Britney Spears, loca del coño

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
Aquí arriba tenemos a Britney Spears, amigos.
Desde que oí sus declaraciones sobre Bush en ‘Fahrenheit 9/11’ la considero una retrasada mental. Pero ya después de ver esta clase magistral de conducción, civismo automovilístico, seguridad y protección en deferencia con su bebé me parece que esta insufrible estrellita nació privada de cerebro, sin actividad funcional, sólo apreciable cuando firma los millonarios cheques de sus anuncios de Pepsi y sus insuficientes discos tan necesitados de talento.
Britney Spears ha sido, desde su descubrimiento en la MTV, uno de los iconos de la estupidez más sórdida que han emergido en el panorama musical yanqui desde hacía mucho tiempo. Se lanzó como ‘lolita’ calientapollas vestida de colegiala y aspavientos de fulana rabalera con su ‘hit’ ‘Baby, One More Time’ y sus primeras declaraciones ya dejaron intuir que estábamos ante un fenómeno de torpeza mental más que notable.
Llegó a imaginar que el mundo creería que “era virgen y no mantendría relaciones sexuales hasta después del matrimonio” cuando Justin Timberlake (y medio mundo de la música) había practicado más de medio kamasutra con la insoportable diva del ‘pop’ modernillo e inclasificable. Ha intentado vender una rivalidad de odio profesional (análoga a la que mantuvieron en los años 80 las actrices porno Ginger Lynn y Traci Lords) con su contendiente musical, Christina Aguilera, igual de esperpéntica en su fastuoso relumbrón, pero infinitamente mejor artista y cantante.
Tras seguir haciendo el anormal casándose en Las Vegas con Jason Allen Alexander, un amigo de la infancia, para divorciarse dos días después, se casó con el bailarín Kevin Federline y se quedó embarazada (no sabemos si de él) para, durante la gestación, anunciar que quería retransmitir en directo el parto.
La imagen poniendo en peligro a su hijo Sean Preston (como hizo Michael Jackson con su tercer retoño al exhibirlo en un balcón de un hotel de Berlín) es la evidencia de que esta tipa es imbécil.

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UN MUNDO DESDE EL ABISMO