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Almodóvar y Banderas y su noche de gloria
Muchos se preguntaban si podría haber cabida para la sorpresa, pero lo cierto es que desde que se abrió el camino de estos premios con más de tres décadas a sus espaldas, ‘Dolor y Gloria’, de Pedro Almodóvar partía como la gran favorita sin apenas opciones para sus contrincantes. Y este año no era para menos, ya que la cinta del manchego ha concentrado todas las miradas y críticas positivas para ser designadas como la gran película española del año. Fue un guión sin sorpresas. Por tercera vez, los premios se entregaron fuera de su habitual escenario. Algo que se está convirtiendo en una tónica habitual de aquí en adelante, lo que supone un incentivo para que el cine español tenga presencia en otras capitales de España más allá de su capital. Si el año pasado la ceremonia de entrega de los Goya tuvieron lugar en Sevilla, este año la gran fiesta del Cine Español acaeció en Málaga, en el Palacio de Deportes José María Martín Carpena.

Después de un pequeño ‘gag’ con Jesús Vidal y de la música de Rayden y Ana Mena, Andreu Buenafuente y Silvia Abril aparecieron en el escenario repitiendo por segundo año consecutivo como anfitriones de la gala. En líneas generales no estuvieron mal. Tampoco a la altura de la efectividad del pasado año, pero manteniendo un nivel de comicidad sin mucha complicación, lanzando algún dardo crítico, con sorna, pero con comedimiento, suavizando la carga política de la gala y con la experiencia como un grado que dotó a sus apariciones de un ritmo adecuado. Digamos que hasta pasaron desapercibidos. Noes bueno ni malo. Simplemente cumplieron con su cometido con elegante discreción.
Algo que no sucedió con los premiados y sus agradecimientos. Así como en el total de una gala desprovista de emoción, sorpresas y lo que es peor, diligencia. Después del inicio con un homenaje a los géneros y películas de la Historia del Cine Español, el matrimonio de humoristas, bajo un discurso ágil, arremetieron contra la ultraderecha y alguna jactancia al presidente de la Comunidad de Madrid y su sonada alusión al Amazonas y Nôtre Dame sobre el fuego que habita en una de las cintas nominadas. Los juegos de palabras en frases que contenían títulos de obras de Almodóvar y Amenábar estuvieron muy bien, con ese final mostrando tanga y algo de carne. Así su tarea de conducir esta gala se saldó de un modo correcto. Muy mal tiene que hacerlo este matrimonio para lo contrario.

Anna Castillo y Eva Llorach fueron las encargadas de entregar el Goya la mejor actriz revelación por ‘O que Arde’ para Benedicta Sánchez que, con 84 años, se convierte en la actriz más longeva en obtener un premio de esta índole. Su discurso no veía fin, entre el nerviosismo de una mujer poco acostumbrada a estos saraos y el énfasis del agradecimiento colectivo y personal, fue la tónica seguida por los que recibieron Goya. Una cosa es la falta de respeto de esa música que corta los discursos y otra es la exacerbación de la gratitud interminable. Jesús Vidal abrió esta gala simulando seguir agradeciendo el premio de la anterior edición. Un toque de humor que se constató en otro menos divertido y que fue la directriz impuesta por los galardonados.
La veda de premios para ‘Mientras dure la Guerra’ se inauguró en la categoría de mejor dirección artística para Juan Pedro de Gaspar, pero seguidamente la pugna era igualada por la gran favorita, con la veterana y mítica Teresa Font, que subió a recoger el de mejor montaje por ‘Dolor y Gloria’.

