Basilio Martín Patino, el rebelde innovador

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1930-2017)
En Salamanca, los que estamos en un entorno más o menos cultural, desde muy pequeños sabemos quién es Basilio Martín Patino y conocemos de cerca su obra. Básicamente, porque ha sido el cineasta local que más profundamente ha definido en imágenes esta ciudad. La idolatría y el respeto no sólo se ha forjado por la maestría con la que el cineasta hizo de la ciudad su escenario cumbre, sino porque, además, fuera de aquí, Martín Patino se convirtió en un clásico de nuestro cine.
A través de su filmografía, demostró desde muy joven una rebeldía y libertad que convulsionaron el cine español en una etapa en que las nuevas voces necesitaban reinventar el mundo del celuloide. De innovar no sólo en la búsqueda de nuevas técnicas y diversas narrativas, sino también en abrir las miradas a ideologías y visiones heterogéneas.
Su estilo fue siempre elegante y templado. Pero si por algo se caracterizó el maestro salmantino fue por su inagotable amor al cine. Algo que desarrolló desde su etapa universitaria, cuando fundó el Cine Club Universitario del SEU y la mítica revista ‘Cinema universitario’ o su fundamental participación en otra publicación no menos importante como ‘Objetivo’. Una iniciativa que le llevó a promulgar y abanderar como figura clave las antológicas Conversaciones Cinematográficas del Cine Español de Salamanca en 1955 que tuvieron lugar del 14 al 19 de mayo de 1955.
En aquel foro, el cine patrio sufrió un cambio radical como frente común para reverdecer el cine español de la posguerra hacia soluciones e historias que parecían imposibles en una España antidemocrática que cambió la propaganda y el folklore por un cine más realista, diverso y moderno que abriría la veda a un nuevo estilo que fue dado en llamar ‘El nuevo Cine Español’ y que se nutrió de algunas de las intocables obras maestras de nuestra filmografía.
De ese ímpetu contestatario, junto a Luciano G. Egido Y manuel Bermejo filmó de forma artesanal ‘Imágenes para un retablo, pasando por sus cortometrajes dentro del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC) ‘El descanso’, ‘El parque’ o ‘Tarde de domingo’ para moldear una básica pieza necesaria para entender el cine español desde aquella permuta intencional: ‘Nueve cartas a Berta’.
Rodada en 1965, supuso un debut prodigioso que fue mal vista por la censura. A pesar de ello, supuso una revolución generacional que exploraba los gritos de libertad silenciados por una época restrictiva y autoritaria. La insubordinación silente de un joven estudiante compartía, a su vez, protagonismo con la ciudad charra, como una hermosa epístola a sus calles y rincones, a su Plaza Mayor, a su Universidad… y a su gente.
Nunca se separó de esa condición de inconformista y renunció al cine comercial para desarrollar su trabajo posterior sin verse condicionado por la opresión franquista y entendiendo su discurso desde la marginalidad de una voz independiente y fiel a sí misma. ‘Del amor y otras soledades’, ‘Los paraísos perdidos’, ‘Madrid’, ‘La seducción del Caos’ u ‘Octavia’ siguieron esa fórmula ‘outsider’ que perpetuó de forma vehemente en sus documentales, piezas reivindicativas que, por supuesto, lucharon contra viento y marea contra el sector más crítico y duro con las nuevas formas de cine; ‘Canciones para después de una guerra’, ‘Queridísimos verdugos’, ‘Caudillo’, ‘Kompostela, kapital Bravú, o su último trabajo ‘Libre te quiero’ centrados en el movimiento del 15M acontecido en 2011 depositaron una mirada minuciosa y original en varios aspectos socioculturales desde una postura sin cortapisas, con expresión propia y testimonial vinculada a la disidencia desde el respeto, exponiendo un pasado y un presente como reflexión contemporánea necesaria para comprender nuestra Historia.
Con él se va una forma romántica de hacer cine, pero también un estudioso de la técnica cinematográfica, coleccionista de cámaras y dispositivos de todas las épocas como un innovador que abrió nuevos caminos hasta que una larga y degenerativa enfermedad le apartó del oficio. Basilio Martín Patino es una figura primordial al que la industria no ha reverenciado lo suficiente.
A él nunca le importó. Su honestidad y falsa modestia le hacían un realizador valiente e inapreciable pese a cualquier obstáculo. Su complejidad, hondura y perspicacia son elementos inherentes a su obra. Y eso queda como legado de uno de los intelectuales más avanzados a su tiempo que ha tenido nuestro cine.
D.E.P.

También te puede gustar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. Más información. ACEPTAR

Aviso de cookies
UN MUNDO DESDE EL ABISMO