han convertido en un elemento demiúrgico en la NBA. Con 28 años, el serbio tiene un palmarés impresionante: Campeón de la NBA, 2 veces MVP de la liga, ahora MVP de las finales, MVP de la final del Oeste, 5 veces All-Star, 5 veces All-NBA y más triples-dobles que ningún otro pívot en la historia. Por si fuera poco, es el único jugador que lidera todos los Playoffs en las tres disciplinas más importantes del juego (puntos: 600, rebotes: 269 y asistencias: 190). Un dato de locos. Jokic ha sido el ganador del trofeo Bill Russell indiscutible de las finales, como ya lo fue de la final del Oeste y de las dos últimas fases regulares. Cuando le eligieron en el draft, estaba dormido. Su anuncio emergió cuando desfilaba en los anuncios de la televisión americana un anuncio de Taco Bell. Porque el serbio no es una estrella al uso. No le gustan los focos, solo le importa jugar al baloncesto y cuidar de sus caballos. Siempre con ese perfil de humildad y mentalidad de trabajo que reside en lo colectivo que tan poco se frecuenta en la NBA actual.
Todos tenemos en la retina esa foto del niño serbio, gordo y con un zumo como merienda, rodeado de su familia. Pues esa imagen sigue presente a la hora de superar el prejuicio y el estereotipo y erigir un modelo de ilustración de que el talento y la inteligencia pueden superar cualquier obstáculo. Un hombre familiar, ajeno al éxtasis de la victoria, que lleva la alianza de compromiso con su mujer Natalija en uno de sus cordones de sus zapatillas cuando juega. Y que no se separó de su hija Ognjena en toda la celebración del equipo. Es una joya para los aficionados al deporte y una motivación para los que aspiran a vencer las dificultades y lograr grandes hazañas. Descifrar a Jokic es complejo; tiene ese halo generacional de las viejas glorias, como un jugador único en su especie con características muy especiales. Un pívot que corre con cadencia pausada, con limitaciones físicas respecto al potencial de los oponentes. Y aún así, es imparable. Está en todas las acciones, con una visión privilegiada que anticipa cada jugada, con técnicas de pase que sólo se pueden comparar a “Magic” Johnson. Y eso, es decir mucho. Después de esto, no habrá debate posible sobre quién ha sido y será el mejor jugador europeo de la Historia. Porque el palmarés individual (y se supone que colectivo) tendrá una prolongación en el tiempo hasta límites dorados.
La gran pregunta que se plantea acabada esta temporada es: ¿Hablar de una dinastía con Denver es muy precipitado o un espejismo? Nuggets tienen todos los ingredientes para convertirse en un equipo dominante en los próximos años. Tienen al mejor jugador del mundo en estos momentos, con unos números impresionantes y un talento descomunal. Tienen a un escudero perfecto, una estrella como Jamal Murray, que ha explotado en estos playoffs y se ha convertido en un jugador trascendental. Poseen a un entrenador inteligente, Mike Malone, que ha sabido sacar lo mejor de su plantilla y adaptarse a cualquier situación. Y tienen a un grupo de jugadores jóvenes, versátiles y comprometidos, como Michael Porter Jr., Aaron Gordon, Bruce Brown, Kenatvius Cadwell-Pope o el jovencísimo Christian Braun.
Nadie pone en duda que el talento, la química y la confianza para seguir compitiendo al más alto nivel. Que vengan más títulos o no dependerá de muchos factores y de los rivales que les vengan por delante. Ya han sido capaces de demostrar que pueden ganar un anillo. No ha sido una revelación, tanto como un trabajo que viene de lejos. Ahora tendrán que revalidarlo. Solo hay cuatro equipos que han logrado ganar más de un anillo consecutivo en la historia de la NBA: Celtics, Lakers, Bulls, Rockets, Warriors y Cavs. Dinastías que han marcado época y han dejado huella. Los Nuggets tendrán que imitarlos si quieren entrar en el olimpo del baloncesto. Jokic y los suyos siguen esa ilusión, pero también tienen la realidad de ser una incógnita. Solo el tiempo dirá si este título ha sido el primero de muchos o el único de pocos.

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