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“Nos gustaría dejar claro que, desde las primeras recetas, ‘Les Dîners de Gala,’ con sus preceptos y sus ilustraciones, va dirigido de forma exclusiva a los placeres del gusto. Aquí no hay espacio para ningún método dietético.Tenemos la intención de hacer caso omiso a índices y menús en los que la química ocupe el lugar de la gastronomía. Si usted es un discípulo de uno de esos que cuentan las calorías que convierten las alegrías de comer en una forma de castigo, cierre este libro de inmediato; es demasiado alegre, demasiado agresivo, y demasiado impertinente para usted.”
Quien siga de cerca la evolución de la gastronomía se dará cuenta de que los platos que se sirven en las más distinguidas mesas y restaurantes de renombre, además de inspirar a los grandes cocineros y gourmets, han pasado a ser una forma de arte. Desde Taillevent, Carême o Escoffier hasta los grandes chefs del momento, el arte siempre ha estado y debe estar en constante flirteo con la gastronomía.
Es algo que inherente que convocó la atención de uno de los genios más ilustres de la Historia del Arte, Salvador Dalí, en una lujosa cena que tuvo lugar en 1971 en el célebre restaurante Maxim’s celebrada por el último emperador de Irán, Mohamed Reza Pahlevi y su esposa, la emperatriz Farah Diva. En aquélla velada se celebraba la conmemoración de los dos mil quinientos años de la fundación del Imperio Persa por Ciro El Grande. La fiesta culinaria se ofrendó de una forma muy similar a un acontecimiento gastronómico que había tenido lugar en Persépolis, la antigua capital de Persia.

Fue entonces cuando Dalí comenzó a idear un frondoso libro que fusionase su extravagante genialidad pictórica con las mejores recetas del mundo. Su propósito era convertir el arte de comer en un éxtasis holográfico donde el pábulo fuera un placer para ser degustado con arrobamiento a varios niveles sensoriales. Desde pequeño, el artista afirmó reiteradamente su pasión por los fogones y su infantil deseo de convertirse en un cocinero. Y en su obra artística es recurrente, dada la incorporación a sus fantasías surreales aspectos relacionados con la comida y el placer fetichista sugerido por multitud de platos y recetas.
En el volumen titulado ‘Les diners de Gala (Las cenas de Gala)’ editado por primera vez en 1974 junto a su compañera y musa Gala, Dalí incluyó recetas elaboradas por algunos de los representantes más destacados de la historia de la gastronomía francesa como Lasserre, Maxim’s, La Tour d’Argent o Le Buffet de la Gare. En sus páginas podemos encontrar algunos de los platos imaginativos y exóticos que se servían durante las orgiásticas y esperpénticas cenas que organizó la pareja y que pasaron a ocupar un lugar mítico dentro de las reuniones de las altas esferas en su época. El estímulo visceral, “espermático y existencial” según el propio Dalí, de aquellas selectas reuniones se reflejaron en ciento treinta y seis recetas que atribuyen el talento y genialidad con ilustraciones y singulares reflexiones sobre la vida, el sexo, la existencia, el arte y, cómo no, la cocina.

A través de doce capítulos, Dalí vuelca sus obsesiones culinarias; desde el apetito caníbal de las carnes, la mística teológica del queso, la vertiente intrauterina y de fecundidad de los huevos o la sexualidad carnal de los crustáceos una vez fragmentados los caparazones. Un libro que reedita Taschen y del que hasta el momento sólo existían cuatrocientas copias a un precio de cojón de pato. Ahora regresa a las librerías para invocar el enloquecido espíritu del genio que dijo “la mandíbula es nuestra mejor herramienta para captar el conocimiento filosófico”.