Después de la actuación de Pablo Alborán, que tampoco ayudó a darle ritmo a la ceremonia, Javier Ruibal fue designado como mejor compositor por la banda sonora de ‘Intemperie’ denunciando el tema que trata la película de Benito Zambrano, los abusos a menores y las tiranías que destruyen las infancias. Como si fuera algo habitual, de nuevo el tándem creativo con Almodóvar proporcionó otra Goya (y van once) a Alberto Iglesias por ‘Dolor y Gloria’. Bob Pop y la exministra de Cultura y expresidenta de la Academia Ángeles González-Sinde entregaron los relativos a guión; el adaptado a Benito Zambrano, Daniel Remón y Pablo Remón por ‘Intemperie’ y el original a Pedro Almodóvar por ‘Dolor y Gloria’. Pasada una hora de la noche, el palmarés iba orientándose hacia el flanco de la productora El Deseo.
Silvia Abril reivindicó con humor a las actrices de más de cuarenta años con un vestuario de superheroína para que el robaescenas de ‘A quien hierro mata’, Enric Auquer, liara otro de esos enfrentamientos ideológicos en las redes sociales al concluir su discurso con un alegre: “Gracias a todas las antifascistas ¡Aúpa ahí!”. Y se quedó tan contento. Su interpretación en la cinta de Paco Plaza ha sido de lo más destacado de este curso cinematográfico. Después del Goya a la fotografía naturalista que emplea Mauro Herce por ‘O que arde’ y el mejor sonido Iñaki Díez, Alazne Ameztoy, Nacho Royo-Villanova y el mítico Xanti Salvador (que mezcló el sonido del cortometraje ‘3665’) por ‘La Trinchera Infinita’, las largas alocuciones parecían duraderas epístolas muy aprovechables para el escape al baño, para ir a por cerveza, como evasión o el simple hecho de mirar la hora.

El supuesto ‘gag’ del repartidor en bicicleta para darle a Pilar Castro el sobre que contenía el nombre del mejor actor de reparto también dejó la sensación de incredulidad en la platea. En cualquier caso, Eduard Fernández se llevó el premio por su potente caracterización como Millán-Astray en ‘Mientras dure la guerra’, de Alejandro Amenábar, que recogió el Goya en nombre del actor y agradeció de su parte con el móvil en mano para no perder ni una sola coma del discurso. Por su parte ‘El hoyo’, una de las sorpresas del año, obtenía el de efectos especiales con el equipo de Mario Campoy e Iñaki Madariaga a la cabeza.
El simulacro de Jorge Sanz, que explicó que le habían expulsado de la gala y no le dejaban entrar, entregó sin entrar en el plató del Carpena, en un momento de humor de la noche a medio camino entre la anécdota y la realidad, el Goya a la Mejor Dirección de Producción a Carla Pérez de Albéniz por ‘Mientras dure la guerra’, que igualaba en “cabezones” al film de Almodóvar. Mariano Barroso, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, se centró en la irrupción de las plataformas ‘streaming’ en el audiovisual y en su modelo cinematográfico contributivo al bienestar del sector.

El instante emotivo que sirve como ofrenda para recordar a todos aquellos miembros que componen la familia del cine español se produjo al abrigo de las notas del piano de Jamie Cullum, que interpretó ‘Endings are begginings’, de su disco ‘Taller’; Patxi Andión, Arturo Fernández, Asunción Balaguer, Paloma Cela, Analía Gadé, Diego Galán, Eduardo Gómez, Chicho Ibáñez-Serrador, Encarna Paso, Conrado San Martín, Camilo Sesto, Manuel Tejada fueron algunos de los muchos, muchísimos, homenajeados. Un clip de más de siete minutos. Algo que tampoco ayuda a la presteza. No es cuestión de olvidos. Se trata de sintetizar un poco.
Cuando todo parecía perdido en el sentido de guión y de orientar el cauce hacia la coherencia, los cortometrajistas, los mismos que quisieron ser separados para aligerar la gala, demostraron cómo y de qué forma hay que soltar un discurso, quedar bien con todos y en tiempo récord. Un ejemplo en todo término. En la categoría de cortometraje documental, Silvia Venegas se acordó de los inmigrantes y refugiados, a los que ha dedicado su trabajo ‘Nuestra vida como niños refugiados en Europa’, José Luis Quirós y Paco Sáez hicieron lo propio con ‘Madrid 2120’ como mejor corto de animación e Irene Moray, agradeció su Goya al mejor cortometraje de ficción por ‘Suc de sindria’ alzando la voz feminista con mucha clase y respeto.

