Arthur Miller, uno de los irrepetibles hombres del S. XX

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
(1915-2005)
Como su viajante Willy Loman, Arthur Miller ha muerto. Y como en su novela más aclamada, todo un símbolo del fin del sueño americano.
Recuerdo la primera vez que leí ‘Las brujas de Salem’, con sus pesquisas subversivas e interrogatorios inquisitoriales. No logro recordar cuántos años tenía. Pero yo por entonces estaba más interesado en el cine y en los cómics. Sin embargo, descubrí a un autor capaz de demostrar hasta qué punto podía llegar la perfección intencional, la inobediencia y transgresión llevada a los extremos de un alegato contra la ofuscación común y la hipocresía pluralista (en este caso, la anticomunista, pero también la religiosa). Un despiadado ataque al Comité de Actividades Antiamericanas del Senado que implantó unos poderes represivos llevados a la práctica por el senador Joseph McCarthy. Era una insurrecta y agitadora crítica a la intransigencia del odio hacia un elemento como era la URSS de entonces, pero que puede prolongarse a cualquier otro, incluso en la actualidad. Desde entonces, pocos autores han dejado tan claro su posicionamiento ideológico a la hora de criticar todo aquello que nos rodea, siempre comprometido con la sociedad, desde el conflicto del ser humano y el espíritu analista.
Al igual que Ibsen, en sus propósitos naturalistas, Miller nunca fue como Norman Mailer o J.D. Salinger, tampoco como Truman Capote y la generación perdida de Faulkner, Hemingway, Steinbeck y John Dos Passos. Pero a ellos se le entronca una característica común; la de reflexionar y enjuiciar uno de los mecanismos sociales que no se ha podido superar con el paso de los años: la intolerancia.
Antibelicista y especulativo con el ser humano, su literatura estaba cargada de una efectiva tendencia a mostrar las contradicciones sociales a través de la familia, del hombre cotidiano, sin alejarse en ningún momento de una perspectiva realista de la vida y de la sociedad. ‘Focus’, ‘Todos eran mis hijos’, ‘Después de la caída’, ‘Panorama desde el puente’ , ‘El precio’ y, sobre todo, ‘Muerte de un viajante’, fueron parte de un legado de una época de vencimiento de los malos tiempos, vistos desde el aislamiento y la desamparo, del ascetismo y los infortunios sobre los que también escribieron Tennessee Williams y Carson McCullers. Como su tríptico ‘Sexus’, ‘Plexus’ y ‘Nexus’, una literatura tan reflexiva y profunda como descorazonada, entristecida y lánguida. Como la que representa Willy Loman, su icono literario más reconocible. Atacó enérgicamente todo aquello que llevara hacia el sectarismo y exacerbación de falsas morales e ideologías, defendió siempre la libertad de expresión con notable repercusión pública por su intenso activismo político y social.
Y sí, amigos, fue uno de los hombres más envidiado del mundo cuando, en 1956, se casó con Marilyn Monroe y se divorcio en 1961, un año antes de la muerte de la actriz.
Se ha ido, por tanto, una de las figuras más importantes del S.XX.

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