
‘Ghost in the shell II: Innocence’, he estado escuchando la banda sonora de su primera parte, de ese obra maestra del anime y me he puesto raudo y veloz a preparar un nuevo análisis de una partitura, incumbiéndome en una composición sonora que ha marcado una época dentro de las bandas sonoras del género en toda su historia. ‘Ghost in the Shell’, de Mamoru Oshii se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico intocable, en una obra maestra a la altura del ‘Akira’, de Otomo.
En un futuro cercano Redes Corporativas han llegado más allá de las estrellas, la luz y electrones fluyen a través del Universo. A pesar de ello, el avance en la computerización todavía no ha hecho a un lado a los grupos étnicos y a las naciones…
Con este párrafo impreso y un magistral fundido en verde la bella protagonista de esta joya del anime contemporáneo, Motoko, una joven que se descubrirá como un sofisticado cyborg, observa desde una azotea esperando recibir ordenes para comenzar una misión que se está produciendo desde el operativo policial en Newport City por parte de la Sección 6. Mientras un diplomático de Gavel le esta ofreciendo asilo político a uno de los programadores mas buscados por las autoridades internacionales, algo interrumpe súbitamente el encuentro por la entrada a la sala de agentes de la policía, pero estos no pueden hacer nada contra el funcionario de la embajada debido a su inmunidad diplomática. En ese momento las ventanas del rascacielos vuelan en añicos por unos disparos que provienen de afuera del edificio. Ante el asombro de todos, el diplomático de Gavel es asesinado acribillado a tiros. Cuando uno de los agentes de la Sección 6 se dirige a la ventana lo único que logra ver es cómo el contorno de Motoko se disipa entre los edificios gracias a un camuflaje termo-óptico.

La banda sonora de este clásico de la animación nipona tiene, además de ese ‘leit motive’ de cadencia ‘in crescendo’ hacia una especie de magistral miscelánea entre la tradición de los coros, la cultura musical tradicional, el componente espiritual y los evidentes sonidos mecánicos que contraponen lo anterior con el buscado efecto futurista constituyen un arranque impactante e inolvidable. A lo largo de la banda sonora incidental podemos disfrutar de los pausados bombos que, de repente, se anexionan en una fusión magnífica con el sonido de sintetizador siempre presente en esta sorprendente partitura.

‘Ghost in the Shell’ juega con esa vertiente ‘cyberpunk’ que se desarrolla en el 2029. La inquietante historia en la que el bloque asiático domina gran parte del mundo, las redes computacionales se extienden por toda la faz de la Tierra y se han convertido en una parte indispensable de la vida diaria, provocando un cambio radical en la sociedad y en los individuos, es aprovechado por Kawai para obtener un objetivo fundamental para la historia que Oshii llevó a los límites de la perfección: la obtención de una orquestación que invoca a los clásicos para anexionarlos a la postmodernidad, a las ráfagas mecánicas netamente cyberpunks. La tecnología cibernética incrustada en cuerpos humanos para que éstos sean sustituidos enteramente por componentes sintéticos para lograr una mayor eficiencia, tanto en el espacio físico, como en la Red hacen que ‘Ghost in the Shell’ planteen interpelaciones y axiomas mucho más trascendentes de lo que uno se espera.