Marisol y la noche de los intérpretes malagueños.
Controvertidos como presentadores de los Goya y adorados por legiones de fans, los extraordinarios Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla aparecieron haciendo una “momia fantástica” (la cara embadurnada de espuma de afeitar) para presentar el Goya al Mejor Maquillaje y Peluquería a las hermanas Ana y Belén López-Puigcerve junto a Nacho Díaz por ‘Mientras dure la Guerra’, que también acaparó el de Diseño de Vestuario para Sonia Grande.
Toni Acosta y Santiago Segura, pareja en la ficción de la película más taquillera del año ‘Padre no hay más que uno’, presentaron los Goyas a mejor película de animación, premio que logró ‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’, de Salvador Simó y basada en el cómic homónimo de Fermín Solís, que dejó fuera de los ganadores a ‘Klaus’, que ha sido nominada al Oscar parala alegría de Sergio Pablos, director y guionista de este debut en el género nacional para Netflix.

Si el año pasado la sensación musical fue Rosalía, la intención era que Amaia repitiera exitazo cantando la ‘Canción de Marisol’, en honor a Pepa Flores, Goya de Honor de esta edición. Digamos que le puso ganas, pero no fue lo mismo. Josefa Flores González, más conocida como Marisol o Pepa Flores, había anunciado que no asistiría a recoger su Goya, prevaleciendo constante su decisión de abandonar para siempre el mundo del espectáculo como así ha sido desde 1985. Tras un clip muy breve y soso para la impresionante carrera de la actriz, su hija celia Flores interpretó ‘Estando contigo’ para unirse a sus hermanas María Esteve y Tamara Gade con la presentación del ilustre Emilio Gutiérrez Cava, que les entregó el premio honorífico. La estripe de Marisol agradeció el reconocimiento: “Ha hecho feliz, aunque no se lo crea, a muchísimas personas a lo largo de su carrera. Querida mamá, desde ese lugar en calma que tanto te ha costado esta profesión te otorga este reconocimiento tan bonito. Querida Pepita, este Goya de Honor es para ti”, le dijeron.
Y todos con el corazón contento. Aunque aburrido, debido al tempo del show y al letargo de su desarrollo. Otra clásica de nuestro cine, Julieta Serrano, ganó el de Mejor Actriz de Reparto por interpretar a la madre ficticia de Almodóvar en ‘Dolor y Gloria’, una de las grandes y mejores aportaciones interpretativas del magnífico film del manchego. A sus 87 años, Serrano es una gran dama y levantó los aplausos de la platea con su humildad y dulzura.

La pareja de moda en el audiovisual patrio, Javi Cano y Javi Ambrossi “Los Javis”, entregaron el premio a Mejor Película Europea a ‘Los Miserables’, de Ladj Ly, la cinta francesa que también representará a los galos en los próximos Oscar. ‘Ara Malikian, una vida entre las cuerdas’, de Nata Moreno, obtuvo el de Mejor Película Documental. Como puntilla a tanto bochorno, una “espontánea” (en realidad la actriz Paula Meliveo) saltó al escenario con una pancarta que rezaba “Salvemos el planeta”. Los de seguridad saltaron en su busca y acabaron llevándose a “los Javis”… Se oyó una o, como, mucho dos carcajadas en el recinto.
Belén Funes se convertía en la mejor directora novel por ‘La hija de un ladrón’, rubricando su figura de cineasta con mucho futuro en una gran cosecha de películas dirigidas por mujeres. Algo que choca con el hecho de Funes ser la única mujer directora nominada de estos Goya. Fue cuando el escenario se llenó de talento y de grandes nombres de la talla de Maribel Verdú, Bárbara Lennie, Lora Navas y Laia Marull, todas ganadoras del siguiente Goya a entregar, el de mejor actriz principal: Belén Cuesta le ganó la partida a Penélope Cruz (‘Dolor y gloria’), Greta Fernández (‘La hija de un ladrón’) y Marta Nieto (‘Madre’) por su estupenda interpretación en ‘La trinchera infinita’. Su emoción fue doble al recibir este recogimiento en su casa, ya que ella es malagueña.

Uno de los momentos más destacados de estos Goya ha sido la entrega del Goya al mejor actor del año. No había muchas opciones para Antonio de la Torre (‘La trinchera infinita’), Luis Tosar (‘Quien a hierro mata’) o Karra Elejalde (‘Mientras dure la guerra’) ante el ciclón dramático de un Antonio Banderas que recogió su primer Goya como protagonista (en 2015 recibió el Goya Honorífico) por su imponente trabajo en ‘Dolor y Gloria’. Y ofreció uno de esos discursos memorables, convertido en leyenda también en su ciudad natal. Recordó su infarto hace tres años y ensalzó a Pedro Almodóvar, a cuya figura ha estado su carrera y es fundamental en la filmografía del actor. Tampoco olvidó a Julieta Serrano, que ha sido su madre ficticia en tres películas del cineasta. Bonitas palabras de un tipo al que todo el mundo admira y quiere. Banderas es muy grande.

