El día 1 de octubre de 2016 fue el punto final a un sueño, a una iniciativa que, un día perdido en la memoria de la intrahistoria, llegó a ser un territorio especial dentro de la blogoesfera. Un Mundo desde el Abismo echaba el cierre tras 4.409 días. O lo que es lo mismo, doce años y veintiséis días. Desde el 5 de septiembre de 2004, aquel blog creado desde la insensatez, la irresponsabilidad y la precipitación de un impulso atribuido a la necesidad de escribir, sucumbió al paso del tiempo y a la irrupción de cargas vitales ineludibles. Cerrar aquel capítulo tan importante en mi vida no fue simplemente un acto de madurez, fue perder gran parte de mi identidad e ilusión.
Aparqué la actividad laboral, los proyectos, toda mi vida anterior. Antepuse la familia y la paternidad a cualquier otra cosa. Además del proceso maravilloso de ver crecer a mi hijo cada día, también quedó un descenso a los infiernos de la soledad interior, incomprensión sin respuestas y alienación; un viaje al vacío que me enseñó a no desistir y a recuperar el aliento. Y eso, dentro de lo agridulce, ya es mucho. Durante una década de oscilaciones, la idea de resucitar el Abismo volvió una y otra vez. La propensión casi fanática a la escritura, a traducir mi inopinada subjetividad en palabras, fue ganando terreno a medida que la vida me devolvía poco a poco cierta libertad y un lugar en el que he encontrado el contexto ideal para escribir. Un Mundo desde el Abismo se inauguró en 2004 como un ejercicio de inconsciencia e irreflexión, como casi todo lo que he hecho en la vida. Fue un acto de fe cargado de planes que nunca se consumaron.
Cuando todo acabó, el mundo cambió y aquello dejó de ser interesante. La gente dejó de leer para abrirse una cuenta en las redes de moda en busca de followers que siguieran textos minúsculos frente a dos o tres mil palabras. La brevedad de caracteres resultaba más expeditiva. ¿Qué más daba la opinión de quien se dedica a esto si cualquiera podía escupir sus propias creencias? Ya no importaba la reflexión tanto como la interacción o el like. El mundo descubrió lo fácil que era crear un feedback urgente y efímero. El Ctrl+C+V y el retuit de noticias o fotos normalizaron el hecho instantáneo de publicar vidas, incluso sin nada que compartir. Comenzaron a aflorar creadores de contenido con muy poco que decir, con una sed de trascendencia pública que rozaba lo absurdo. Y se afianzó esa idea como meta. La escritura se banalizó, porque buena parte de las nuevas generaciones ya no se satisface desde el conocimiento o la cultura. Y, dentro de aquellas redes, proliferaron el odio, los enfrentamientos, el insulto sin argumento o el meme como fuente de información. La consumación del Apocalipsis que estamos viviendo sin darnos cuenta.
La resurrección como rebeldía
El Abismo emergió como voz propia en otra era digital, hoy obsoleta y achacosa. En la sombra de lo inédito seguí escribiendo durante años por el simple placer de no abandonar el hábito. Un Mundo desde el Abismo estuvo a punto de resucitar varias veces adaptado a las nuevas audiencias: Twitch, YouTube, un podcast… Todas esas fórmulas traicionaban la idea original: dar opinión propia sobre ocio, arte, diseño, cultura, deporte, cine, pero siempre desde la escritura. Soy de esos trasnochados que creen que lo clásico regresa siempre, cuando el ruido de lo nuevo ya se ha devorado a sí mismo. Puede que haya llegado ese momento. Quién sabe. Las fórmulas provisionales terminan por agotarse, y la novedad que promete enterrar a la anterior solo le presta el protagonismo, nunca le quita la autoridad. O así debería ser.
En estos tiempos procelosos, de ignominia, estupidez y odio, creo que es necesario volver a darle el turno a la palabra escrita. Un Mundo desde el Abismo resucita desde el anacronismo, pero sigue creyendo en aquellas cosas que permanecen ajenas a objetivos cuantitativos o de posicionamiento de contenidos segmentados en busca de patrocinios comerciales. No soy un puto creador de contenido. Que quede claro. Nunca lo he sido. Jamás he buscado seguidores, ni miles de visitas. Los creadores de contenido hablan sin pausa, su deseo es ser virales y rellenar espacios saturados de adulterado divertimento y aire. Son como esos vendedores de crecepelo de feria con otro escenario, oradores del Speakers’ Corner de Hyde Park, con su cajón de madera traído desde casa, que opinan de todo sin que nadie les pida saber de algo. Un blog es todo lo contrario. Alguien que se sienta, medita, escribe, corrige, le da varias veces a la tecla de backspace, se equivoca y, finalmente, firma algo que queda. Eso se está perdiendo en esta maldita modernidad que nos ha tocado vivir, en la que nos volvemos cada vez más indolentes y remisos ante el esfuerzo. Un blog nunca transmite improvisando a micrófono abierto con una cámara delante. El criterio se forja leyendo y observando durante años. Escribir obliga a decidir qué se cuenta, cómo se cuenta y qué se calla.
Por eso reabrir este blog no es un signo de nostalgia. Tan solo me entrego a la idea ridícula de regresar al único sitio donde las cosas permanecen como estaban antes. «Cuando miras al Abismo, el Abismo te devuelve la mirada». Fue la frase de Nietzsche, en su versión popular, extraída de Más allá del bien y del mal, la que dio título a este espacio. Casi un cuarto de siglo después sigo en el mismo lugar, mirando al precipicio sin atisbar un futuro concreto, al borde de un vacío vital sin muchas perspectivas. La diferencia es que descendí hasta el fondo para volver a la cima, y ahora entiendo de verdad el porqué del título que encabeza y seguirá encabezando cada entrada.
¿Diferencias? En esta nueva etapa no habrá calendarios ni cuotas. La locura de actualización de antaño dará un respiro entre entrada y entrada. O tal vez no, para conservar el carácter de impremeditación. Escribiré cuando haya algo que decir y con el tiempo que pida cada post. Un Mundo desde el Abismo fue, es y será mi refugio donde la escritura ocupa de nuevo el centro de los días, sin obligación de ningún tipo, solo por el placer de estar. Mientras tanto, la novela ubicada en los ochenta que llevo escribiendo desde hace tres décadas retomará su camino hacia el final, y los guiones que duermen en el archivo verán su oportunidad para narrar historias que necesitan ser contadas en cualquier formato. Dirigir cine ya no es prioridad ni un desafío. Quiero devorar libros, leer cómics, jugar a videojuegos, jugar a baloncesto, beber cerveza. Y, como meta, volver a disfrutar de la única cosa que sé hacer: que es imaginar y escribir.
Un Mundo desde el Abismo hoy regresa como continuación y legado, como si el científico Víctor Frankenstein insuflara vida a su criatura. Llevo trabajando en esto desde noviembre del año pasado, escribiendo y editando muchos textos acumulados durante una década que hoy se dejan leer por primera vez.
Ha llegado la hora. El Abismo está de vuelta, amigos.
Bienvenidos los que alguna vez os asomasteis, y los que os acercáis por primera vez.
Ahora todo esto es vuestro de nuevo.
ILUSTRACIÓN: Luis G. Fulton © 2026




5 comentarios
Ánimo y suerte!!!
Gracias, bro.
Tremendo mákina. Bienvenido de vuelta.
Muchas gracias, Brito!
Hola Refo, yo es la primera vez que entro en tu blog, no lo conocía.
Te deseo suerte en tu nueva etapa 🙂