El capitalismo neoliberal ha logrado destruir no sólo la estabilidad del mundo, sino que ha posicionado a la humanidad en una encrucijada de lodo sin salida: el capital o la vida. No es ajeno el mundo del hampa. El fantasma de la crisis, de las palabras rimbombantes de los políticos, vacías de contenido y valor, sobrevuelan el éter enrarecido de un filme que propone ese submundo también envenenado por la desconfianza y los malos tiempos.
No hay diferencias entre el primer mundo, el que ahora mismo se deshace por la ineptitud de unos ladrones monopolistas y esa cloaca infecta que representa el universo de mafiosos de baja estofa y pequeños ladrones necesitados de subsistencia. La equivalencia no podía ser más clara. El estado es una mierda con pólvora en su interior que ha volado por los aires y ha salpicado a todo el mundo, menos a aquellos que detentan el poder.
Andrew Dominik renueva el noir con Mátalos suavemente, adaptación de Cogan’s Trade, de George V. Higgins, indagando en la herida de esa crisis a través de un cine de largos diálogos, de chanchullos y ajustes de cuentas, con un lento proceder en una cazería pausada, empleando una visualización poliédrica a la hora de seguir los preceptos literarios, entrelazando conversaciones que poco que ver con la trama con otras cardinales en el seguimiento de sus personajes y destinos.
Su estilo de slow-motions en un espléndido e inolvidable tiroteo de belleza sangrienta, la sensación de viaje heroinómano minuciosamente rítmica en un instante crucial del filme y su violencia física y verbal se intercalan con esos ecos políticos en las voces de George W. Bush, Henry Paulson, John McCain y Barack Obama que atribuyen su resonancia ética sobre el putrefacto mundo actual en el que vivimos, no sólo el inframundo criminal que recorre el filme, si no todos nosotros. Los mandos de poder vendrían a ser un ente tan indeterminado y ambiguo como esos mercados colapsados. Y Jackie Cogan (Brad Pitt), un cazador nihilista un tecnócrata que mira por sus bienes.
Las promesas no se cristalizan en soluciones. La culpa desaparece cuando se trata de defender los intereses. Una soberbia comedia negra que no margina otros géneros con los que define su existencia, resuelve sus propósitos en uno de los mejores finales que se recuerdan. Cuando Cogan reclama lo suyo a ese misterioso intermediario de los grandes capos (Richard Jenkins) e intenta escamotearle dinero aludiendo a un cambio de plan por la muerte de otro de los implicados cuando en la televisión a Obama se le escucha decir:
“Reivindicar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental: Que entre muchos somos uno”.
A continuación, Mátalos suavemente, cierra de forma fría y sin miramientos con sublime diálogo que exhorta manifiestamente que América, y por extensión de consecuencias económicas todo el mundo, ha sido y es un país de ladrones y tramposos fiscales donde cada hombre sólo actúa para sí mismo.




1 comentario
Andrew Dominik nos ofrece en 'Mátalos suavemente' un thriller intenso, con ritmo, repleto de escenas vibrantes y diálogos frescos, con humor y drama, una película de factura clásica pero que debe gran parte de sus hallazgos a contemporáneos como Tarantino o Michael Mann. La escena entre Brad Pitt y Tony Soprano, James Gandolfini, es soberbia. No es una obra maestra pero defraudará a pocos. Un saludo!!!