El Archivo Histórico y los 80.000 salmantinos

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
A veces una imagen vale más de mil palabras. En un tiempo no muy lejano me vi en la inexcusable tesitura de escribir acerca del polémico archivo de Salamanca y su controversia con el gobierno catalán. Por supuesto que es sólo una opinión subjetiva, como las de cada uno de aquéllos que se interesan por un tema y, analizando y contrastando, llega a su propia conclusión. Bien, pasado un tiempo tengo que reconocer que estoy cansado del manejo político de este asunto, de la instrumentalización gubernamental de un tema, nimio en el fondo, que se ha trancendentalizado hasta el paroxismo del ridículo, dando como consecuencia la divulgación de una errónea idea regionalista derivada del populachero discurso acogido con fervor por pueblo salmantino, que ha demostrado una vez más su ignorancia y sumisión al manejo de un fulano que bien podría dejar de darle magnitud a vanos politiqueos para centrarse en temas mucho más importantes que si se llevan el Archivo Histórico a Cataluña o no.
Me siento ultrajado por hechos como el de ayer, planteados por un alcalde fomentador de odio entre regiones, manipulando opiniones, transformando postulados culturales en falsedades beneficiosas en su estrato más partidista. Me jode ver a un escritor déspota como lo es Alfonso Ussía profanando con su desfachatez fascista nuestra ciudad y su simbología cultural dentro del mundo. Me duele que en el lugar donde vivo haya tanto. Más vale que nos paráramos a reflexionar sobre la importancia de aspectos más trascendentes que el que actualmente importa en esta universitaria ciudad. Una de las hermosas del mundo. Estoy cansado del tema, por eso propongo una manifestación contra las manifestaciones.
En este sentido, estoy muy de acuerdo con las controvertidas declaraciones del periodista Lorenzo Milá antes este hecho:
«Que en el PP han descubierto lo que otros partidos, sobre todo la ilegalizada Herri Batasuna, practica desde hace mucho tiempo: autobús y bocadillo para todos de forma que en cada convocatoria, aunque no sea relevante, están todos y hacen mucho ruido. A mi siempre me parece muy bien que la gente diga lo que quiera, siempre que mantenga las reglas del respeto personal. Y los partidos igual. Es muy sano».

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