Con la emoción todavía en el ambiente, no podía ser de otra forma que se prolongara la conquista de la velada por parte de ‘Dolor y gloria’. Y Almodóvar subió a por su Goya a mejor director (tercero en esta categoría, séptimo en su particular palmarés) de manos de Penélope Cruz y Ángela Molina. Sus palabras suponen un canto de amor al cine, desde la veracidad de esta obra autobiográfica en la que la enfermedad, los recuerdos, el cine en toda su dimensión y el futuro de este suscitó un largo y cálido aplauso para el director más universal, posiblemente, de la Historia de la cinematografía nacional. Y, por supuesto, no tuvo que ir muy lejos para regresar a por más, el último, el más importante.
La mejor película de 2019 era ‘Dolor y Gloria’. Por delante de Amenábar y su historia sobre los últimos días de Miguel de Unamuno, ‘La trinchera infinita’, ‘O que arde’ e ‘Intemperie’. Noche redonda para este clásico de nuestro cine. La función terminó actuación musical de Antonio Banderas y su compañía de baile, A Chorus Line. La cinta de Almodóvar se erigía como la triunfadora acaparando siete Goyas, por delante de los cinco de ‘Mientras dure la guerra’ y los dos que se llevaron ‘La trinchera infinita’, ‘Intemperie’ y ‘O que arde’.
LO MEJOR
– Antonio Banderas. Todo él.
– Una noche de reconocimiento eterno al gran Pedro Almodóvar. Y su desliz por destapar que Penélope Cruz será la presentadora el Oscar a la Mejor Película Internacional en la próxima ceremonia que se celebrará en Los Ángeles y en la que ‘Dolor y gloria’ está doblemente nominada.
– Javier Ruibal, ganador del Goya a mejor canción, echando un cante improvisado. Este tipo de cosas le dan soltura a la velada. Lástima que no siguiera más el ejemplo.
– El agradecimiento de los cortometrajistas.
– El discurso de Mariano Barroso, muy integrador, alejado de la política, sobre el cine, su futuro y la integración de las nuevas plataformas al medio.
– La emoción de Belén Cuesta.
– La normalidad con la que figuras de fuera del mundo del cine, como los ex deportistas de élite Carles Puyol y Ona Carbonell, han salido a entregar un premio.
– Poco acostumbrada a este escenario de premios y protocolos, la octogenaria Benedicta Sánchez preguntaba: “¿Me puedo ir ya?” al finalizar su atropellado y sincero discurso de agradecimiento.
LO PEOR
– Gente yendo y viniendo en el patio de butacas, pasando por delante de las cámaras de RTVE en un descuido de realización y coordinación de la gala que reincidió varias veces y pasó a ser uno de los hechos más comentados por los telespectadores.
– La realización y la pésima escenografía.
– El ‘gag’ WTF de la bicicleta.
– Lo descafeinado de una gala que se hizo eterna.
– Como viene siendo habitual, la falta de piezas o montajes de vídeo, de humor, de alegría…
– La crónica en directo mediante Twitter que realizó el diario El Mundo, con comentarios fuera de lugar, con apreciaciones que, sin sentido del humor, no fueron ni sarcásticas, ni ocurrentes, ni oportunas. Hay formas de hacer sátira y mofa, pero hay que tener clase. Y una cosa bien distinta es tomarse este sarao como divertimento y otra insultar sin reparos.
– El grito de ‘¡Estefanía…!’ antes de la lectura de la mención de la mejor actriz. Como chiste de patio de instituto igual funciona, pero aquí…
– Que Pepa Flores no acudiera en persona a recoger su premio enviando a sus tres hijas, María Esteve, Celia Flores y Tamara Gade, en su nombre. Sin embargo, por otra parte, obliga a la reverencia por la honestidad de aquella controvertida decisión de dejar el cine y el mundo del espectáculo para siempre.
– Que Antonio Resines no cantara un ‘rap’.
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