Carrie Fisher, la princesa más famosa del cine

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1956-2016)
“Si mi vida no fuera graciosa, sería verdad y eso es inaceptable”
(Carrie Fisher).
En ‘Postales desde el filo’, el personaje que interpretaba Meryl Streep sufragaba su talento bajo los efectos de una adicción que diluían todo ese oropel de un Hollywood almibarado para transformarlo en una grosera representación de marionetas al servicio de una industria salvaje y cruel con el lado humano de muchos ángeles caídos. Era la adaptación de uno de los mejores libros sobre el papel demonizador del cine sobre los actores escritos por Carrie Fisher y autobiografía en clave de comedia acerca de esa “celebridad que no es más que la oscuridad que espera su momento”.
Hija del cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, su vida fue una colisión constante entre la brillantez y la confusión de apagones, cuyos lapsos de memoria y comportamiento bipolar la llevaron a exponer abiertamente sus problemas de salud y hacerlos socialmente aceptables, demostrando que incluso la terapia de electroshock para poder tratar su enfermedad eran otro paso más para normalizar su presencia en el ámbito cultural norteamericano y en su vida diaria. En la engañosa sensibilidad humana dentro del absurdo, de esa toxicidad de la fama y de las grietas que confeccionan, Fisher fue siempre un ejemplo al estilo de Irene Dunne, en el que las generaciones de actrices que la sucedieron siempre han tenido una propia imagen reproducida dentro de ese inmenso espejo que es la pantalla grande como advertencia de los riesgos a los que conlleva una fama tan colosal.
A los trece años estaba enganchada a la marihuana, a los veintiuno al LSD y desde ahí, la descendencia a los infiernos para resurgir como una activista de talento contra la impostura más peligrosa de Hollywood. Debutó en Broadway los quince años e hizo su primera aparición en la pantalla grande en la comedia ‘Shampoo’, de Hal Ashby (1975), apareciendo frente a grandes estrellas como Warren Beatty y Goldie Hawn. Su fama llegaría de forma súbita con el papel por el que será recordada por varias generaciones de ayer, de hoy y del futuro: la princesa rebelde Leia Organa en la saga ‘Star Wars’ iniciada en 1977 por George Lucas. Tenía diecinueve años y le ganó el pulso a otros rostros de renombre como Meryl Streep o la emergente Sigourney Weaver. En la célebre aventura espacial, la líder de la Alianza Rebelde simbolizaría la pauta característica de la actriz dentro y fuera del personaje: una guerrera emblema de la lucha feminista que desmontaría las heroínas románticas clásicas para llevarlas a un cauce más reivindicativo, independiente y enérgico que sentaría las bases y cambiaría el cine en esta faceta combativa.
Su carrera posterior, pese a repuntar en películas de culto como ‘Granujas a todo ritmo (The Blues Brothers)’, de John Landis y ‘Hannah y sus hermanas’, de Woody Allen se colapsó por esa vida de ajetreos emocionales y de adicciones para superar sus fantasmas mentales. Se casó fugazmente con el cantante Paul Simon, mientras que su siguiente marido, Bryan Lourd, el padre de su hija Billie, la abandonó para iniciar una relación homosexual. Fisher nunca dejó de actuar a lo largo de tres décadas; ya fuera en películas (‘Amazonas en la luna’, ‘No matarás… al vecino’, ‘Escándalo en el plató’, ‘Scream 3’, ‘Jay y Bob el Silencioso contraatacan’…), en series (poniendo su personal voz en ‘Frasier’ o en ‘Padre de Familia’ o como intérprete en ‘30 Rock’, ‘Weeds’, ‘Big Bang Theory’ y ‘Catastrophe’).
No obstante, el oficio de actriz pasó a reconvertirse en una reputada escritora de estilo inconfundible y humor vehemente, como en la última obra literaria ‘The Princess Diarist’, que presentaba en Londres antes de su regreso y el fatídico infarto que acabaría con su vida en el viaje de vuelta. También fue conocida su faceta como ‘script doctor’ en el entorno hollywoodiense, convirtiéndose en una eminencia a la hora de ajustar diálogos y secuencias para hacerlos más ágiles, divertidos y mejorar el producto final trabajando para Steven Spielberg, Richard Donner, Richard Benjamin, John McTiernan, Wes Craven, Joel y Ethan Coen, David Cronenberg o el mismo George Lucas, entre muchos otros.
Por eso, el cine no sólo pierde a un icono cultural inextinguible e inmortal a través de esa princesa contestataria y sedicioso enamorada de Han Solo. Hoy es un día triste, porque hemos perdido a la princesa de nuestras vidas, a Leia Organa, alteza del planeta Alderaan, miembro del Senado Imperial y espía de la Alianza Rebelde. Además, el cine pierde a una mujer ejemplar, más allá del fenómeno fan y del símbolo de la cultura pop.
Que la fuerza te acompañe, querida Carrie.

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