(1932-2017)
Gregorio Esteban Sánchez, el magnánimo Chiquito de la Calzada, se ha ido para siempre. Y lo hace dejando un gran vacío y una enorme tristeza en un país tan carente de genios tan genuinos como él. Ha sido uno de los grandes nombres del humor y un personaje revolucionario dentro de la historia contemporánea de España. El hombre entrañable y cercano que supo crear, desde la improvisación, un humor diferente y revolucionario capaz de atrapar a varias generaciones enamoradas de aquel hombrecillo nervioso y con desparpajo que se erigió como el gran superhéroe de los chistes.
Sus movimientos de manos, sus saltos y sacudidas con el pie acompañarán la efigie que utilizó un sentido propio del lenguaje onomatopéyico y la expresión corporal como instrumento liberador e transformador de un humor mayúsculo, sólo al alcance de unos pocos elegidos.
Medio siglo trabajando como palmero con los más grandes del flamenco y cantaor en el Japón de los 70 para triunfar en 1994 con la sencillez del genio humilde en un programa que parecía tener un título hecho a medida para él: Genio y figura. El resto, es historia conocida por todos los que hoy lloramos su muerte y disfrutamos de su talento y repetimos los giros lingüísticos hasta la extenuación.
Cada vez que fallece un humorista, el mundo se vuelve más triste y gris. En los tiempos que corren es muy mala noticia. Esta pérdida nos deja huérfanos de un genio revelador e insustituible. Estés donde estés, a buen seguro que, con tu Pepita del alma, recibe nuestra reverencia y… ¡Hasta luego Lucas!


