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Un 1 de mayo de 1983, el Athletic Club dirigido por Javier Clemente levantaba el penúltimo título de liga antes del mítico doblete de la temporada posterior que, a la postre, sería el último triunfo liguero del conjunto rojiblanco. Aquel Athletic concretó la gesta épica de los zurigorri en una tarde que será recordada por todos los aficionados al fútbol. El partido decisivo se jugó el 1 de mayo 1983, en una caldeada tarde en el Estadio Insular de Las Palmas. Mientras, el Real Madrid de Di Stéfano se veía con el título en el bolsillo, ya que un empata sellaría su liga pasara lo que pasara en el campo isleño. Lo tenía todo a favor y, a pesar, de que el estadio Luis Casanova era una olla a presión, los madridistas se preveían muy superiores.
Clemente y sus leones tenían la misión de obrar el milagro, de hacer lo imposible y remontar el punto de desventaja que les separaba del Real Madrid. Aquel once salió al césped con la ilusión de hacer historia, pero también con la sensatez de no descuidar la defensa. Zubizarreta en la portería; Urkiaga, Liceranzu, Núñez y De la Fuente en la defensa; Sola, De Andrés, Urtubi y Sarabia en el centro del campo; y Dani y Argote como punta de ataque. Los primeros minutos fueron de clara potestad del Athletic, que buscó el gol con insistencia y criterio desde el pitido inicial decretado por Joaquín Ramos Marcos. Sin embargo, en un giro inesperado del destino, Las Palmas se adelantó en el marcador en el minuto 3, por culpa de un infausto gol en propia puerta de De Andrés, tras un centro desde la derecha. El tanto cayó un jarro de agua fría para los visitantes, que vieron cómo se complicaban las expectativas de conseguir el sueño liguero.

El partido fue una exhibición de fútbol, de aquella garra y coraje de un fútbol perdidos en los fastos. Aquel fútbol auténtico, romántico, competitivo y menos previsible que el actual, seguido por hordas de aficionados fieles y apasionados, que vivían los partidos con más intensidad y menos distracciones. Lejos de venirse abajo, los leones reaccionaron con acometida y acertaron al empatar el partido en el minuto 12, por medio de Sarabia, que remató un pase de Dani desde la izquierda. El empate espoleó a un Athletic dominante, que siguió atacando con determinación y calidad. Las Palmas se defendió como pudo y trató de contener las oportunidades generadas por los de bizkaia. Sobre el campo, se desplegó un juego lúcido, con hallazgos de calidad que transformaron al Athletic en una apisonadora. Y el 1-2 llegó irremediablemente en el minuto 40, gracias a un golazo de Dani tras una jugada personal del gran capitán, que se deshizo de dos defensas y batió al portero canario con un disparo cruzado.

El 1-2 se antojaba un resultado corto para el Athletic, que había merecido más goles en la primera parte. Los rojiblancos se fueron al descanso con la esperanza de mantener la ventaja y de recibir buenas noticias desde Valencia, donde llegaron las mejores noticias posibles. Pese a la numantina defensa merengue y la dificultad de los chés para frenar al Real Madrid, en un saque de esquina rematado a dos tiempos, primero por Manuel Botubot que dio el pase a Tendillo para perforar la portería de Agustín entre la sólida defensa blanca. El comienzo de la tragedia parecía vislumbrase en el horizonte alicantino. Mientras, en Canarias, Clemente no movió el banquillo y mantuvo el mismo bloque. El Athletic salió a sentenciar el partido. No se podía permitir el lujo de fallar por si la suerte se ponía de su lado.
En el minuto 57, llegó el tercer gol del Athletic, de nuevo obra de Sarabia, que volvió a rematar un pase de Dani desde el flanco izquierdo. Apenas un cuarto de hora después, el mazazo vino provocado por el cuarto de la tarde, con un balón rechazado a disparo de Urtubi que aprovechó Argote para mandar al fondo de las mallas. Desde ese instante, Las Palmas de José Manuel León se vinieron abajo y quedaron como meros espectadores del dominio absoluto de los rojiblancos.
Con el 1-4 ya sólo quedaba dilucidar el resultado final en Valencia, cuyo estadio iba encendiéndose como una olla a presión según se cernían el final del partido. Al rojo vivo, la tensión llegó a las gradas, donde ambas aficiones se enzarzaban y provocaban. El travesaño se cruzó en el camino de la gloria en un remate de Metgod, un posible y discutido penalty a Juanito que el colegiado Jiménez Madrid sacó fuera del área y un remate de Santillana que despejó Bermell de milagro fueron las oportunidades perdidas de un equipo que se volcó chocando una y otra vez en el muro valenciano. Las dudas llegaban a través de las noticias cruzadas de transistores. El Athletic, eufórico y mirando la hora, anotó el quinto y último gol con una gran jugada colectiva con un disparo desde fuera del área que culminó Urtubi.
El pitido final del árbitro desató la locura y la euforia entre los jugadores y los aficionados rojiblancos con la noticia del 1-0 desde el Luis Casanova, que invadieron el campo para abrazar a sus héroes y corear el “Athletic Txapeldun”. El Athletic se proclamó campeón de liga con un punto de ventaja sobre el Real Madrid y, en Valencia, se anticiparon Las Fallas porque su equipo había mantenido la categoría in extremis con Koldo Aguirre como héroe que les salvó del descenso y villano en Madrid por haber privado a los blancos de una liga que todos daban por ganada.

Tras 27 años, el triunfo histórico para el Athletic suponía su séptimo título de liga con una goleada memorable. Fue el premio a una temporada espectacular, en la que el equipo vasco deslumbró con su fútbol ofensivo, su entrega y su fidelidad a esa filosofía basada en la cantera. El Athletic se coronó como el mejor equipo de España y escribió una página de oro en su Historia. Dos días después, el 3 de mayo de 1983, llegó a Bilbao por la Ría, montada en la gabarra para celebrar con su pueblo la hazaña y celebrar una recompensa tan grande como el trofeo que se alzaba al final del camino. Antes, los sueños imposibles también se cumplían.
Tal día como hoy, hace 40 años, el Athletic Club de Bilbao hizo historia y toca acordarse de todos y cada uno de ellos; Andoni Zubizarreta, Santi Urkiaga, Iñigo Liceranzu, Luis de la Fuente, José Mari Núñez, Miguel Sola, Miguel de Andrés, Isma Urtubi, Dani, Manu Sarabia y Estanis Argote. Aunque también jugaron Txema Noriega y Julio Salinas. Sin olvidar el banquillo compuesto por Andoni Cedrún y Patxi Salinas; Carlos Meléndez, Patxi Bolaños, Agustín Gisasola, Andoni Goikoetxea, Óscar Vivanco, Teo Rastrojo, Juanjo Elgezabal, Txetxu Gallego, Ricardo Arrien y Fernando Tirapu, fallecido en 2018, que por sanción o por decisión técnica no estuvieron en la convocatoria de Clemente en Las Palmas.

Los que vivimos aquella tarde nunca podremos olvidarnos de la histórica carambola de una liga incierta y apasionante como pocas se recuerdan. Un histórico se salvó del descenso, un líder perdió un título histórico y el Athletic Club grabaría con letras de oro aquella etapa liderada por equipos vascos. Así de simple. Así de grande.