Athletic Club: Temporada 2016-2017

por Miguel Á. Refoyo "REFO"
El Athletic Club fue a la despedida del Vicente Calderón con la posibilidad de saldar una temporada irregular sellando su pase a la Europa League evitando la ronda previa clasificatoria que da acceso a ella. Pero claro, se trataba de decir adiós al templo del Atlético de Madrid desde hace más de medio siglo y era un hecho consabido que las cosas iban a estar complicadas.
El destino dictó no sólo que los de Valverde salieran escaldados en este último partido de la temporada, si no que la clasificación de los zurigorri, que se jugaba también en Balaídos, explotara como una patata caliente de aquellas del ‘Grand Prix’. Un gol de Hjulsager en el minuto 90 pareció dar la victoria al Celta de Vigo ante el eterno enemigo que clasificaba en la sexta plaza al Athletic. El objetivo, pese a lo visto, parecía un hecho reconfortante.
Pero ¡PUM! Estalló en la cara. Nadie contaba con ese gol de Juanmi Jiménez en el minuto 93 que encauzaba ‘in extremis’ el pase europeo a la Real Sociedad dependiendo sólo del resultado copero. Algo que debía pertenecer al Athletic, pero que se considera justo como lección didáctica. Era un justo castigo por el juego lamentable desplegado en el Calderón. Una decepción que se venía fraguando con aquélla derrota en Mendizorroza y el empate ante el Leganés que había provocado que si tuviera que efectuar esta compleja carambola para ganar al tercero de la liga.
El fútbol de Valverde mostró esa indolencia vista durante una campaña muy irregular. No se puede tildar de desastrosa, ya que si, como es previsible, el Barça le gana la Copa al Alavés, tendrá el premio de consolación de dos previas europeas en herencia a Ziganda, que será el nuevo míster del club tras la inminente marcha del “Txingurri”. Todo esto sin confirmación oficial, pero sí oficiosa. El 3-1 fue una fiesta que elevó a Fernando Torres a los altares de la idolatría india y corroboró cómo y de qué forma se las gastan los de Simeone. Juego especulativo, de contragolpe y dos hachazos en forma de gol. El repliegue fue inmediato y con la posesión del balón, el Athletic vio pasar el tiempo. Los otros dos goles, uno para cada equipo, tienen poca historia.
El duplo compuesto por Amorrortu y Urrutia no movieron mucha ficha para reforzar el equipo con algún fichaje de garantías y eso condicionó el estado físico de muchos jugadores, demostrando, como bien venía avisando Valverde, que la plantilla estaba justa para asumir las tres competiciones de la temporada. Y, por lo visto, así ha sido. Jugadores nuevos como Yeray y la irrupción de Kepa Arrizabalaga bajo palos, la consolidación de Iñaki Williams y las buenas sensaciones que han dejado los veteranos San José, Muniain, Raúl García y eterno Aduriz han sido una buena noticia, pero el bajo nivel de De Marcos, sobre todo de Laporte, Beñat y Mikel Rico han sido visibles en ciertos tramos de la competición. Por no hablar del descalabro de apuestas erráticas como las de Eraso, Etxeita, Lekue, Sabin Merino o Saborit.
Como en casi toda la “Era Valverde” este Athletic ha sido la misma moneda con dos caras bien diferentes; por un lado, la de un conjunto de choque, que sabe presionar y generar juego ganando espacios con empuje. Por otro, la ineficacia de la apatía y la mediocridad sin sentido, muy axiomático en sus viajes fuera de San Mamés. No es muy difícil percibir el juego de coacción y lucha con gran reflexión sobre el terreno de juego para dejar la sensación, incluso en el mismo partido, de ser un grupo que vagabundea por el césped, sin ideas, incapaces de sentenciar cómodas victorias y sin oler la portería contraria. Lo de la eliminación contra el APOEL de Nicosia es una dolorosa certeza de lo expuesto. Y en el futuro cercano queda pendiente la final de la Copa del Rey para disputar o no la Europa League el próximo año.
En cualquier caso, Valverde se va del Athletic Club sin que la grada le haya reconocido su trayectoria tras convertirse en el técnico rojiblanco con más partidos al frente del equipo. Nada menos que 306 partidos. Y ha sido así por esa falta de entendimiento y capacidad que se muestran desde los gabinetes de política exterior de un equipo que sigue con su mutismo y silencio en su despliegue de restricción informativa y social de puertas a fuera.
Tras su etapa comprendida entre 2003 y 2005, que se vio resquebrajada por los roces con Lamikiz, Valverde regresó a su club de toda la vida en 2013, una década después, para dar la tranquilidad al club después del vendaval Bielsa y, con un estilo más o menos ajustado al equipo, ganar una el único título del club en más de veinte años y ser finalista de Copa. Atrás deja los 289 partidos de Javier Clemente y los 235 partidos de Juan Urkizu (que fue técnico del Athletic durante ocho consecutivas allá por principios del siglo pasado).
Es el año de la despedida de Gorka Iraizoz, que dice adiós al conjunto bilbaíno después de diez temporadas defendiendo su portería y entregando el testigo a Kepa, que tiene pendiente la renovación con el club que, si no se cierra con premura, puede ocasionar algún que otro dolor de cabeza en Ibaigane. Otro aspecto es la lógica preocupación por la ausencia masiva de público en San Mamés o la cada vez más dada tendencia a abandonar el estadio minutos antes de que acabe el choque, tenga las trascendencia que tenga.
Se cierra así una temporada con el sinsabor de haberse clasificado por méritos propios para la previa europea, campaña con varios altibajos, con luces y sombras con un sabor descafeinado que deja un regusto muy agridulce a las pretensiones puestas en el equipo. Veremos el devenir continuista que a buen seguro aplicará Ángel “El Cuco” Ziganda a las riendas del equipo, con el objetivo de construir una nueva etapa que ilusione al aficionado. Lo tiene muy complicado.
Pero para hablar de ello, hay mucho tiempo por delante.

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