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Parece una parodia o un chiste periodístico, pero no es así. La verdad es que descoloca mucho escribir de la noticia del día: el republicano Donald Trump es el nuevo presidente de los Estados Unidos, el cuadragésimo quinto de la historia para ser exactos. Tras una pugna electoral llena de énfasis y agravios contra instituciones y más cerca de las tácticas de persuasión más cercanas a arcaicos nacionalismos europeos que a los valores tradicionales de la democracia, Trump simboliza un ideal bastante alarmante que ha esgrimido todo tipo de sucias maniobras basando su campaña en el populismo, instaurando el miedo social sobre los votantes de raza blanca con la amenaza de otras etnias estarían dejándoles fuera de la falsa recuperación económica del país, entre otras cosas.

El liderazgo de Hillary Clinton no ha sido suficiente y ese sueño feminista de la consagración presidencial de una mujer en lo más alto del poder gubernamental se esfumó ante la sorpresa de todo el mundo. De inmediato, la inestabilidad financiera sacudió los cimientos de Wall Street y todas las promesas electorales imponen las dudas sobre el futuro del país. Lo primero que asegura que hará es imponer aranceles a los países con los que tiene un déficit comercial. Su política exterior tiene como objetivo la férrea restricción de entradas de musulmanes y mexicanos al país. De hecho, sigue obstinado en construir un muro en la frontera de México para acabar con la migración y sus pretensiones bélicas dan prioridad a la lucha antiterrorista en Siria.
Tampoco parece importarle mucho el cambio climático, por lo que parece probable que saque a Estados Unidos del acuerdo por el Acuerdo de París. Iniciará reformas fiscales y financieras (se habla de un Tax Cuts and Jobs Act), como bajadas de los tipos impositivos sobre la renta o una simplificación del diseño estructural de los impuestos sociales que perjudiquen la posición preeminente estadounidense con la temible consecuencia de que polarice Estados Unidos durante su mandato.

Su figura internacional viene sellada por su condición de homófobo y racista, acusado en numerosas ocasiones de acoso y abuso sexual y que apoya la cultura armamentística tradicional, lo que aleja la posibilidad histórica de hacer efectiva la ordenanza para controlar las armas de fuego que estuvo a punto de conseguir Obama en aquel discurso entre lágrimas y augurios de cambio que hoy han quedado difuminados con la elección de este presidente impredecible.
El Congreso se constituirá por ley el próximo 3 de enero de 2017 y el presidente Trump tomará posesión de su cargo 17 días después. Veremos qué consecuencias trae esta decisión electivo.